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HAITÍ
Golpe de estado con otro nombre

19 de marzo de 2004 | página 3

NOS MINTIERON para empujar la guerra contra Irak--y ahora mienten para encubrir su golpe de estado en Haití. Pero está claro que el presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide fue derrocado mediante un "cambio de régimen" auspiciado por Washington. "Nosotros [Estados Unidos] somos parte de este golpe tanto como lo son los rebeldes, los saqueadores o cualquier otra persona", dijo a los periodistas el representante Demócrata de Nueva York, Charles Rangel.

Washington no solo es reponsable por el golpe, sino que también influenció profundamente la selección del nuevo primer ministro del país--Gerard Latortue. Un "consejo de sabios" designó a Latortue, un empresario y ex-funcionario de las Naciones Unidas (ONU) que lleva años viviendo en Florida.

En seguida Latortue afirmó que perseguiría la cooperación económica con organizaciones multilaterales, tales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, para disminuir el subdesarrollo de Haití, el país más pobre de América Latina. Según los indicadores de la ONU, el 50 por ciento de la población no tiene acceso al agua potable, está desempleada, y vive bajo el umbral de la pobreza--con un ingreso de menos de un dólar al día.

George W. Bush insistió que todos los cambios fueron legales, reclamando que "la constitución haitiana sí funciona". Pero con la presencia de los Infantes de Marina estadounidenses fuertemente armados en la capital haitiana de Puerto Príncipe--enviados allí sólo después de la destitución de Aristide--se confirmó la verdadera naturaleza de la intervención de Washington en Haití.

Es una maniobra imperialista. Y para enfatizar este mensaje, Francia también envió sus propios soldados. Francia fue el amo colonial de Haití hace 200 años atrás, hasta que una revolución de esclavos afro-haitianos ganó la independencia. La meta de Washington en Haití--y la de París--no es únicamente destituir a Aristide, sino también prevenir el resurgimiento de las grandes luchas de masas como las de la década de los ochenta, en las que Aristide surgió como líder.

A la misma vez, EE.UU. piensa enviarles una advertencia a los gobiernos de Latinoamérica que han puesto resistencia a la agenda de Washington--particularmente a Venezuela, en donde EE.UU. apoyó el golpe fallido de 2002. Ahora la oposición golpista venezolana, envalentonada por la intervención de Bush contra Aristide, intenta derrocar otra vez a Hugo Chávez, el presidente populista democráticamente elegido.

Claro está, el papel de Washington en derrocar a gobiernos democráticamente electos en Latinoamérica no es nada nuevo. Las tropas estadounidenses intervinieron para "restaurar el orden" en Haití en 1915--y permanecieron allí durante 19 años.

Un golpe militar respaldado por la CIA derrocó a Aristide en 1991, a penas unos meses después de haber tomado su cargo como presidente durante su primera incumbencia. El terror que imperó luego de esto--y el éxodo masivo de refugiados que trataban de llegar a EE.UU.--presionó al entonces presidente Clinton a reinstaurar a Aristide mediante otra intervención y ocupación militar de Estados Unidos.

Pero el precio que Aristide accedió a pagar para que Clinton lo retornara a la presidencia fue muy alto, concediendo a las demandas de EE.UU. de instituir "reformas" neoliberales, tales como la privatización de las industrias más importantes, lo que terminó socavando la base social de apoyo que Aristide tenía entre los haitianos pobres. Pero para los republicanos derechistas que tomaron control del Congreso estadounidense en 1995, Aristide nunca podía hacer suficientes concesiones.

EE.UU. ha sufragado a la--supuestamente respetable--oposición conocida como la "Convergencia Democrática", la que es mantenida por la minúscula clase capitalista haitiana y sus compinches de clase media. Pero los carniceros de los regímenes militares haitianos del pasado siempre se han mantenido al acecho en las sombras.

"El equipo de política exterior del Presidente George W. Bush entró a la administración con toda intención de derribar al Sr. Aristide, y aparentemente se consumaron sus esfuerzos [el 29 de febrero]", escribió Jeffrey Sachs en el periódico Financial Times. Sachs es un economista de la Universidad de Columbia, y fue por muchos años un defensor entusiasta del "mercado libre" antes de convertirse en un crítico de Washington. "La tragedia, o el chiste cruel, es que el Sr. Aristide había indicado estar dispuesto a un compromiso, pero la oposición simplemente venía con una excusa tras otra--que nunca era el momento oportuno para llevar a cabo elecciones nuevas, como había propuesto el Sr. Aristide, o porque había 'problemas de seguridad', según estos". No importa el pretexto, EE.UU. mantuvo congelada la ayuda financiera, y la economía de Haití, marginada de fuentes de financiamiento bilaterales y multilaterales, se fue en picada."

Tales comentarios eran escasos en la prensa común, mientras que los periodistas repetían la línea del Departamento de Estado acerca de la "violencia" y la "corrupción" del gobierno de Aristide--como si se pudiera esperar la verdad de un departamento que ha sido expuesto por sus mentiras para justificar la conquista de Irak en su cruzada por petróleo e imperio.

La mayoría de los corresponsales de EE.UU. en Haití instintivamente tomaron el lado de la burguesía y sus mercenarios de la oposición. Pintaron a los asesinos conectados con la CIA como "rebeldes" heroicos mientras que desdeñaban a los partidarios de Aristide, describiéndolos como "pandillas armadas". La realidad es que a penas unas horas después de que Aristide fuera expulsado del país, surgieron informes de que los "rebeldes" estaban asesinando sistemáticamente a los partidarios de este.

Las tropas estadounidenses y francesas--autorizadas por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU--no contendrán a estos asesinos. Desafortunadamente la ONU legitimiza ante la llamada "comunidad internacional" el golpe de estado de Washington--como lo ha hecho con la ocupación estadounidense de Irak. E igual que en Irak, producirán más violencia. De hecho, los infantes de marina han asesinado a por lo menos seis personas--acusándolos de "francotiradores"--desde que llegaron al país.

Y esta vez Francia--el supuesto amante de la paz que se opuso a la guerra contra Irak--persigue su propia agenda imperialista junto con Washington. El golpe y la intervención en Haití exponen así la verdadera dinámica de la política internacional--un mundo en el que un puñado de países imperialistas poderosos imponen sin piedad su voluntad sobre las naciones más pequeñas y débiles.

Haití es un símbolo de resistencia desde que los esclavos derrotaron a los mejores ejércitos europeos de hace dos siglos atrás. Y ha sufrido continuas intervenciones imperialistas a través de su historia. Necesitamos alzar nuestra voz en contra de esta, la más reciente atrocidad contra Haití--y organizarnos para combatirla.

Si seguimos fortaleciendo el movimiento anti-guerra y contra la ocupación que surgió para oponerse a la invasión de Irak por EE.UU., podremos organizarnos para exigir la retirada de las tropas estadounidenses de Haití, y el regreso de Aristide. Tenemos que confrontar al imperialismo estadounidense, tanto en Irak como en Haití, y en cualquier parte del mundo donde intente plantar sus garras.

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