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LA IZQUIERDA EN DEBATE
Cuba y el derecho a la autodeterminación

Por Héctor Reyes | 13 de junio de 2003 | Página 3

MIENTRAS QUE las tropas de EE.UU. todavía estaban matando a civiles en Irak, Washington condenaba a Cuba en abril por su campaña en contra de sus disidentes y por la ejecución de tres secuestradores.

El gobierno cubano impuso a 75 disidentes sentencias de cárcel que iban desde siete a 28 años, esencialmente condenándolos por traición por haber conspirado con agentes de EE.UU. para socavar al gobierno cubano. En una acción separada, el gobierno rápidamente condenó y ejecutó a tres hombres que habían asaltado un transbordador y tomado a 40 personas como rehenes en una tentativa desesperada para desertar a los EE.UU.

En respuesta a esto, dos diferentes cartas abiertas criticando a Cuba circularon por la internet. Una, promovida por Leo Casey de los Socialistas Democráticos de América (DSA), criticaba los ataques de Cuba contra las libertades básicas, mientras que virtualmente ignoraba la larga historia de intervención e intimidación de EE.UU. Por esta razón, muchos intelectuales de izquierda prominentes se rehusaron a endosarla.

La segunda carta, iniciada por el Campaign for Peace and Democracy (CPD), con sede en EE.UU., declaraba que el "encarcelamiento de gente por procurar ejercitar sus derechos a la libre expresión es atroz e inaceptable". Endosada por figuras como Noam Chomsky, Howard Zinn y Cornel West, la declaración también enfatiza la oposición a la guerra de Bush en Irak y otras políticas imperialistas --y rechaza tajantemente cualquier esfuerzo de EE.UU. por socavar la autodeterminación de Cuba.

No obstante, partidarios tradicionales de Cuba han respondido vigorosamente, enfatizando que la revolución cubana ha estado bajo ataque por EE.UU. por 44 años y argumentando que el gobierno de Castro no puede darse el lujo de permitir que divisiones internas sean utilizadas por EE.UU. para recobrar el control sobre la isla.

Dicen que cualquier crítica de Cuba le hace el juego a los EE.UU. La pregunta clave es si uno puede defender el derecho de Cuba--o de cualquier otro país, independientemente de su tipo de gobierno--a su autodeterminación, y todavía criticarla.

En los últimos años, las corporaciones de EE.UU. han estado presionando sigilosamente a los gobiernos de Clinton y Bush para que suspendan las sanciones económicas contra Cuba, porque éstas temen quedarse rezagadas frente a las compañías europeas y canadienses que se aprovechan de la apertura del gobierno cubano a la inversión extranjera.

Sin embargo, después de los ataques del 11 de septiembre, la "Doctrina Bush" de cambios de régimen y de guerra preventiva dio a la derecha estadounidense un pretexto para una nueva confrontación con Cuba. Por muchos meses, el director de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana, James Cason, se había estado reuniendo con disidentes, proporcionándole fondos y distribuyendo sus escritos. Desgraciadamente, la declaración de la CPD, mientras que abstractamente defiende el derecho a disentir en Cuba, ignora la manera en que EE.UU. confeccionó la crisis actual.

Dada la larga historia de intervención sangrienta y ávara de EE.UU. en Cuba, es difícil imaginarse que estos disidentes no sabían con quién bregaban y qué era lo que estaba en juego. Los lectores de Obrero Socialista probablemente estén al tanto de nuestra crítica posición de años del régimen cubano.

Creemos que la revolución cubana fue una genuina insurrección contra el imperialismo estadounidense, pero que nunca ha sido una sociedad socialista. Sólo una pequeña camarilla en torno a Castro tiene el poder de tomar las decisiones más importantes acerca de la sociedad cubana.

Como en cualquier otro lugar, la gente que rechaza esta desigualdad procurará una salida política. El fracaso de la izquierda internacional en reconocer esto le abre sólo un camino a los que quieren resistirse, rumbo a los brazos de los derechistas cubanos exiliados en EE.UU. y de sus manejadores en Washington.

Es la prerrogativa de los trabajadores cubanos luchar por quitarle el poder a la camarilla de Castro--a la vez que continúan su lucha por mantener las garras del águila imperialista fuera de su isla. Entendemos que las ejecuciones de los secuestradores son un asunto substancialmente diferente y las rechazamos completamente.

Pero la autodeterminación es uno de los derechos democráticos fundamentales, por eso también creemos que no hay tal cosa como el derecho a hacerle encargos al imperialismo estadounidense en nombre de la disidencia.

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