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ARGENTINA
Duhalde hala el gatillo

por Tom Lewis | 12 de julio de 2002 | Página 3

EL GOBIERNO inmensamente impopular de Argentina recurrió al asesinato el 26 de junio para intimidar a manifestantes y garantizar "el orden público" a través del país. Dos muertos, 90 heridos, y cerca de 200 detenidos en Buenos Aires representó el balance del terror del estado después de un día tenso de lucha entre piqueteros (trabajadores desempleados) y la policía.

La táctica característica de los piqueteros de bloquear los caminos es conocida por su carácter pacífico. Pero cuando 1,000 piqueteros trataron de bloquear un puente en un suburbio de clase trabajadora de Buenos Aires, la policía le disparó a la muchedumbre sin haber sido provocada.

El número de muertos suma ya 37 desde que demostraciones masivas derribaron al gobierno del ex-Presidente Fernando de la Rúa en diciembre pasado.

El día después de la masacre el descontento popular condujo a 40,000 a protestar los asesinatos enfrente de la Casa Presidencial en la Plaza de Mayo. Esta presión, y la amenaza de reacciones mayores de las masas, forzaron al presidente actual Eduardo Duhalde a despedir al superintendente de la policía de Buenos Aires. Sin embargo, el superintendente meramente obedecía sus órdenes.

A principios de junio Duhalde declaró que él respondería con una creciente represión ante las marchas y concentraciones casi diarias enfocadas a denunciar la capitulación del gobierno ante el Fondo Monetario Internacional. El FMI ha exigido austeridad y nuevas y más duras medidas como condición para volver a dejar fluir el dinero de préstamos a Argentina en medio de su desplome económico.

Duhalde, que ha roto cada promesa que él hizo parar confrontar al FMI y a los banqueros de EE.UU., cumplió perversamente su promesa de ponerse duro con los manifestantes. Irónicamente, el mismo día que la policía de Duhalde mataba y mutilaba a los trabajadores argentinos, su ministro de economía, Roberto Lavagna, estaba en Washington, D. C. lambeteando a los oficiales de FMI.

Poco después de que Lavagna regresó, Duhalde anunció que convocaría a elecciones presidenciales para marzo del 2003–adelantándolas por seis meses.

Esto probablemente significa que el FMI ha accedido a proporcionar suficiente dinero para ayudar a mantener a los acreedores internacionales de Argentina momentáneamente en la raya, pero considerablemente menos de lo que es necesario para remediar la masiva hambre y el desempleo.

Desde diciembre el peso argentino ha perdido más del 70 por ciento de su valor contra el dólar. Por lo menos la mitad de los argentinos ahora vive en la pobreza, y el desempleo en algunas áreas se acerca al 80 por ciento.

La aprobación de Duhalde cayó por debajo del ocho por ciento a inicios de julio. Sondeos de opinión pública muestran a Elisa Carrió, una congresista progresista, y a Luis Zamora, un congresista trotskista y ex-líder del una vez influyente Movimiento al Socialismo, a la cabeza si las elecciones fueran llevadas a cabo este verano.

Carlos Menem, el ex-presidente que implementó la mayoría de las políticas económicas neoliberales en los 1990s, y Carlos Reutemann, anteriormente conductor de carreras de carros y gobernador actual del estado de Santa Fe, estarían empatados al fondo de la lista con un siete por ciento cada uno. Reutemann es el candidato preferido de los EE.UU. por ahora.

Los asesinatos del 26 de junio representan sólo el comienzo del incremento en la violencia. Insatisfechos con matar de hambre a la población, los gobernantes de Argentina no han dejado ninguna duda de que van a apalear o abalear a muerte a quienes intenten desafiar al sistema.

El proceso de polarización de clase y el desarrollo de disturbios potencialmente revolucionarios continúa desplegándose aún a pesar de la represión.

Durante la ultima semana de junio, el ex-presidente Menem–que aboga por la completa dolarización de la economía argentina–dijo a la prensa que "las calles de Argentina están repletas de marxistas". El actual ministro del exterior de Duhalde, Carlos Ruckhauf, dio también un discurso a altos oficiales de la fuerza aérea que ponía los pelos de punta.

El recordó que él fue el ministro gubernamental a mediados de los 1970s que firmó la ley que se constituyó en la base para "la guerra sucia" y "la campaña contra el terrorismo" en Argentina. Más de 30,000 militantes de izquierda fueron asesinados o "desaparecidos" durante la guerra sucia. Ruckhauf le aseguró repugnantemente a los oficiales de la fuerza aérea que él firmaría tal ley otra vez–sin vacilación–si los "tiempos difíciles" reaparecen.

En este clima, la unidad entre las fuerzas opuestas al gobierno de Duhalde y a las políticas del imperialismo estadounidense es especialmente importante. La lucha para derribar a Duhalde y para deshacerse del yugo del FMI tiene que ser intensificada. Debe también incluir planes para organizar la defensa propia de la clase obrera.

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