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Presidente busca refugio en EE.UU.
Rebelión en Bolivia

Por Tom Lewis | 31 de octubre de 2003 | página 3

EL PRESIDENTE boliviano Gonzalo Sánchez de Losada huyó de La Paz el 17 de octubre mientras que cientos de miles de bolivianos desbordaron la capital exigiendo su renuncia y enjuiciamiento.

Igual que muchos otros de los secuaces fracasados de Washington, Sánchez de Losada abordó un avión apresuradamente y se escabulló buscando refugio en EE.UU. El ex-presidente había sido un simpatizante a raja tabla del "neoliberalismo"--el término para las políticas de privatización, "flexibilidad laboral" y recortes salvajes a los presupuestos promovidos por los oficiales estadounidenses y sus sirvientes en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Sánchez de Losada abandonó un país trastornado, donde se ha agudizado lo que está en juego, no solo para la clase dominante boliviana, sino también para Washington y sus intereses imperialistas en América Latina. Tan pronto como Sánchez de Losada renunció, la administración de Bush emitió una advertencia declarando a Bolivia como un lugar inseguro para viajeros estadounidenses. Siniestramente, el Pentágono anunció que estaba enviando un "equipo de evaluación" para investigar si sería necesario despachar tropas de EE.UU. para "proteger a los ciudadanos estadounidenses" que residen en Bolivia.

El foco de las tres semanas de protestas masivas que forzaron la renuncia de Sánchez de Losada fue el rechazo popular del contrato del gobierno con un consorcio transnacional para la exportación de gas natural a EE.UU. a través de Chile y México. El consorcio, llamado Pacific LNG, se compone de corporaciones de Gran Bretaña, España y Argentina. Una compañía de EE.UU. tiene el contrato para transportar el gas boliviano de Chile a México.

El contrato legaliza el saqueo por extranjeros del recurso natural más importante del país. Según sus disposiciones, Bolivia se quedaría solamente con el 18 por ciento de los $1.5 mil millones de ingresos anuales que se proyectan por la exportación del gas a EE.UU.--muy lejos del 50 por ciento que es típico en estas transacciones, de acuerdo a economistas bolivianos. El gas a ser vendido a la PNG, además, fue fijado a precios que son más bajos que los del mercado mundial. La diferencia significa la pérdida de miles millones de dólares adicionales para Bolivia durante la duración del contrato.

Sánchez de Losada fue quien firmó el contrato, dos días antes de concluir su primer cargo presidencial en agosto de 1997. Irónicamente, las protestas actuales contra la privatización del gas hicieron que durara menos de un año en su segundo mandato--después de pasar cinco años fuera de este cargo.

Los manifestantes lograron arrancarle concesiones importantes al asediado presidente antes de derribarlo. Sánchez de Losada consintió a un referéndum nacional a fines del 2003 para que los bolivianos decidan si quieren renacionalizar el gas natural del país--y accedió a modificar la ley existente para hacer posible la renacionalización. Sánchez de Losada también endosó el establecimiento de una asamblea constituyente como un componente normal del sistema político boliviano.

En realidad, estas victorias ya habían sido logradas en la tarde del 15 de octubre. Pero las protestas no concluyeron. La furia popular por los asesinatos brutales cometidos por las tropas de Sánchez de Losada--que mataron a más de 70 personas durante el levantamiento--exigía justicia para estos. Felipe Quispe, líder de la unión de trabajadores del campo (CSUTCB) declaró: "La sangre derramada es sagrada; no podemos negociar con ese carnicero".

Durante el 16 y el 17 de octubre, oleada tras oleada de luchadores indígenas llegaron a La Paz desde El Alto, la ciudad satélite de La Paz situada más arriba en los Andes y que es afectada por una gran pobreza. Los mineros de la misma región, marchando bajo la bandera de la Central Obrera Boliviana (COB), también se adentraron en la ciudad. Desde el sur y el oeste del país llegaron trabajadores, campesinos y cocaleros, todos determinados a deshacerse de Sánchez de Losada.

En la tarde del 17 de octubre, el centro de La Paz estaba abarrotado. Los residentes de los barrios obreros inundaron las calles, marchando a la mansión presidencial. Sánchez de Losada se escapó furtivamente en la oscuridad. El levantamiento fue el resultado de varias luchas concurrentes que se unieron rápidamente en un movimiento masivo con una meta común: la recuperación del gas boliviano.

