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LO QUE PENSAMOS
Kerry resulta ser 'el ungido' de los Demócratas
El "menos malo" es todavía malo

19 de marzo de 2004 | página 2

AQUÍ ESTÁN los resultados de la elección presidencial del 2004--ocho meses antes de abran las urnas el 2 de noviembre.

El ganador apoyó la guerra de EE.UU. contra Irak y favorece que su ocupación continúe. También apoyó la ley represiva conocida como el USA PATRIOT Act. Y también favorece más recortes de impuestos para los ricos, por ejemplo la disminución del impuesto a las ganancias capitales. El ganador apoyó la desprestigiada ley "No Child Left Behind" (Ningún niño dejado atrás) y quiere expandir la "reforma" educativa que permitiría quitarle dinero a las escuelas públicas para mandar a un número reducido de niños a escuelas privadas--la mal llamada "libre selección de escuelas".

"De seguro," como dice Sam Smith, editor de la revista Progressive Review, "habrá una segunda vuelta de consolación en la elección en que podremos decidir contra quién vamos a tener que luchar durante los próximos cuatro años".

Pero el surgimiento de John Kerry como el candidato presidencial casi seguro de los Demócratas--a menos que un accidente raro o un escándalo intervengan--garantiza que la Casa Blanca será ocupada por un miembro leal de la claque política de Washington que está de acuerdo con la mayoría de lo que ha ocurrido bajo el mando de George W. Bush.

Pero ésta no es la manera en nos lo van a pintar. Bush y Kerry ya se están tirando fango mutuamente. Pero la retórica de la campaña opaca la realidad. "Kerry votó a favor de tantas de las iniciativas de Bush que para distanciarse de ellas ahora, solo puede alegar que éstas han sido 'implementadas' equívocamente o engañosamente", escribió la columnista Marjorie Williams del periódico Washington Post, y que respalda a Kerry contra Bush. "Esto equivale a una confesión de que su adversario hizo un tonto de él por los últimos tres años. De hecho, uno podría argumentar que Kerry es el ejemplo emblemático de todas las formas en que los Demócratas del Congreso se dejaron arrastrar por la administración de Bush".

En cada elección, todo lo que oímos es de las diferencias entre los candidatos Republicanos y Demócratas, no importa cuan pequeñas sean. Este es el cuadro que nos pinta el círculo de poder en Washington que, por supuesto, se beneficia si el ámbito de la discusión política se limita a una franja muy estrecha, encerrado entre una derecha y una izquierda no tan lejanas representadas por los dos partidos dominantes.

Pero hay millones de personas a la izquierda de los Demócratas que quieren manifestar su oposición a la frialdad de los Republicanos, que también regularmente cifran sus esperanzas en estas supuestas diferencias. Sería útil que se fijaran en qué los Demócratas dicen que apoyan. Un discurso que pudo ser hecho por Bush.

En la secuela del golpe de estado llevado a cabo por EE.UU. en Haití a principios de marzo, Kerry declaró en un discurso sobre política exterior en California: "Yo no vacilaré en ordenar acciones militares directas cuando sea necesario para capturar y destruir a los grupos terroristas y a sus líderes". Según comentó el Washington Post, "Kerry pareció esbozar su propia doctrina de ataques preventivos".

"Ni una sola palabra," comentó el escritor de izquierda William Blum, "sobre las decenas de miles que han muerto por las acciones militares de EE.UU. en Afganistán e Irak; ni una palabra sobre todo lo que Estados Unidos ha hecho alrededor del mundo que concebiblemente pudiera causar un resentimiento justificable contra EE.UU. y que pudiera empujar a cualquier persona a tomar represalias. Ni una palabra sobre acabar para siempre, o por lo menos reducir, las intervenciones...No requiere un cinismo absoluto el subrayar que a lo más, a lo mejor, la queja que John Kerry tiene contra la administración de Bush con respecto a la política exterior del país--en la medida en que realmente exista--es una diferencia de opinión muy pequeña entre tecnócratas, con Kerry ofreciendo unos poquitos cambios, un pellizco aquí y otro allá".

Lo mismo se podría decir en cuanto a la posición de Kerry sobre otros asuntos. Por ejemplo, Kerry cotorreó la retórica--"el matrimonio es entre un hombre y una mujer"--usada por Bush y los Republicanos para oponerse al derecho al matrimonio de los gays y las lesbianas. De acuerdo a Marjorie Williams, las concesiones que Kerry le hace a la intolerancia lo dejan como el único congresista de Massachusetts que apoya el pésimo acuerdo de la legislatura del estado que prohibiría el matrimonio para los gays, pero permitiría las llamadas "uniones civiles".

Muchos activistas anti-guerra fueron atraídos a la candidatura de Dennis Kucinich, que por lo menos se opuso a la invasión y ocupación de Irak--y a la de Howard Dean, cuya reputación como opositor de la guerra era producto de su estilo y su retórica, y no de ninguna sustancia real. Pero ahora, la nominación ha sido entregada al Demócrata más profundamente sembrado en los círculos de poder de Washington--cuyas diferencias con Bush dependen de la dirección en que sopla el viento y de lo que digan los sondeos de opinión pública.

Para quienes se oponen genuinamente a la maquinaria militar de EE.UU., o para quienes quieren luchar por la justicia y contra la opresión, hay muchas razones buenas para votar en contra de Bush. Pero no hay buenas razones para votar a favor de John Kerry.

Kerry no representa una alternativa frente a Bush, sino otra forma del mismo programa político que Bush apoya--que unas veces nos es presentado con una fachada más gentil que otras. Nos merecemos algo mejor que este sistema limitado a dos partidos que continuamente lo único que nos da es la libertad de escoger entre dos males.

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