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Embusteros, ladrones y estafadores

8 de febrero de 2002 | Página 2

Clyde Johnson pensaba que Enron lo recompensaría por su trabajo dedicado. Siendo un padre soltero, él trabajaba largas horas para proveerle a su hijo de 11 años, Courtney, y para pagar la hipoteca de su modesto hogar en un suburbio de Houston.

Entonces Enron se desplomó--y a Johnson le dieron 30 minutos para recoger sus cosas de su oficina. Ahora él no está seguro de cuándo podrá encontrar otro empleo--o de cómo podrá mantenerse al día con la hipoteca.

Eso no será un problema para el ex-ejecutivo en jefe de Enron, Kenneth Lay, quien renunció en enero. Lay sabía que Enron lo recompensaría--por eso es que él ayudó a la compañía a robar a diestra y siniestra para llegar a la cima, y entonces a esconder la evidencia.

Lay vendió más de $100 millones en acciones de la compañía antes de revelar que Enron estaba a punto de hundirse en la bancarrota más grande de la historia. Los trabajadores de Enron fueron despedidos--a la vez que veían sus fondos de jubilación en los planes 401(k) de Enron desvanecerse.

Pero no hay por qúe preocuparse por "Kenny Boy" como su amigo George W. Bush lo apoda. El tiene todavía una mansión de $3 millones en Colorado donde refugiarse.

Nadie puede creer que Enron actuó sola. La gigantesca compañía de contabilidad Arthur Andersen, que ayudó a Enron a encubrir sus trampas financieras, también puede desplomarse. Y en Washington, D.C., los políticos de ambos partidos que escribieron las leyes que Enron pidió, ahora están buscando cómo esconderse.

Y el Vicepresidente Dick Cheney ha sido fuertemente criticado por rehusarse a entregar los archivos de su transacciones con Enron cuando él dirigió el grupo de trabajo sobre asuntos de energía de la Casa Blanca.

La pandilla de Bush puede estar en la silla caliente. Pero sus "adversarios" en el Partido Demócrata también tienen mucho que esconder. Enron repartió fondos para las campañas de casi la mitad de los miembros del Congreso--inclusive 100 Demócratas--y su ejército de cabilderos abarcaba el espectro político de Washington, desde el jefe anterior de la Coalición Cristiana Ralph Reed hasta Michael Lewan, el anterior jefe de personal del Senador Demócrata de Connecticut Joe Lieberman.

Casi todo el establecimiento político de los EE.UU. puede ser vinculado a Enron de una forma u otra. El escándalo de Enron ha expuesto todo lo corrupto y cruel del sistema capitalista.

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