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DE OBRERO SOCIALISTA
Estafados por los patrones de las maquilas

abril de 2001 | página 3

JUSTIN AKERS describe las consecuencias del fraude del libre comercio de los patrones.

JUAN TOVAR SANTOS decidió que ya ha sido suficiente y dijo: ¡basta!.

Él viajó desde su casa en Ciudad Acuña, una ciudad mexicana en la frontera norte, 150 millas al oeste de San Antonio, Texas, a Pittsburgh para enfrentarse a su patrón, el gigante de la industria del aluminio, Alcoa.

En la reunión anual de los accionistas de la compañía en 1996, él tomó la palabra para describir las chocantes condiciones de trabajo en la maquiladora de Alcoa en Ciudad Acuña.

Pero esto no conmovió al gerente general de Alcoa Paul O'Neill, quién ahora se desempeña en el sector público como el Secretario del Tesoro de la administración Bush. "Nuestras instalaciones en México son tan limpias que se puede incluso comer en el piso", declaró O'Neill.

Este cara-a-cara en la junta de accionistas dijo mucho acerca de las relaciones entre México y las corporaciones estadounidenses. Juan Tovar Santos se ganaba $6 al día trabajando para Alcoa. Ese año, Paul O'Neill recibió un total de $36 millones en compensaciones, casi $6 por segundo.

O'Neill y sus amigos en las corporaciones estadounidenses están obteniendo grandes ganancias, gracias a las políticas librecambistas diseñadas para beneficiar a las transnacionales en los Estados Unidos. Alcoa fue una de los centenares de corporaciones extranjeras que se instalaron en México bajo el régimen de las maquiladoras, el que les permite importar maquinaria y materiales libre de impuestos a México para producir bienes para exportación.

Más de un millón de trabajadores mexicanos trabajan en las maquiladoras, principalmente a lo largo de la frontera con los Estados Unidos. Sus sueldos son muy bajos, desde 3 a 4 dólares diarios. Para mantener estas condiciones, compañías como Alcoa están en compinche con el gobierno mexicano y con los sindicatos oficiales para aplastar toda resistencia.

Dados los extremadamente bajos sueldos que las corporaciones americanas pagan, las ciudades fronterizas de México se están desmoronando. La mitad de los habitantes de Ciudad Acuña no está conectada a la red de alcantarillado y usa letrinas en sus patios, al mismo tiempo que las más ricas corporaciones del mundo han instalado fábricas en sus patios.

En Ciudad Juárez, una ciudad de 1.3 millones de habitantes al otro lado del Río Grande, frente a El Paso, Texas, el presupuesto anual del gobierno de la ciudad es sólo un poco más grande que el presupuesto del departamento de policía de El Paso.

Pero los trabajadores de El Paso también han sido afectados por el "libre comercio". Desde que el TLC (NAFTA) entró en efecto en 1994, El Paso ha perdido aproximadamente 10,000 empleos en manufactura. El ingreso per cápita es 40% más bajo que el promedio nacional, y con 9%, el índice de desempleo en la ciudad es el doble del promedio para el estado de Texas.

Estas realidades ponen de relieve la hipocresía detrás del discurso del "libre comercio" de los patrones. Mientras que el TLC abrió aún más la frontera méxico-americana para el comercio y la inversión, el gobierno estadounidense ha hecho más difícil la circulación de trabajadores a través de la frontera. El mismo año en que el TLC entró en vigor, los Estados Unidos puso en práctica la Operación Portero (Gatekeeper), un programa para incrementar la presencia de la policía fronteriza estadounidense y para construir murallas de acero lo largo de la frontera.

Esto significó en California que los trabajadores indocumentados que quieran cruzar a los Estados Unidos deben tratarlo más hacia el este, adentrándose en terrenos más riesgosos. Desde 1994, más de 600 personas han muerto en las Montañas Otay en tiempos de invierno o por deshidratación en el desierto del Valle Imperial en verano.

El contraste no puede ser más obvio. Las corporaciones estadounidenses son libres para enviar su dinero y productos a través de la frontera, pero los trabajadores pueden perder hasta sus vidas tratando de hacerlo.

Ahora, los patrones estadounidenses y sus compinches en la administración de Bush quieren extender la estafa a todo el hemisferio occidental por medio del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA, o FTAA en inglés).

Tenemos que resistirnos y levantar una lucha unificada a través de la frontera.

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