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¡EEUU fuera de Irak ahora!
Alto al baño de sangre

27 de mayo de 2004 | página 1

LAS IMÁGENES HORROROSAS de prisioneros iraquíes torturados por soldados estadounidenses--en la misma prisión donde Saddam Hussein encarcelaba a sus opositores--han escandalizado a muchas personas por todo el mundo. Es una prueba más, como si hiciera falta, de que el gobierno estadounidense no está "liberando" a los iraquíes de su opresión--sino que está imponiendo su propio dominio con mano dura.

Las fotos de la prisión Abu Ghraib son asqueantes. En algunas, hay hombres iraquíes desnudos, encapuchados y obligados a posar--mientras que soldados estadounidenses miran sin descaro a la cámara. En otra, un prisionero iraquí está de pie sobre un cajón con alambres atados a sus manos. Se le dijo que sería electrocutado si se caía o si se bajaba.

La administración de Bush trató de menoscabar la importancia de las fotos de tortura. George W. Bush proclamó su "repugnancia profunda" y prometió que los soldados abusivos serían castigados. Pero son Bush y sus compadres belicosos en Washington quienes deben ser castigados. Ellos justificaron su guerra en Irak creando un frenesí racista--y su objetivo siempre fue el dominar a Irak bajo el yugo de una ocupación.

Las fotos de Abu Ghraib simbolizan el objetivo del gobierno de EE.UU. desde el primer día de su guerra más reciente--obligar a los iraquíes a someterse a la voluntad de Washington. Hubo furia por las revelaciones de tortura por todo el Medio Oriente. "Ésta fue la última gota que derramó el vaso en cuanto a América", dijo a Reuters a fines de abril Abdel-Bari Atwan, editor del periódico árabe Al Quds Al Arabi. "Los libertadores son peores que los dictadores".

No debemos tragarnos las mentiras más recientes de la Casa Blanca--los altos funcionarios estadounidenses sabían desde el principio lo que sucedía en la prisión. La tortura ocurrió bajo un programa secreto aprobado personalmente por Donald Rumsfeld, el secretario de defensa, de acuerdo un reportaje del periodista Seymour Hersch publicado en la revista New Yorker.

Según Agence France Presse, el antiguo ministro iraquí por los derechos humanos Abdel Basset Turki, anteriormente miembro del Consejo de Gobierno de Irak, informó al supervisor estadounidense Paul Bremer de la tortura en Abu Ghraib, hace varios meses. "En noviembre, hablé con el Sr. Bremer de las violaciones a los derechos humanos en general, y en las prisiones particularmente", dijo Turki. "Él me escuchó pero no hubo respuesta...no le importaba la información que le di".

Estados Unidos tampoco está solo. Al revelarse el escándalo acerca de las fotos de tortura por soldados estadounidenses, el Daily Mirror de Gran Bretaña publicó imágenes asquerosas de tropas británicas que golpeaban y orinaban a un prisionero iraquí. A lo menos 17 miembros de las fuerzas estadounidenses han sido acusados o se encuentran bajo investigación por el abuso de prisioneros en Abu Ghraib.

Según el informe interno del mismo Ejército--concluido en febrero y hecho público a finales de abril por la revista New Yorker--entre octubre y diciembre de 2003, hubo en la prisión numerosos casos de "abuso sadista, descarado y caprichosamente criminal".

El informe, por el general de división Antonio Taguba, detalla los abusos que incluyen: romper luces químicas y verter el líquido fosfórico sobre los detenidos; verter agua fría sobre detenidos desnudos; golpear a los detenidos con una escoba y una silla; sodomizar a un detenido con una luz química y quizás un palo de escoba, y otros crímenes asqueantes. El informe de Taguba dice que los oficiales y los agentes de la CIA alentaban a los policías militares en la prisión a que "impusieran condiciones físicas y mentales favorables para la interrogación de los testigos".

Es decir, "ablandarlos" para interrogarlos. A través de cartas y correos electrónicos a sus familiares, el sargento de la reserva del ejército Ivan Frederick--uno de los soldados que encara la corte marcial por el abuso--dijo que los equipos de Inteligencia Militar, los que incluían a funcionarios de la CIA y a especialistas de contratistas privados de defensa, eran la fuerza dominante dentro de Abu Ghraib. "Yo cuestioné algo de lo que veía...tal como el dejar a los prisioneros en su celda sin ropa o vestidos con ropa interior femenina, el esposarlos a la puerta de la celda--y la respuesta fue, 'Así es como la Inteligencia Militar quiere que se haga'", le contó Frederick a su familia en enero.

En noviembre, Frederick escribió que un prisionero bajo el control de "otras agencias gubernamentales"--la CIA y sus mercenarios "contratistas civiles"--fue llevado a su unidad para interrogación. "Lo presionaron tanto que el hombre falleció," escribió Frederick. "Al día siguiente, vinieron los paramédicos y colocaron el cuerpo en una camilla, le pusieron una intravenosa falsa en el brazo y se lo llevaron".

Ahora, la administración de Bush dice que va a enviar a un nuevo supervisor para la prisión--el general de división Geoffrey Miller--para "limpiar" a Abu Ghraib. ¿Cuáles son las credenciales de Miller? Es el antiguo jefe del campo de concentración estadounidense en Guantánamo, Cuba--donde almacenan a cientos de prisioneros de Afganistán, Pakistán e Irak como animales en jaulas, y a quienes les niegan sus derechos sistemáticamente.

¿Y éste es el hombre que quiere EE.UU para asegurar procedimientos apropiados de detención e interrogación en Irak?

La administración de Bush tiene el descaro de preguntarse por qué no se ha ganado "los corazones y las mentes" del pueblo iraquí. Las fotos de Abu Ghraib muestran exactamente por qué. Día tras día los iraqíes despiertan para enterarse de otro ultraje cometido contra su pueblo--como la masacre de sobre 40 personas reunidas para celebrar una boda en el oeste de Irak. "Odiaba tanto a Saddam que cuando llegaron los estadounidenses, los vi como libertadores", dijo a Associated Press a fines de abril Dhia al-Shweiri, quien fue encarcelado dos veces bajo el régimen de Saddam Hussein.

Pero al-Shweiri regresó a Abu Ghraib en octubre--esta vez, como prisionero de los estadounidenses. Para él, "Muy pronto quedó claro que no son libertadores, sino ocupadores".

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