NOTE:
You've come to an old part of SW Online. We're still moving this and other older stories into our new format. In the meanwhile, click here to go to the current home page.








Pesadilla de Bush en Irak
La farsa de la soberanía

23 de julio de 2004 | página 1

"EL PUEBLO de Irak ha recuperado a su país". Así dijo muy engreído George W. Bush a finales de junio después de la "transferencia de poder" de sorpresa en Irak. Todo de relámpago porque los oficiales de EE. UU. estaban tan asustados por los ataques coordinados de la resistencia iraquí que adelantaron secretamente la fecha de la transferencia.

En vez de la esperada pompa y fanfarronería, los periodistas lo que presenciaron fue una conferencia de prensa aburrida en un salón fuertemente protegido. Solo 30 personas estaban presentes cuando el nuevo primer ministro Iyad Allawi--un títere de EE.UU. con conexiones con la CIA--dijo que fue un día "histórico".

Hasta los alcahuetes de la administración de Bush, no podían mantener su compostura cuando alegaban que Allawi va a dirigir a Irak hacia la "democracia". Un diplomático de alto rango le dijo a el diario Los Angeles Times, "El es un matón, pero es nuestro matón." Allawi no perdió tiempo prometiendo arremeter contra quien resista su gobierno.

Según el New York Times, el nuevo gobierno estaba tan paranoico acerca del fraudulento cambio de poder, que las fuerzas de seguridad inmediatamente clausuraron secciones de Bagdad--y varios hoteles se rehusaron a dejar entrar o salir a sus huéspedes, mientras que aviones estadounidenses sobrevolaban el sector.

Catorce meses después del comienzo de la ocupación norteamericana, las condiciones de vida en Irak son infernales. Incluso el gobierno norteamericano lo admite. Según un informe publicado a fines de junio por la Oficina de Responsabilidad General (GAO), en algunas áreas claves--incluyendo la electricidad, la seguridad y el sistema judicial--Irak está mucho peor bajo EE.UU. que bajo Saddam Hussein. En 13 de las 18 provincias de Irak--donde viven 20 millones de los 26 millones de habitantes del país--hubo disponibilidad de electricidad durante menos horas por día en mayo que antes del comienzo de la guerra que empezara hace más de un año.

La primera semana de julio, cazas estadounidenses atacaron una casa en Faluya--matando unos 15 civiles en el cuarto ataque aéreo desde el 19 de junio. Estas bajas se cuentan entre los 13,000 iraquíes asesinados por fuerzas de la coalición, según los informes de los medios de comunicación--y ese número no incluye a los miles de soldados y luchadores de la resistencia muertos por las tropas de EE.UU.

Según dijo George Bush, EE.UU. no sólo está reconstruyendo la infraestructura de Irak, sino que también está pagando la mayor parte de la cuenta. Otra mentira. EE.UU. ha gastado apenas un 2 por ciento de los $18.4 mil millones del paquete de ayuda que aprobó el Congreso el año pasado después de que la administración Bush exigiera dinero en efectivo para financiar la reconstrucción de Irak. Las autoridades norteamericanas de la ocupación se quedaron con dinero de Irak--gastando o destinando casi todos los $20 mil millones de un fondo de desarrollo especial financiado por las ventas petroleras del país.

Se suponía que el juicio propagandístico contra Saddam Hussein también demostraría que los iraquíes nuevamente están a cargo de su propio país. Sólo que no lo están. Como escribió el periodista del periódico The Independent, Robert Fisk: "Los norteamericanos retienen a Saddam Hussein. Los norteamericanos dirigen la corte en la que apareció. Los norteamericanos censuraron las grabaciones de la audiencia. ¿Quién tu crees que está gobernando el país?"

Ningún nuevo fantoche puede esconder la verdad de que es Estados Unidos quien corre el show en Irak--y que no hay ninguna democracia para los iraqués comunes. Irak posee la embajada permanente de EE.UU. mas grande de del mundo. Mas de 150,000 tropas de EE.UU. y otros países extranjeros todavía ocupan el país, y contratistas y empresas estadounidenses controlan totalmente el petróleo iraquí. "Por supuesto que todavía siento que estamos ocupados" dijo el artista Oassim al-Sabti a Associated Press. "No puedes encontrar ningún lugar en el mundo donde la gente aceptaría una ocupación. En estos tiempos América es la muerte. Nadie puede escapársele".

