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LO QUE PENSAMOS
¿Hay una alternativa real en las elecciones del 2004?

23 de enero de 2004 | página 2

CONFRONTAR A George W. Bush. Esto, nos dicen, es la razón principal para votar por el candidato Demócrata para la presidencia en 2004.

Al cierre de este número de Obrero Socialista, en vísperas del caucus de Iowa, todos los candidatos demócratas reclamaban ser el mejor para confrontar a Bush. Pero "confrontar", claramente significa distintas cosas para diferentes personas. Para el "establishment" del Partido Demócrata, significa un candidato que retará a Bush...pero no demasiado--ciertamente no tanto que a lo mejor ofenda a los míticos electores conservadores indecisos el día de las elecciones.

Los ataques contra el favorito en las encuestas, Howard Dean, han tomado un tono febril--y la mayoría proviene de los propios Demócratas. Sus reclamos son que Dean no es "elegible", que suena "muy enojado", que no entiende sobre seguridad nacional, o que es muy radical. ¿Enojado? Tonterías. Si alguien cree que Dean está enojado, que le pregunte a alguna de los millones de personas que han perdido sus beneficios de desempleo y que aún no pueden conseguir trabajo.

Estos ataques lograron que el apoyo para Dean bajara antes de las primarias en Iowa y New Hampshire. Una reciente encuesta entre Demócratas de Iowa reveló que muchos están tan frustrados con la incapacidad de los líderes del partido en Washington de confrontar a Bush, como también lo están con otros importantes asuntos, como la salud. Dean ha aprovechado este sentimiento y ha hecho de sus críticas al Consejo de Liderazgo Demócrata (CLD)--el grupo conservador que a conducido al partido hacia la derecha en las últimas dos décadas--un punto central de su campaña.

Primero, a pesar de la retórica de su campaña y de su imagen de mangas enrolladas, Dean no tiene mucho de insurgente. Igual o peor se puede decir de los otros candidatos. Pero más fundamentalmente, para los Demócratas, los desacuerdos entre los candidatos principales para la nominación se reducen a cuestiones de estrategia, y no de los principios del partido.

Históricamente, los Demócratas han reconocido las preocupaciones de su base liberal para lograr su apoyo--para luego ignorarla una vez sus votos estuvieran seguros. Porque al fin y al cabo, la razón más apremiante para apoyar a un Demócrata--quienquiera que sea--será el temor a cuatro años más de George Bush, no la esperanza que un Demócrata sería una gran alternativa.

Desde hace meses, los activistas han sido presionados a dejar todo lo demás a un lado y a apoyar un a Demócrata--cualquier Demócrata--como menos malo que Bush. Por supuesto, los Demócratas son diferentes de los Republicanos en por lo menos algunos asuntos de importancia real para la gente trabajadora. Pero esta perspectiva es demasiado estrecha porque pierde de vista las áreas mucho más amplias de acuerdo fundamental entre Republicanos y Demócratas.

La maquinaria del Partido Demócrata es lubricada por muchos de los mismos intereses corporativos que mueven a los Republicanos. De manera que si los jefes de IBM dictaban el nivel de compromiso real de Dean con los derechos de los trabajadores o el ambiente mientras él era el gobernador de Vermont, podemos apostar que los intereses corporativos estadounidenses guiarán sus acciones si él es electo presidente.

Igualmente, las prioridades del imperialismo estadounidense encarrilarán la acciones del próximo presidente en Irak y en el resto del mundo, no importa de qué partido venga. Las tácticas de los partidos pueden diferir--multilateral versus unilateral, con o sin las Naciones Unidas--pero las metas finales son las mismas.

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