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Los horrores que no nos mostrarán

18 de abril de 2003 | Página 2

EL PADRE de Bakhat Hassan se puso su mejor traje para ir hacia el área controlada por el ejército de EE.UU. en las inmediaciones del pueblo iraquí de Karbala. "Para verse americano", dijo Bakhat.

Fue así vestido que murió. Los padres de Bakhat, sus dos hijas, un hijo, dos hermanos, sus esposas y dos sobrinas fueron asesinados cuando soldados de EE.UU. abrieron fuego contra su camioneta cuando se dirigía hacia un punto de control. "Mis niñas--vi sus cabezas desprenderse de sus cuerpos", dijo estupefacta Lamea, la esposa de Hassan, a un periodista australiano desde su cama de hospital. La pobre mujer, quien está embarazada, agregó, "Sería mejor no tener al bebé. Nuestras vidas están acabadas".

La familia de 17 personas se apiñó en una camioneta para viajar a Karbala, pensando que un folleto tirado desde un helicóptero estadounidense decía que ellos "estarían seguros" allí. Según el recuento de Bakhat en el Sydney Morning Herald de Australia, cuando su camioneta se acercaba a un punto de control al sur de Karbala, su familia saludó a los soldados americanos y los soldados le abrieron fuego.

"Teníamos esperanza" dijo Bakhat. "Pero entonces ustedes los americanos vinieron a traernos democracia, y nuestra esperanza se extinguió".

Esta es una de muchas historias horribles ahora en Irak. Y nos están siendo ocultadas. Ocultadas por los políticos y por los jefes del Pentágono que nos venden sus mentiras acerca de una guerra para "liberar" al pueblo iraquí. Ocultadas por los medios noticiosos corporativos que bien pudieran ser administrados por el estado, porque con tanto gusto repiten la propaganda del ejército.

Por lo menos 61 han muerto en la región de Hilla, 50 millas al sur de Bagdad--y las víctimas tienen numerosas "heridas viciosas y profundas", características de bombas de dispersión, según el veterano periodista Robert Fisk del peródico británico The Independent. Pero el Pentágono insiste que "no hay indicaciones" de que bombas de dispersión fueron usadas en la cercanía de Hilla.

Por lo menos 62 fueron matados en el bombardeo del mercado Shu'ale en Baghdad, con un pedazo de la cubierta del proyectil, hecho en EE.UU. por el prominente contratista militar Raytheon, encontrado en el macabro escenario. Pero los oficiales estadounidenses y británicos reclaman que los iraquíes bombardearon el mercado ellos mismos y que plantaron la cubierta del proyectil.

¿No hay nada que estos monstruos no puedan decir para justificar su guerra? Nadie sabe cuántos miles de iraquíes han muerto ya, pero "el número de víctimas en Bagdad es tan alto que los hospitales han dejado de contar el número de personas atendidas", según un informe de Reuters que cita a la Cruz Roja. Y literalmente millones de iraquíes estaban bajo riesgo de enfermedad e inanición a causa del estado de sitio anglo-americano de Bagdad y Basra.

Los medios estadounidenses enfatizaron el rol de los aliados en la distribución de la "ayuda humanitaria" a los iraqis. Pero esa ayuda es insuficiente comparada con la destrucción que las fuerzas invasoras han causado en Irak.

Que luego se han tornado en escenarios de saqueos masivos y motines una vez estos ejércitos lograron tomar grandes porciones de ambas ciudades. Gente de todo el mundo y también muchos en EE.UU. han repudiado este horror. Hemos tenido la razón al desenmascarar esta carnicería--llevada a cabo en nombre de la "paz" y "la liberación".

Y tenemos que seguir confrontando a los criminales de guerra de Washington con nuestro mensaje: ¡No a la guerra por petróleo e imperio!

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