Ahora EE.UU. cuenta con su líder títere, Iyad Allawi, para aplastar toda resistencia sospechosa para sus amos norteamericanos, promulgando nuevas medidas de seguridad de emergencia--incluyendo toques de queda, restricciones al movimiento y "arrestos preventivos". Pero no importa cuánto EE.UU. o sus títeres iraquíes intenten aplastarla, la resistencia a la ocupación norteamericana continuará.

Según el informe del GAO, el número de ataques insurgentes "significativos" se disparó de 411 en febrero a 1,169 en mayo. En el día que el Embajador John Negroponte sucedió en su puesto al inspector de la ocupación Paul Bremer, los insurgentes mataron por lo menos a tres Marines norteamericanos. Negroponte declaró inmediatamente que una de sus mayores metas sería ayudar a derrotar a "los terroristas y los elementos delictivos que se oponen a un Irak libre".

Pero, tras bastidores, EE.UU. está intentando quedarse con el control. "La ideología se ha ido. Las ambiciones se han ido. No nos queda ningún objetivo", le dijo un oficial norteamericano anónimo la semana pasada a Robert Fisk en la antigua sede de la Autoridad Provisional de la Coalición (que ahora es la embajada norteamericana). "Estamos viviendo de un día para el otro. Todos lo estamos tratando de hacer ahora--nuestra única meta--es mantener todo cerrado hasta enero de 2005 [cuando se supone se realizarán las primeras elecciones iraquíes]. Ese es nuestro único objetivo--pasar las elecciones--y luego irnos al demonio".

Eso es poco consuelo para los seres queridos de los más de 850 soldados norteamericanos muertos en Irak--y los miles de miembros del servicio mutilados en la guerra. Luego están las enfermedades relacionadas con la guerra que no se pueden ver. Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine de comienzos de julio halló que un 17 por ciento--casi uno de cada cinco--de los soldados norteamericanos que vuelven de Irak estaban padeciendo desórdenes nerviosos post-traumáticos, gran depresión u otras aflicciones mentales severas.

Los problemas mentales relacionados con el combate son más altos entre los que sirvieron en Irak que en cualquier otra acción militar desde Vietnam. No es difícil entender por qué. Según el informe, uno de cada cuatro Marines norteamericanos estudiados dijo haber matado civiles iraquíes.

Más del 85 por ciento de quienes sirvieron en unidades combate de la Infantería de Marina o el Ejército dijeron que conocían a alguien que había sido herido o muerto, y más de la mitad dijeron que habían manipulado cadáveres o restos humanos. Es hora de acabar este horror--trayendo las tropas norteamericanas de vuelta a casa ahora.

Una encuesta de CNN-USA TODAY revelada el día de la "transferencia" de poder indicaba--por un margen de 2 a 1--que los americanos piensan que la transferencia de poder a los iraquíes no era una muestra de éxito sino una muestra de fracaso por la inestabilidad del país. Otro 63 por ciento dijo que pensaba que las tropas de EE.UU. van estar en Irak por lo menos tres años o mas.

Aunque la pandilla de Bush pueda cambiar que matón esté a cargo en Irak, no puede esconder la verdad a un número creciente de personas--en EE.UU. y en el exterior--que ven la ocupación como lo que es: una movida brutal por petróleo e imperio. Por eso cuando Bush viajó a Europa para convencer a los líderes de la OTAN a que cooperen en Irak, la visita requirió la operación mas grande de seguridad vista en Irlanda--para protegerlo de las manifestaciones contra la guerra.

Increíblemente, el opositor de Bush en las elecciones de noviembre--John Kerry--no promete nada mejor. ¡Dice que tiene un plan para salir de Irak en el 2008! No podemos confiar en que ninguno de los partidos en Washington le traiga la democracia a los iraquíes. Los Iraquíes se merecen el derecho a determinar su propio futuro.

Guillermo Crux contribuyó partes de esta traducción.

Página principal | Reportajes de este número | Retornar arriba