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PUERTO RICO
Soldado boricua resiste racismo y el maltrato militar

Por Roberto Barreto | 23 de enero de 2004 | página 4

El soldado puertorriqueño, Josean González, intentó salirse del ejercito por todos los medios legales. El reclutador le había asegurado que si no le gustaba la vida militar podría salirse durante las primeras semanas. Su estadía de dos meses en una escuela militar de Inglés ubicada en San Antonio, Texas resultó ser una pesadilla. Allí fue sometido a maltrato físico y mental y a discriminación racial, lo que le afectó su salud emocional. Josean quedó desequilibrado y desesperado por abandonar el ejército. Su madre temía que cometiera suicidio.

Para llegar a Puerto Rico, Josean gestionó una licencia para visitar a su madre enferma y al llegar anunció que no regresaría al ejercito debido al maltrato que había recibido. Así fue clasificado por el ejercito como un soldado ausente sin permiso (en inglés, AWOL, Absent Without Leave).

Su caso produjo gran interés en Puerto Rico ya que más de 5,000 soldados puertorriqueños han sido movilizados a Irak y Afganistán. La prensa lo apodó el Desertor Boricua‚ lo que a la vez causó profunda preocupación dado que hacía pocas semanas que el Ayudante General de la Guardia Nacional, Francisco Márquez, había advertido que los desertores se exponían a la pena capital.

Ante el caso de Josean el legislador independentista García San Inocencio dijo: "Esto se está dando en un clima de mucha circunspección y cuidado, porque los truenos que lanzó el general Márquez de que los que desertaran se exponían a pena de muerte, aparte de ser una exageración brutal y fuera de la verdad, estaban dirigidos a desalentar lo que es la actitud lógica y natural de los que han sido llevados bajo engaño a ese servicio militar".

La madre de González, Magdalena Acevedo, se comunicó con el Ejército para obtener ayuda psiquiátrica para su hijo y al llamar al Fuerte Buchanan le dieron una cita para que Josean visitara un psiquiatra. El día de la supuesta cita médica, no había ningún doctor esperando al joven, solo los policías militares que lo esposaron, lo montaron en un avión y lo retornaron a su unidad en Texas.

Esto causó indignación entre muchos en Puerto Rico y fue criticado ampliamente en los programas de radio abiertos al público. Según la madre, Magdalena Acevedo, "En la base donde él estaba se suscitaron muchas situaciones que le afectaron emocionalmente. Él pidió ayuda pero no se la dieron. Nunca me dijeron que tenía derecho a tener una cita con el general". Yo no recibí orientación de nadie, a mi nadie me dio la mano, sólo mi familia".

Josean se reclutó porque quería estudiar medicina y pensó que el Ejercito sería el medio para lograr esa meta. Esta traumática experiencia le permitió descubrir que lo que le ejercito promete es muy distinto de lo que en realidad ofrece. Al llegar a su unidad en Texas, González se exponía a medidas disciplinarias bajo el Código Uniforme de Justicia Militar.

Sin embargo, la presión ejercida en Puerto Rico a su favor ayudó a que recibiera un Capítulo 11 del Reglamento del Ejército 635-200 que permite la baja de un soldado que todavía no ha cumplido 180 días de servicio militar. Aunque en teoría todos los soldados tienen derecho a esto, muchas veces los comandantes mantienen a sus soldados ignorantes de sus derechos para poder retenerlos.

El caso de Josean González produjo también una polémica sobre el significado de desertar o resistir el servicio militar ahora que no hay Servicio Militar Obligatorio y todo el personal militar es voluntario.

El líder del Partido Independentista Puertorriqueño, PIP, Rubén Berríos señaló: "Todo el mundo sabe que eso es voluntario de mentira. La pobreza obliga y la situación económica menguada obliga a muchos puertorriqueños y puertorriqueñas a pertenecer a las Fuerzas Armadas bajo treta y engaño. Cuando una persona no tiene opción verdadera, en verdad no es libre ni voluntario", sostuvo.

Josean regresó a Puerto Rico, se recupera junto a su madre y tiene planes de comenzar estudios universitarios.

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