No al saqueo tributario

El plan fiscal de los republicanos no sólo es un plan para hacer a los ricos más ricos, sino además una arremetida neoliberal para imponer niveles de vida más bajos.

Clockwise from left: Donald Trump, Paul Ryan and Mitch McConnell

AUNQUE SABÍAMOS que el saqueo vendría, la escala de los recortes de impuestos que Trump planea, y las desvergonzadas mentiras con que los justifica, son escalofriantes.

Mientras Puerto Rico sobrelleva una enorme catástrofe, ignorado por un gobierno federal indiferente; mientras el cambio climático asegura más tragedias en el futuro; mientras la infraestructura se desmorona; mientras el quebrado sistema de salud causa más miseria; y mientras uno de cada cinco niños en Estados Unidos vive en familias que caen bajo el nivel de la pobreza; Donald Trump y el Partido Republicano concentran su esfuerzo en lo que realmente les importa: hacer más ricos a los ricos.

La reforma tributaria que Trump propone costará unos 2.4 billones de dólares en 10 años.

Los "estadounidenses de trabajo", como Trump dice, se beneficiarían con un recorte tributario anual de no más que algunos cientos de dólares, según un informe del Centro de Política Tributaria (Tax Policy Center). Mientras tanto, el 0,1 por ciento de los contribuyentes más ricos embolsaría un millón de dólares, adicionales, al año.

Después de fracasar en "revocar y reemplazar" Obamacare y de ni siquiera trabajar en otras promesas electorales, como la inversión en infraestructura, Trump y los republicanos priorizan la única cosa en la que están de acuerdo.

"¿Por qué estoy aquí?" dijo Gary Cohn, ex-banquero de Goldman Sachs y ahora jefe del Consejo Económico Nacional de Trump, en una rueda de prensa de la Casa Blanca. "Estoy aquí sólo por esta razón. Piense acerca de la oportunidad en la que estoy involucrado con el Presidente Trump, poder reescribir el código tributario... Esta es una oportunidad única en la vida, y por nada me la perdería".

¿Lograrán este super-robo? Por ahora, los republicanos están unidos frente a la "oposición" del Partido Demócrata, aun aterrorizado de aparecer apoyando impuestos más altos sobre cualquier persona, incluyendo a los ricos.

Pero la propuesta del Partido Republicano es muy impopular. Según un nuevo sondeo de Washington Post-ABC News, el 65 por ciento de los estadounidenses dice que las corporaciones pagan muy pocos impuestos, sólo el 11 por ciento dice que pagan demasiado, y el 62 por ciento se opone a reducir los impuestos para las personas con los ingresos más altos.

Si una oposición de base, como la que surgió en contra de Trumpcare a principios de este año, se moviliza exponiendo cómo el plan fiscal republicano causará recortes masivos en populares programas como Medicare, incrementado el déficit en hasta 5 billones de dólares en los próximos 10 años, este monstruoso plan de Trump podría, bajo presión, romperse y caer.

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NO SON sólo los habituales lectores de esta editorial los que no necesitan persuasión. Incluso antes del anuncio de Trump, la mayoría de la gente ya estaba convencida de que el plan tributario de los republicanos sólo beneficiaría a los ricos, según la encuesta Post -ABC News.

Pero para que conste, aquí están los números.

Un análisis realizado por el no-partidista Centro de Política Tributaria encontró que el 1 por ciento más rico de los contribuyentes obtendría la mitad de los todos los recortes.

El ingreso después de impuestos del 1 por ciento más alto, que ya supera los $730.000 al año, crecería un promedio de 8.5 por ciento. Por el contrario, el ingreso después de impuestos del 95 por ciento más bajo de los contribuyentes aumentaría sólo entre 0,5 y 1,2 por ciento, y para 2027, una de cada cuatro familias de ingresos medios pagaría más impuestos.

Trump tuvo el descaro de afirmar que la propuesta fiscal republicana "no es buena para mí, créame".

¡Mentiroso! Según un análisis realizado por el New York Times de la declaración de impuestos de Trump de 2005, filtrada a principios de este año, Trump está posado para ganar decenas de millones por concepto de diversas medidas, como la derogación del impuesto mínimo alternativo. Pero la verdadera ganancia será para sus babosos hijos e hijas, si los republicanos realizan su preciado objetivo de derogar el impuesto a la propiedad.

Sólo uno de cada 500 propiedades está sujeta a impuestos porque las que valen menos de $5,49 millones están exentas. Obviamente, nadie más que los multimillonarios se beneficiarían de la derogación del impuesto sobre el patrimonio, pero eso no impidió que Trump falsamente afirmara que los republicanos quieren "proteger a millones de pequeños negocios y al granjero estadounidense".

Resulta que Trump erró por "millones" menos 80. El Centro de Política Tributaria estima que sólo 5.460 propiedades son lo suficientemente grandes como para pagar impuestos en 2017, y de esas, alrededor de 80 son "granjas o pequeñas empresas".

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LA OTRA prioridad de la propuesta Trump, además de los recortes fiscales a los súper ricos, son los incentivos fiscales a las empresas, predominantemente propiedad de los super ricos.

