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Que no conviertan la tragedia en guerra

14 de Septiembre de 2001 | Página 1

MIENTRAS QUE la gente alrededor del mundo todavía lidiaba con la enormidad de las pérdidas humanas en los ataques de Nueva York y Washington, D. C., George W. Bush y su gobierno tocaban sus tambores exigiendo aún más muerte y destrucción.

Ellos tratan de usar una tragedia horrible para adelantar su propia agenda--guerra en el exterior y una arremetida contra las libertades civiles domésticamente.

Los ataques fueron "un acto de guerra", declaró Bush--quien fue pareado, palabra por palabra y amenaza por amenaza, tanto por republicanos como por demócratas. El Secretario de Defensa Donald Rumsfeld mandó un mensaje en video a las fuerzas armadas de los EE.UU. alrededor del mundo. "La tarea de aplastar a estos enemigos terribles...recae en ustedes", él anunció.

Eliot Cohen, el director de estudios estratégicos en la Universidad Johns Hopkins, dijo a la prensa, "tenemos que dejar de hablar como si esto fuera un crimen--esto es guerra. Tenemos que comenzar a matar gente. No se trata de traer gente a enfrentar la justicia. Se trata de perseguirlos y de matarlos".

Mientras tanto, la alianza de la OTAN invocó una provisión del tratado permitiendo una respuesta militar colectiva--esencialmente declarando que apoyaría cualquier "guerra contra el terror" de los EE.UU.

Los medios noticiosos corporativos alimentaron la fiebre de guerra. "Venganza. Aferrémonos a ese pensamiento", vociferó el periódico Philadelphia Daily News. "Acostémonos pensando esto. Despertemos cantándolo. Porque nada menos que venganza es lo que requiere".

Aún liberales como el columnista del New York Times Anthony Lewis hicieron un llamado por un asalto militar. "Las Naciones Unidas deben demandar que todos países nieguen refugio a los terroristas, y ayudarnos a aplastarlos", él escribió. En otras palabras, los EE.UU. deben tener el derecho de atacar a cualquier país que no esté conforme con su programa.

Estos llamados a la guerra y la venganza contrastaban con el espíritu en las vigilias con velas llevadas a cabo a través de los EE.UU. y con el sacrificio, el heroísmo y la solidaridad de los envueltos en los esfuerzos de rescate.

Se puede entender que la gente que se siente ultrajada por esta pérdida insensata de vidas querrá encontrar alguna manera de traer a los responsable a enfrentar la justicia. Pero justicia es la última cosa que Bush y el ejército de los EE.UU. tienen en mente.

Ellos están aprovechando la oportunidad de empujar políticas que ellos han sido incapaces de lograr por décadas. El International Herald Tribune informó que la administración de Bush estaba considerando un "menú de opciones" que incluye:

-- Reautorización de asesinatos políticos como una opción para las políticas de los EE.UU., inclusive el hacer blanco deliberadamente de adversarios individuales por medio de ataques con misiles.

-- Ofrecer apoyo por los EE.UU. a fuerzas suplentes extranjeras para hacer la guerra a regímenes que apoyan el terrorismo internacional.

-- Expediciones punitivas por tropas de los EE.UU., inclusive quizás con fuerzas aéreas o con aterrizajes por los infantes de marina, para tomar las capitales u otro territorio sensitivo por suficiente tiempo que permita el derrocar a regímenes terroristas.

-- Una coalición internacional nueva de gobiernos Occidentales y Rusia contra la ofensiva de terrorista.

Añade a esta lista el limitar los derechos políticos y civiles de los ciudadanos de los EE.UU. A pocas horas de los ataques, los sabelotodos profesionales como el ex-Secretario de Estado Lawrence Eagleburger y el ex-Director de la CIA Robert Gates echaban la culpa por los ataques al hecho de que los EE.UU. es una "sociedad abierta y democrática".

¿Su respuesta? Más aplicación de la ley, espionaje y restricciones a la inmigración--inclusive una posible tarjeta de identificación nacional.

Para justificar todo esto, los medios noticiosos se enfocaron en Osama bin Laden, el empresario millonario saudita que ha sido acusado de otros ataques sobre blancos de los EE.UU.

