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Argentina después de las elecciones

Por Lee Sustar | 13 de junio de 2003

CUANDO LA Casa Blanca comience a cotorrear acerca de transformar a Irak en otra exitosa historia del mercado libre, recuerden a Argentina.

Antes elogiada como la mejor alumna del Fondo Monetario Internacional (FMI), Argentina es ahora desastre económico. Sesenta por ciento de su población vive bajo la línea de pobreza y la malnutrición es rampante en un país que es uno de los más grandes exportadores de comida.

Y la próxima vez que los propagandistas de Washington declaren que las reformas de mercado equivalen a democracia, consideren el desastre de la última elección en Argentina. Después de obtener la mayoría de los votos en la primera vuelta, pero no los suficientes para ganarla, el ex-presidente argentino Carlos Menem se retiró de las elecciones para evitar la derrota a manos de Néstor Kirchner.

Estas elecciones fueron las primeras desde Diciembre 2001, cuando un masivo levantamiento forzó la renuncia del presidente Fernando de la Rúa y de otros tres presidentes interinos en los días siguientes. El Congreso argentino impuso a Eduardo Duhalde, un viejo rival de Menem, como presidente. Las continuas protestas ataron la manos de Duhalde, forzándolo a organizar nuevas elecciones, a las cuales no pudo presentarse como candidato. Duhalde ofreció su apoyo a Kirchner, un gobernador provincial quién hizo una campaña populista basada en promesas de ayudar a los pobres.

Duhalde, Menem, y Kirchner son todos peronistas, miembros del partido fundado en los años cuarenta por Juan Perón. Menem, quién se ganó el respeto de Clinton y de las corporaciones estadounidenses cuando privatizó la industria estatal cuando era presidente, trató de volver a la arena política haciendo un llamado por la "ley y el orden" y por la dura represión en contra de las protestas callejeras.

Pero su corrupción (Menem fue brevemente puesto bajo arresto domiciliario después que dejó la presidencia) limitó su alcance a un 24 por ciento del electorado en la primera vuelta. Retirándose de la carrera electoral, Menem espera corroer la legitimidad de Kirchner, incluso algunos comentaristas políticos lo acusan de estar planeando un golpe de estado.

De hecho, la campaña de Menem ya ayudó a deslizar el debate político en Argentina hacia la derecha. En las últimas semanas antes de las elecciones, un juez aprobó el desalojo de la fábrica textil Brukman por la policía. Ésta era una de las 100 plantas a través del país que habían sido ocupadas y mantenidas por sus trabajadores luego que sus patrones las cerraron en medio del colapso económico.

Cuando Duhalde no intentó interferir con el desahucio, esto fue una señal para el empresariado argentino, y también para los bancos y corporaciones occidentales, que la acción política de las masas sería detenida, no importa quién asumiera la presidencia. Desafortunadamente, la izquierda revolucionaria, la cual ha jugado un significativo papel en las protestas masivas, fracasó en presentar un frente unido en las elecciones, con algunos grupos participando y otros llamando al boicot.

Kirchner será pronto atrapado entre sus promesas de reforma y la presión para pagar la deuda externa argentina de $170 mil millones. Esto sólo instigará nuevas luchas, las que pueden presentar un desafío a la las premisas del libre mercado y al corrupto sistema político que las ampara.

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