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Captura de Saddam no cambia nada
Esto no es liberación

23 de enero de 2004 | página 4

"LO CAPTURAMOS". El jefe colonial de Washington, Paul Bremer, no pudo ser más jaquetón al anunciar que las fuerzas estadounidenses finalmente habían capturado el "as de espadas" días antes de la Navidad. George W. Bush, empapado de arrogancia, sonreía presumidamente para sus fotos publicitarias, y los aduladores pro-guerra de los medios de comunicación se regocijaban mientras transmitían interminablemente las imágenes de Saddam Hussein siendo empujado y pinchado como un animal durante un supuesto examen físico.

El mensaje de los belicosos de Washington era claro--finalmente habían ganado una victoria al haber "agarrado a su presa". Pero pocas semanas después, la verdad volvió a asomar la cabeza por entre esta nueva cortina de humo de Bush--que la pesadilla de la ocupación de Irak por Washington continúa.

Por ejemplo, la captura de Saddam no alivia el dolor de los muchos iraquíes que han sufrido tanta guerra, ni consuela a los soldados estadounidenses que han dejado sus familias para defender el poder colonial. Es un chiste cruel el tratar de decirles a los iraquíes que viven bajo la bota del ejercito de EE.UU. que ahora sí están "liberados" después de la captura de Saddam.

"Ustedes nos dijeron que nos traerían libertad y democracia, pero ¿qué se supone que pensemos?" le preguntó Hamed Hussein al periodista Robert Fisk del periódico británico The Independent. "A mi vecino, los americanos se lo llevaron frente a su esposa y sus dos hijos, le amarraron las manos en la espalda, y pocas horas después, luego de toda esta humillación, regresaron y le dijeron a su esposa que cogiera todas sus pertenencias más caras, y pusieron explosivos en su casa y la volaron. El es un agricultor. Es inocente. ¿Qué hemos hecho para merecernos esto?"

Nada, eso es la respuesta. Irak hoy es una pesadilla sangrienta que no tiene nada que ver con la libertad o la justicia para el pueblo iraquí. Han dejado de contar las víctimas iraquíes de la ocupación, pero sigue aumentando el número de presos, desocupados y desamparados.

Y el número de soldados estadounidenses muertos en el país sobrepasó 500 en enero. Esto no anima a los miles de reservistas de EE.UU., a quienes les prometieron que los iraquíes los recibirían como "libertadores", pero que ahora enfrentan una resistencia más hostil a su presencia. En la primavera irán otras tropas—40% de ellos reservistas--a reemplazar los soldados que llevan más de un año allí.

La captura de Saddam Hussein tampoco ha impedido las bajas sufridas por las tropas tailandesas y búlgaras, que murieron por bombas ocultas en automóviles en Karbala, ciudad del sur de Irak.

La guerra no tenía nada que ver con acabar con la tiranía de un dictador que antes era respaldado entusiasmadamente por EE.UU. Para reemplazar el poder colonial, Bremer y Bush sólo proponen una legislatura "interina" escogida por participantes "moderados" iraquíes favorecidos por la coalición estadounidense. Ahora lo más alarmante para Bremer es que los shiítas, bajo el liderazgo del Gran Ayatolah Ali al-Sistani, están reclamando su derecho a elecciones directas para el pueblo iraquí.

La guerra y la ocupación de George Bush siempre han sido para garantizar las ganancias petroleras de las corporaciones estadounidenses y para expandir el imperio político y económico de Washington. Es por esto que la resistencia al dominio de EE.UU. sobre Irak continuará creciendo, con más ataques iraquíes contra la autoridad "provisional" como la bomba suicida contra la sede estadounidense de ocupación en enero.

Es hora de exigir: ¡Alto a la ocupación ahora!

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