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LO QUE PENSAMOS
Demócratas tienen toda la culpa de su derrota electoral
El mal de los menos malos

22 de noviembre de 2002 | Página 2

Los republicanos estaban insaciablemente engreídos tras su reciente victoria electoral. Ganaron suficientes cargos en el Senado como para superar la ínfima mayoría de un voto de los Demócratas, mantuvieron su escasa mayoría en la Cámara de Representantes y ganaron varias batallas grandes en las contiendas para gobernador.

Ahora los oficiales del partido y los comentaristas hablan acerca de los resultados como un endoso a la presidencia de Bush--y como un mandato para empujar su agenda derechista y su guerra contra Irak. ¿Pero qué fue lo que pasó?

Si cada sondeo de opinión pública previo a la elección señalaba que los "temas demócratas"--la economía estancada , el Seguro Social, los servicios de salud--estaban al tope de las preocupaciones de los electores. Y como quiera los demócratas perdieron.

Una explicación típica de los demócratas es que los republicanos triunfaron al desviar la atención lejos de la mediocre economía, haciendo la guerra contra Irak el asunto político central de los últimos meses.

Así fue como los líderes demócratas justificaron su voto a favor de la exigencia de la Casa Blanca de una resolución congresional autorizando la acción militar--supuestamente para sacar el asunto "fuera del caldero". Pero tan sólo un demócrata de los que desafiaron a su liderato y votaron contra la campaña de guerra perdió en la elección. Mientras tanto, respecto al asunto que ellos supuestamente querían discutir--acerca de la economía--los demócratas no tenían nada que ofrecer.

Increíblemente, esto le dio la oportunidad a los republicanos de reclamar el tener un "plan" ayudar a la gente común mientras que los demócratas sólo hicieron críticas. Un verdadero desafío al programa económico de Bush habría significado atacar el recorte de 1.35 trillones de dólares en impuestos con que la Casa Blanca obsequió a los estadounidenses más ricos el año pasado.

Problema: el recorte de impuestos de Bush fue aprobado por el Congreso siendo los demócratas quienes proporcionaron el margen de victoria. Como resultado, ni una sola figura demócrata con credibilidad tuvo las agallas para exigir que los recortes de impuesto fueran revocados. Y entonces los demócratas descubrieron la noche de las elecciones que uno no puede derrotar a nadie si no ofrece nada.

La elección del 2002 le dará a los republicanos una mayoría en ambas cámaras del Congreso, sumándose a su control de la Casa Blanca y la corte federal. Esto es una situación inquietante. Y los republicanos pueden tratar de salirse con la suya en proyectos favoritos que los demócratas habían bloqueado--como una prohibición de los abortos durante el último trimestre del embarazo que fanáticos anti-aborto han mal denominado "abortos de nacimiento parcial".

La clave para prevenir que la pandilla de Bush siga adelante con su agenda de guerra, ataques contra los trabajadores y dádivas a los ricos es la misma que era antes de las elecciones del 5 de noviembre--movilizar una oposición a nivel de base para derrotarlos. Si la pandilla de Bush piensa que ellos tienen un mandato, están equivocados.

Los republicanos sólo lograron sus ganancias camuflajeando la mayoría de sus posturas políticas más detestadas y los demócratas dejaron que ellos se salieran con la suya. Cuándo la careta se les caiga, el programa de la pandilla de Bush será expuesto como el ataque vicioso derechista que verdaderamente es.

Y eso sólo alimentará la amargura de decenas de millones de trabajadores. Necesitamos organizar esa cólera en una oposición activa a los ataques derechistas de la pandilla de Bush.

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