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EL SENTIDO DEL MARXISMO
¿Es Cuba socialista?

Por Héctor Reyes | 22 de noviembre de 2002 | Página 3

Las revoluciones de China en 1949 y de Cuba en 1959 son ejemplos de rebeliones en contra de dictadores brutales y de la subyugación de estos países por parte de las potencias imperialistas. Y todo socialista genuino debió apoyar incondicionalmente las luchas de estos pueblos por su autodeterminación. Pero una revolución nacionalista no es lo mismo que una revolución obrera por el socialismo.

Estas revoluciones tenían en común los siguientes elementos. Primero, eran luchas de guerrillas encarnizadas en contra de las fuerzas militares de un gobierno desacreditado y asesino apoyado por fuerzas imperialistas. Segundo, los ejércitos guerrilleros, y su estrategia militar y política, se encontraban virtualmente desconectados de la clase obrera de las ciudades. Tercero, el liderato político de las guerrillas y toda su estructura política estaban dominados por individuos provenientes de las clases medias, por ejemplo, profesionales e intelectuales.

La principal meta de estos líderes políticos era alcanzar un grado suficiente de control político y económico para poder usar los poderes del estado para desarrollar la economía nacional. A la larga todas estas naciones trataron de emular las políticas Stalinistas de la hoy difunta Unión Soviética (URSS) para poder industrializarse.

En forma totalmente opuesta a las metas de la revolución rusa de 1917, Stalin utilizó los métodos más cruentos y primitivos para industrializar al país y así poder competir militarmente con las potencias capitalistas de occidente. La URSS reprodució en Rusia la lógica del capitalismo, en este caso el capitalismo burocrático de estado.

En Cuba, la pequeña banda de guerrilleros de Fidel Castro no tenía inicialmente las intenciones de sumarse a la órbita de la URSS, sino que quería establecer una república liberal en donde los cubanos tuvieran la prerrogativa sobre el desarrollo de la infraestructura económica del país y pudiera establecer un intercambio comercial de tú a tú con los EE.UU. De manera que irónicamente los EE.UU. comenzaron un juego de sabotaje económico y político contra el régimen de Castro para empujarlo a coquetear con la URSS y así poder justificar una intervención militar directa.

Y dentro del movimiento de Castro había gente que sí querían emular a Rusia, como Che Guevara. La necesidad de contrarrestar los ataques estadounidenses, de hacer uso del estado para su gestión económica y de encontrar aliados políticos y militares empujó a Cuba eventualmente al bloque soviético. Así se explica que en una pirueta política, dos años después de la caída del dictador Fulgencio Batista, Castro declarara retroactivamente a la revolución como socialista.

Con la ayuda de la URSS Cuba se convirtió por décadas en una espina en el costado de los EE.UU.--reproduciendo el capitalismo de estado a la cubana con subsidios rusos. Pero la clase obrera nunca se ha encontrado en el poder. No han existido nunca consejos de trabajadores. Todo el poder reside en un núcleo pequeño de burócratas que controla el Partido Comunista y el estado cubano. Estos son los únicos llamados a decidir las más importantes cuestiones económicas y políticas que han afectado seriamente a toda la población.

Cosas como a qué sectores se debía sacrificar durante el racionamiento severo que surgió tras el colapso de la URSS del 1989-91--que significó una perdida monumental de subsidios y tecnología para la economía cubana. Cosas como toda la serie de nuevas inversiones de capitalistas europeos, canadienses y mexicanos en el turismo, minerales y comunicaciones, garantizando sus ganancias mientras que a los trabajadores se les niega siquiera el derecho de tener sus propias uniones para defender su calidad de vida.

La creciente brecha social y económica que esto ha alimentado entre la clase trabajadora cubana y los burócratas que se benefician de su relación con las empresas extranjeras y las mixtas refleja un patrón similar al del resto de los países del mundo. Pero sólo a la clase trabajadora cubana le compete el ajustar cuentas con su clase gobernante, sin la imposición de las prioridades mezquinas del imperialismo estadounidense, ni las de los ricos derechistas cubanos exiliados en Miami.

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