En este respecto, la principal disposición es una reducción de la tasa de impuestos sobre la renta corporativa del 35 al 20 por ciento, lo que supuestamente sería balanceado cerrando resquicios fiscales y limitando ciertas deducciones. Pero los republicanos preparan otros regalos para las corporaciones, incluyendo un plan, aún no especificado, para dar un feriado fiscal para la "repatriación" de las grandes sumas de dinero que las empresas estadounidenses han timado al sistema tributario manteniéndolas en el extranjero.

Trump usó una retórica familiar para justificar dar una mano a algunas de las corporaciones más poderosas del mundo. "Los grandes ganadores", Trump dijo en Indianápolis, "serán los trabajadores estadounidenses cuando los empleos comiencen a retornar a nuestro país, así como las empresas comienzan a competir por la mano de obra estadounidense y los salarios comienzan a subir a niveles que no han sido vistos en muchos años".

En otras palabras, los recortes de impuestos en la cima "se derramarán" sobre los trabajadores abajo. Este es el mismo gatazo que George Bush, padre--en campaña contra Ronald Reagan--llamó la "economía vudú", que presidió el primer gran saqueo de las arcas nacionales, vía recortes tributarios, de la era neoliberal.

Ahora tenemos décadas de evidencia para probar que Bush tuvo razón por una vez en su vida. La inversión empresarial a largo plazo ha caído en toda la economía desde 1980; durante el mismo exacto período en que la tasa efectiva del impuesto a la renta también cayó, mientras el provecho corporativo alcanzó históricos máximos.

En lugar de crear nuevos puestos de trabajo, o un aún menos probable aumento salarial, un nuevo recorte fiscal empresarial será seguramente usado en los ardides favoritos de las corporaciones: acaparar reservas en efectivo para pagar dividendos a los accionistas, o para fortalecer el precio de las acciones bursátiles, recomprándolas.

El nacionalismo económico de Trump adorna su versión de una "economía vudú": Él afirma que las corporaciones estadounidenses no crean empleos porque pierden competitividad al tener que pagar impuestos más altos.

Pero la evidencia tampoco apoya esto. Según el Departamento del Tesoro, después de créditos y deducciones fiscales, las empresas estadounidenses pagan impuestos a la misma tasa efectiva que las empresas de otros países.

¿No competitivas? A la hora de la verdad, las ganancias post-tributarias de las corporaciones estadounidenses son más altas que nunca, ingiriendo casi la mitad de todas las ganancias de la economía global, a pesar de que la economía estadounidense sólo representa una quinta parte de la mundial, como señala el economista liberal Robert Reich.

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HAY OTRA manera en que el "derrame económico" ayuda a la elite estadounidense a salirse con su esquema de Robin Hood en reversa: pretenden que los recortes de impuestos estimularán la economía evitando que el déficit público aumente. Luego, cuando el déficit inevitablemente se dispara, lo usan como excusa para hacer profundos recortes al gasto social en cada programa que no sirva a los ricos y poderosos.

La patronal gana diestra y siniestra: una bonanza de miles de millones de dólares en exenciones fiscales, aquí y ahora, y la justificación para hacer que el pueblo obrero pague cuando la factura venza.

En 1978, Alan Greenspan, fanático del libre mercado y futuro presidente de la Reserva Federal, lo puso claramente en su testimonio ante el Congreso: "Recordemos que el propósito básico de cualquier plan para recortar impuestos, en el contexto de hoy, es reducir el impulso del crecimiento del gasto, restringiendo la cantidad de ingresos disponibles y confiando en que hay un límite político al gasto deficitario".

Así que Trump y los republicanos pueden quejarse del déficit frente a las cámaras, pero están listos para usarlo como un arma para reducir aún más al gasto público.

Las masivas dádivas tributarias para los ricos durante las administraciones de Reagan y Bush Jr. están entre las principales razones por las que la desigualdad en Estados Unidos ha alcanzado proporciones récor. Enriquecieron aún más a los pocos en la cima, pero también estrangularon los programas sociales que transfieren una pequeña cantidad de la riqueza a los de abajo en la escala de ingresos.

Y aquí es donde los demócratas se hicieron cómplices en un programa abiertamente defendido por los republicanos: Tanto Bill Clinton como Barack Obama impusieron pequeños aumentos de impuestos sobre los más ricos--aunque de ninguna manera tanto como fueron cortados por sus predecesores republicanos--pero a la misma vez fueron tan militantes, o más, en imponer medidas de austeridad, la otra cara de los recortes de impuestos.

Nuestra oposición a esta pandilla neoliberal, reductora de impuestos y promotora de la economía del goteo, necesita comenzar ahora. Puede comenzar enfrentando a los ladrones republicanos dondequiera que aparezcan, como lo hizo cuando el GOP puso en marcha su plan para destrozar el cuidado de la salud, y exponiendo a los demócratas por no hacer más que quejarse frente a las cámaras.

Pero la protesta contra el saqueo tributario de los republicanos debe ser parte de todas nuestras luchas por la justicia, como exigir una ayuda inmediata y masiva al pueblo de Puerto Rico, en lugar de transferir el dinero a los ricos.

Trump ha anunciado otra ofensiva en su guerra de clases contra los trabajadores. Necesitamos movilizarnos para luchar como sabemos.

Traducido por Orlando Sepúlveda