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Bush "designado por Dios", según fanáticos
Se creen dueños del mundo

31 de octubre de 2003 | página 1

"GEORGE BUSH no fue elegido por una mayoría de los votantes de los Estados Unidos. El fue designado por Dios". Por lo menos el teniente general del ejército William Boykin, quien es el recién nombrado subsecretario adjunto de "inteligencia" del Departamento de Defensa de la administración de Bush, estaba correcto en la primera parte de lo que dijo.

Pero su declaración de que Dios fue directamente responsable de colocar a Bush en la Casa Blanca "para una época como ésta" es evidencia adicional--como si fuese necesario--de que en la Casa Blanca abundan los fanáticos arrogantes y sedientos de poder.

Si Boykin fuera árabe, se puede estar seguro de que él hubiera sido tildado de "extremista religioso". Al contrario, cuando le preguntaron al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld sobre las repetidas divagaciones fundamentalistas de Boykin, éste lo aclamó como un general con un "récord sobresaliente". Esto fue una demostración típica de la pasmosa arrogancia de la administración de Bush--una arrogancia que lleva a cada vez más personas a cuestionar la guerra y la ocupación de Irak.

Gente como el Especialista Juan Castillo, quien está estacionado en Irak. "Al principio, yo estaba de acuerdo; todos lo estábamos", dijo Castillo al periódico New York Times durante su reciente licencia que utilizó para ir a su casa. Pero ahora dice que cree que la guerra es un derroche --y que los iraquíes quieren que EE.UU. se vaya. Dijo, "Somos conquistadores para ellos. No se suponía que fuera así".

Para los iraquíes, sujetos a una humillación y una brutalidad constantes a manos de las fuerzas militares estadounidenses, la ocupación sólo seguirá inspirando cada vez más rabia--y más resistencia. La resistencia está tomando muchas formas, y los más responsables del desastre en Irak no escapan el rencor. A finales de octubre, Paul Wolfowitz, el Subsecretario de Defensa quien es considerado el arquitecto del plan bélico contra Irak, fue blanco de un ataque con cohetes contra el Hotel Rashid en Bagdad. El hotel es la sede para los norteamericanos contratados por EE.UU. para trabajar en Irak. En el ataque murió un soldado, pero Wolfowitz salió ileso.

Los ataques iraquíes contra el gobierno estadounidense ocurren en un momento en que la Casa Blanca hace esfuerzos para mantenerse unida en su campaña para venderle al público la ocupación. Sin embargo, la administración de Bush está enfrascada en una ronda de garatas internas. La Asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, anunció que ella dirigiría un nuevo Grupo de Estabilización de Irak--arrebatándole así el poder al Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien hasta ese momento era responsable de la desastrosa ocupación de Irak.

Por su parte, Rumsfeld se puso furioso al enterarse del cambio--pero sigue defendiendo la política de la ocupación en Irak. Washington está repleto de muchos fanáticos más allá de tipos como Boykin. Están empeñados en emprender guerras "preventivas".

Están dispuestos a pisotear los derechos civiles para acallar la disidencia doméstica. Están determinados a gastar miles de millones en su campaña para lograr ganancias petroleras y la dominación del mundo--y que denominan "liberación".

Pero no son invulnerables. Por eso es más importante que nunca el confrontar a los belicistas de Washington. Con esta intención marcharon en San Francisco y Washington, D.C. decenas de miles de personas afectados por el fanatismo de Bush--familiares de los soldados en Irak, veteranos de guerra, estudiantes y trabajadores. Todos protestaron juntos para enviarle el mensaje a Bush: ¡Alto a la ocupación! ¡Que regresen las tropas ahora!

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