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Trabajadoras de Carousel ganan huelga por su nuevo sindicato
"¡Sí se pudo!"

por Diana Bernal y Lance Selfa | 12 de julio de 2002 | Página 4

HIGHWOOD, Ill.--"¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo!" El grito de "¡sí se pudo!" llenó el sótano del salón de bolos Highwood Lanes el pasado 22 de junio, donde más de cien amigos, familiares y simpatizantes se juntaron a celebrar la victoriosa huelga contra Carousel Linen Corp.

Las 38 obreras, todas inmigrantes latinas, finalizaron una huelga por el reconocimiento de su sindicato, con un contrato colectivo y otras ganancias, que duró más de ocho meses.

Cuando Obrero Socialista fue a impresión, no todos los detalles del contrato estaban disponibles. Pero el contrato de tres años incluye un aumento salarial del 32 por ciento, el uso gratís de los servicios del clínica médica del sindicato para todos los miembros de la familia, tiempro libre pagado por la compañía, protección a sus derechos a la salud, seguridad laboral y como inmigrantes, de acuerdo a fuentes provenientes del Sindicato de Trabajadores Industriales y Textiles (UNITE, por sus siglas en inglés).

Haber forzado la compañía a reconocer el sindicato significa algo más que simplemente mejoras salariales y beneficios, dijo la huelguista Celita Vásquez a Obrero Socialista. "Bueno, lo más importante es el respeto. Respeto como trabajadora y ser humano," dijo ella. "Ahora, nos tienen que tratar con respeto".

Esa falta de respeto, condiciones de trabajo similares a las de las maquiladoras y un tacaño salario de $5.15 por hora, incluso para trabajadores con 10 años de experiencia, fue lo que empujó a las trabajadoras de Carousel a organizarse y declarar la huelga en octubre del año pasado. Ellas buscaron ayuda con UNITE por recomendación de los trabajadores de otra lavandería industrial del vecindario, Skokie Valley Laundry, quienes ya se habían unido a UNITE después de una lucha de cuatro años para que les reconocieran el sindicato.

Durante la celebración de la victoria, las trabajadoras de Carousel agradecieron especialmente a sus hermanos y hermanas de Skokie Valley, quiénes muchas veces sacrificaron su hora de almuerzo para marchar en la línea de piquete con las trabajadoras huelguistas. "[Al principio] teniamos miedo, pero los trabajadores de Skokie Valley nos ayudaron y nos appoyaron todo el tiempo", dijo la trabajadora de Carousel Teresa Vásquez.

Además de la huelga, el sindicato trabajó con la comunidad, iglesias, estudiantes y organizaciones políticas para ejercer presión sobre los clientes de Carousel para que cancelaran sus servicios hasta que el dueño de la compañía Scott Close cediera. La presión forzó a grandes clientes a abandonar a Carousel, entre ellos Abbott Laboratories y ARAMARK.

"Estamos muy orgullosos por el apoyo que recibimos de los sindicatos y organizaciones políticas", dijo el organizador de UNITE Augustin Smilovitz. "Pero también, estamos orgullosos de las trabajadoras que durante los ocho meses y medio de huelga no pensaban ni del frío ni del calor y ni de la familia, solamente en lucha".

Incluso en el difícil clima anti-inmigrantes esgrimido por los políticos después del 11 de septiembre, las trabajadoras de Carousel continuaron exponiendo su caso. " Que no tengan medio y que peleen por sus derechos, sus derechos como trabajadores y seres humanos," dijo Celita Vásquez. "Me cambió mi manera de pensar y ya no tengo miedo".

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