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LO QUE PENSAMOS
La guerra de clases de los republicanos

14 de febrero de 2003 | Página 2

LA ADMINISTRACIÓN de Bush no esperó siquiera una semana luego de que comenzara el nuevo año para aprovechar su ventaja en Washington. George W. Bush y su pandilla están llevando a cabo el equivalente doméstico de su política exterior, la mentada "Doctrina Bush"--tomando la ofensiva en varios frentes simultáneamente, con la meta de establecer su poder abrumadoramente e intimidar a quien siquiera insinúe el formular alguna oposición.

Con los republicanos controlando el Congreso, Bush ha elaborado una lista de propuestas para complacer a los derechistas más fanáticos. Si hasta la revista Business Week, fotuto de los patrones, tuvo que preguntar en primera plana: "¿Guerra de Clases?"

Al tope de la lista está el mal llamado "plan de estímulo económico" que no tiene nada que ver con estimular la economía, y todo que ver con abolir los impuestos de los ricos. El meollo de la propuesta recorta los impuestos sobre dividendos para la gente que posee acciones. Más de la mitad de los beneficios de este recorte acabará en los bolsillos del 5 por ciento más rico de los estadounidenses--esto es, la gente que se gana más de $300,000 al año.

En diciembre, después de que el Senador Trent Lott (republicano por Mississippi) perdió su puesto por expresar su nostalgia por la segregación racista sureña, el discurso de Bush estaba colmado de sus preocupaciones acerca del racismo. Pero esto pronto probó ser un motón de palabras al aire.

Durante la segunda semana de febrero, la Casa Blanca anunció que Bush iba a nombrar a tres docenas de reaccionarios a judicaturas federales--incluyendo al infame Charles Pickering, uno de los compañeros de Mississippi de Lott que fue rechazado por el Senado controlado por los demócratas el año pasado a causa de su hostilidad hacia los derechos civiles, inclusive su defensa de un racista acusado de quemar una cruz--estilo Ku Klux Klan.

Y para colmo, Bush escogió el día del natalicio del difunto líder de los derechos civiles, Martin Luther King, Jr., para anunciar su apoyo a una demanda ante la Corte Suprema de los EE.UU. diseñada para eliminar el programa de acción afirmativa en la Universidad de Michigan--y posiblemente en el resto del país.

Bush y su alcahuetes se sienten muy engreídos acerca de sus oportunidades. La razón para esta confianza es obvia. Desde que Bush tomó su cargo, y especialmente desde los ataques del 11 de septiembre, la Casa Blanca ha tenido prácticamente rienda suelta de una "oposición" demócrata que parece atemorizada de su propia sombra.

Los demócratas del Congreso hablan agitados contra el plan de "estímulo" de Bush, pero si uno juzga por los últimos dos años, suficientes de ellos saltarán al bando republicano como para que la Casa Blanca logre, si no todo, la mayoría de lo que quiere. Pero la fuente de oposición que los republicanos, en su arrogancia, darán por desapercibida yace fuera de Washington.

La amargura que la gente común siente por un gobierno que reparte dinero a los ricos mientras que corta los programas que benefician a la gente trabajadora no hará más que intensificarse durante el próximo año.Y estos ataques contra los trabajadores vienen de una administración que planea mandar a miles de hombres y mujeres de clase trabajadora a una guerra catastrófica en Irak.

La gente que hoy sufre esta amargura puede mañana estar marchando en contra de la agenda de Bush. Puede que tome algún tiempo para que estas luchas surjan y se desarrollen. Pero el potencial está ahí para construir una alternativa--paso a paso--en todas las luchas que ocurren a través de la sociedad.

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