Quizás nunca podremos saber quién o qué organización llevaron a cabo los ataques. Pero vale la pena recordar que los mismos "expertos en terrorismo" que señalan a los árabes hicieron lo mismo después del bombardeo de 1995 del edificio federal de la ciudad de Oklahoma. Después de incitar a una reacción racista que culminó con ataques físicos contra árabe-americanos, éstos "expertos" no se disculparon cuando las autoridades arrestaron al supremacista blanco Timothy McVeigh.

Cuando las bombas arrasaron las embajadas de los E.E.U.U. en Tanzania y Kenia en agosto de 1998, Bill Clinton declaró que Bin Laden era el cerebro--y ordenó un ataque con misiles sobre una planta farmacéutica sudanés que él dijo estaba conectada con Bin Laden. Diez meses más tarde, los E.E.U.U. tuvieron que admitir que no tenían ninguna evidencia vinculando a la farmacéutica con Bin Laden.

Pero los políticos no dejan que hechos embarazosos los interrumpan. En cambio, ellos se desviven por declarar su "unidad".

Pero lo que esto significa realmente es que todos los asuntos van a estar subordinados a la campaña en pos de la guerra.

El discurso acerca de "proteger el sobrante del Seguro Social" ha sido echado por la borda. En cambio, los políticos de ambos partidos empujarán un tremendo aumento en los gastos militares--inclusive el esquema de proyectiles de defensa de la Guerra de las Galaxias (Star Wars) de la pandilla de Bush. El dinero que debe ser utilizado en gastos de salud, en la educación o en cualquiera de varias áreas que ayudarían a la gente trabajadora ahora será robado para pagar por un aparato militar que es por mucho el más grande y más poderoso del mundo.

En su apuro para asignar culpas y para exigir venganza, ningún periodista o político se ha detenido a hacer la simple pregunta: ¿Por qué alguien atacaría a los E.E.U.U.?

La respuesta es la devastación y la miseria causada alrededor del mundo por los EE.UU. en su papel como la superpotencia más grande del mundo. Tan sólo en las últimas dos décadas, los EE.UU. han lanzado ataques militares contra Granada, Libia, Panamá, Irak, Somalia, Sudán,� Afganistán y Yugoslavia--y esto es sin contar las guerras donde los EE.UU. apoyaron a una fuerza sustituta.

En el Medio Oriente, las políticas de los EE.UU. ha dejado a millones amargados y furiosos. El apoyo de los EE.UU. de la represión israelí contra los palestinos es una parte del escenario. También lo es la Guerra del Golfo contra Irak de 1991.

La guerra mató hasta 200,000 iraquíes--la mayoría de ellos los civiles--y dejó al país en un "estado pre-industrial", según las Naciones Unidas (ONU). Desde entonces, las sanciones de la ONU contra Irak--apoyadas principalmente por los E.E.U.U.--han matado a más de 500,000 niños iraquíes.

En una escalofriante entrevista en 1995, la Secretaria de Estado Madeleine Albright justificó estas muertes diciendo, "nosotros creemos que el costo vale la pena". Debemos recordar las palabras de Albright cuando oímos el redoble de tambores acerca de "terroristas" quiénes "no tienen ningún respeto por la vida humana".

Para los Bush y Albright de este mundo, tal retórica es solamente un pretexto para justificar atrocidades peores que las cometidas en Nueva York y Washington, D.C.

Si este ataque termina teniendo conexiones con opositores a la política de los E.E.U.U. en el Medio Oriente-- lo que aún no se ha probado-- entonces éste está terriblemente equivocado. Lejos de poner a los E.E.U.U. a la defensiva por sus crímenes internacionales, permite a la clase dominante de los E.E.U.U. una oportunidad de unificar al país en torno a esta tragedia--y de empujar una agenda derechista tanto doméstica como internacionalmente. Eso hará de los EE.UU. una sociedad menos democrática--y menos libre.

Mientras tanto, toda la retórica de Washington ha causado una reacción racista contra árabe-americanos.

Debemos defender a los derechos humanos y civiles de toda persona--y no permitir "la culpa por asociación" a causa de la procedencia racial o étnica. Debemos oponernos también al intento de los EE.UU. de lanzar guerras nuevas y de abultar su maquinaria militar.

Nosotros sí tenemos una respuesta al horror del 11 de septiembre--pero comienza con hacer un compromiso para librar al mundo de la pobreza, el hambre, el militarismo, la opresión y la desigualdad. Otro mundo es posible, pero sólo si defendemos lo que creemos.

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