El 19 de septiembre, la Coordinadora por la Defensa y la Recuperación del Gas--la sucesora de la Coordinadora en Defensa del Agua y la Vida que derrotó la privatización del agua en Cochabamba en abril de 2000--declaró una protesta nacional. Más de 150,000 protestaron en las mayores ciudades del país exigiendo que Sánchez de Losada rompiera el contrato con la PNG. El día siguiente, la policía militar atacó los bloqueos de caminos que habían sido impuestos como parte del levantamiento de los indígenas Aymaras, en la región de altiplano de Bolivia. El objetivo de la policía era el "rescate" de un grupo de turistas que no podía regresar a La Paz.

Pero la acción militar causó siete muertos incluyendo el asesinato de una niña de ocho años. Esta atrocidad impulsó a la Coordinadora a anunciar su apoyo a la rebelión indígena. También animó a la COB a convocar una huelga general a partir del 29 de septiembre. Al principio la huelga tuvo un éxito parcial. Pero según la huelga fue siendo identificada con la lucha por la defensa del gas natural contra las multinacionales--y según crecía la ira contra los militares por acribillar a un número creciente de manifestantes indígenas--otros sectores sociales se unieron.

Entonces la lucha se generalizó rápidamente entre la clase trabajadora boliviana. Para el 13 de octubre, una gran parte de la clase media se unió también. La iglesia católica abrió sus puertas a activistas de clase media que estaban en huelga de hambre y le pidió a Sánchez de Losada que renunciara.

Uno de los resultados inmediatos de las protestas masivas fue la recuperación de la legitimidad de la COB después de muchos años de pasividad y sumisión a los partidos políticos. El liderato anterior de la COB perdió su cargo durante en una votación durante su congreso nacional en abril. El nuevo liderato probó su calibre bajo fuego con el rol que desempeño en la rebelión. Según el servicio de noticias progresista Econoticiasbolivia, la COB se ha "en el jefe incontestado del levantamiento".

La lucha sigue mientras que las fuerzas de la oposición esperan para ver si el nuevo presidente Carlos Mesa, vicepresidente de Sánchez de Losada, va a satisfacer la lista demandas. Estas incluyen la anulación de las leyes que privatizaron los hidrocarburos y la agricultura, y la legislación que introdujo la flexibilidad laboral en Bolivia, la reconstrucción de la industria boliviana y la repudiación del tratado favorito de EE.UU., el Área de Libre Comercio de las Américas. Los luchadores también están exigiendo acción judicial contra los que fueron responsables de las muertes de los manifestantes y la anulación de la legislación que criminaliza la protesta social.

Oscar Olivera habla sobre la revuelta:
"El neoliberalismo nos ha destruido la vida, robándolo todo"

OSCAR OLIVERA es vocero nacional de la Coordinadora por la Defensa y la Recuperación del Gas, con sede en Cochabamba. Adquirió fama mundial como líder de la lucha que impidió que Bechtel se apoderara del sistema de agua privatizado de Cochabamba.

LA COORDINADORA del Gas fue fundada este año en una reunión nacional de representantes de los movimientos sociales, las ONGs, los sindicatos, y varios grupos de profesionales.

La primera gran marcha por el gas el 19 de septiembre fue convocada por la Coordinadora del Gas. En Cochabamba ha sido quien ha dado las pautas para las movilizaciones. Sin embargo, actualmente, no podemos hablar de un protagonismo de ninguna de las organizaciones. Es la propia gente autoconvocada que ha tomado las calles y los caminos.

El neoliberalismo nos ha destruido la vida, robándolo todo. Durante su primera administración, Sánchez de Losada privatizó todo excepto el aire, y fueron el capital internacional y la oligarquía boliviana los que se beneficiaron. La riqueza que representa el gas es nuestra última oportunidad--nuestra última esperanza--para salir de la pobreza en que estamos hundidos y fortalecer nuestra propia infraestructura económica. El gas boliviano debe ser destinado ante todo a construir una vida mejor y un futuro seguro para el pueblo boliviano. Pero eso sería imposible si el gas continúa en manos de las transnacionales.

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