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REPORTAJE DIRECTO DESDE VENEZUELA
Chávez triunfa sobre la oposición apoyada por EE.UU.
Venezuela derrota a los golpistas

24 de septiembre de 2004 | página 3

LA VICTORIA abrumadora de Hugo Chávez en el voto revocatorio presidencial que se celebró el 15 de agosto, que contó con una participación masiva de votantes, ha frustrado una vez más a la oposición venezolana y a sus mentores en Washington. Pero la derecha seguirá tratando de socavar a Chávez y a su gobierno. En este reportaje especial, LEE SUSTAR escribe para Obrero Socialista desde Caracas sobre el referéndum venezolano -- y su impacto a largo plazo.

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LOS POBRES de Venezuela reaccionaron con júbilo al anuncio de la victoria de Hugo Chávez en el referéndum. Miles de personas del barrio colindante de Catia se concentraron alrededor de Miraflores, el palacio presidencial, de la misma forma en que lo hicieron en abril del 2002 para protestar contra y derrotar el golpe de estado respaldado por el EE.UU.

Esta vez, el ambiente era todo de celebración, con los manifestantes bailando en las calles al son de orquestas de salsa populares. Los jóvenes se apeñuscaban en la parte trasera de las camionetas. Uno de los muchos Chevrolets de los setentas que se ven en la ciudad--mantenidos en buena condición por necesidad y con el ingenio de los pobres de Caracas--apenas se movía cargando a 20 personas apiñadas adentro y parados en la capota.

El gentío todavía seguía creciendo en las calles cuando Chávez se dirigió a la multitud desde el balcón del palacio, poco después de las cuatro de la madrugada del 16 de agosto. Quizás la aclamación mayor ocurrió cuando él declaró: "Esto es un golpe al centro de la Casa Blanca".

Pocas horas después, los Chavistas organizaron caravanas de carros, tocando sus bocinas al ritmo de la consigna popular: "Uh, ah, ¡Chávez no se va!" Esto es una victoria para el pueblo", dijo Maria Luisa Delgado, una maestra jubilada, cuando ella y un amigo se preparaban para unirse a la celebración en medio del territorio de la oposición--el suburbio de clase media alta de San Antonio de los Altos. "Tenemos democracia verdadera en Venezuela, participativa y pro-activa".

Previsiblemente, la mal llamada Coordinadora Democrática--la coalición de la oposición que recibe fondos del National Endowment for Democracy, instrumento del gobierno estadounidense--declaró que hubo fraude en el funcionamiento del sistema electrónico que tabuló la votación. Pero estas declaraciones fueron deslegitimadas cuando los observadores internacionales--incluso el ex-presidente estadounidense Jimmy Carter--aceptaron los resultados anunciados por la Comisión Electoral Nacional, que indicaban que el "No" a la revocación ganó con 58 por ciento del voto, contra el 42 por ciento a favor del "Sí".

Hasta el propio el Departamento de Estado de EE.UU. decidió tragarse los resultados. Con 94 por ciento de los votos tabulados, Chávez logró casi 5 millones de votos--más de 1 millón de votos por encima de su total en los comicios del 2000. La oposición logró 3.6 millones de votos por el "Sí" en una votación que contó con la participación de un 80 por ciento de los electores elegibles, según estimados iniciales. La gran participación electoral en los barrios hizo claro que Chávez todavía cuenta con el apoyo del 80 por ciento de la población que vive bajo la línea de pobreza.

En un país, que según un informes recientes, tiene una desigualdad social más profunda que la de Brasil o la de Sudáfrica, los ricos siempre han odiado a Chávez porque ha levantado las esperanzas de los pobres. Hoy, lo odian aun más por cumplir con sus promesas con una serie de programas contra la pobreza costeados con los crecientes ingresos obtenidos de la exportación de petróleo.

Mientras tanto, EE.UU. considera que el nacionalismo de Chávez es una ruptura peligrosa con las políticas del neoliberalismo del llamado consenso de Washington. En una época de rebeliones populares en contra de condiciones económicas y sociales insoportables que han derrocado a gobiernos a lo largo de Sur América, Chávez intenta situarse como un líder regional.

También, sus denuncias habituales contra imperialismo estadounidense siempre han enfurecido a los oficiales norteamericanos--cosa que hoy en día adquiere mayor importancia debido a la crisis de la ocupación de EE.UU. en Irak. Todas de éstas son razones suficientes para que Washington quiera desestabilizar a Chávez.

Como Venezuela es el mayor exportador de petróleo de EE.UU., la situación ha sido aun más bochornosa para Washington. No sólo es que Chávez le pincha el ojo regularmente al Tío Sam, sino que lo hace con sus bolsillos llenos de dólares americanos. Por eso es que EE.UU. apoyó el golpe de estado contra Chávez en abril del 2002--descrito eufemísticamente como una "alteración temporera del orden constitucional" en el sitio de la red del Departamento del Estado de EE.UU.--e inmediatamente le otorgó reconocimiento oficial al gobierno golpista.

Pero la oposición mostró sus garras dictatoriales inmediatamente--lo que provocó una rebelión popular que derribó al nuevo régimen en sólo dos días y forzó a los militares a permitir que Chávez regresara al poder triunfantemente. Ahora, si un reportaje en el periódico español El Mundo es correcto, la CIA había llegado a la conclusión de que la victoria de Chávez en el referendo era inevitable--y que los espías de Washington se reunieron con sus contrapartes latinoamericanos en Chile para discutir los supuestos planes de Chávez de extender su "revolución bolivariana" a sus países vecinos.

Esto, por supuesto, son tonterías--pero provee un pretexto para tentativas futuras de aislar y desestabilizar a Venezuela. No obstante, esto será más difícil ahora. La victoria de Chávez es la séptima en una serie de éxitos electorales de su movimiento--incluso su primera elección en 1998 después del colapso de los partidos políticos venezolanos tradicionales; la elección de una asamblea constituyente encargada de redactar una constitución nueva el año siguiente; y la reelección de Chávez con un mandato de seis años en 2000.

Ahora Chávez obtuvo la mayoría más grande de su carrera. Pero esto no va a traerle estabilidad política al país. No solo es que la oposición y sus mentores de EE.UU. seguirán su hostigamiento, pero las contradicciones entre las políticas de Chávez y su base social se van a hacer más evidentes.

En una rueda de prensa antes del voto, Chávez se comprometió a reunirse con los líderes de la oposición inmediatamente después del referéndum--el ejemplo más reciente de una serie de intentos de llegar a un acuerdo con la oposición. Dado el tamaño de su victoria, es posible que pueda encontrar a alguien dispuesto a esto entre los grandes empresarios o figuras opositoras--pero solo para ganar tiempo hasta que puedan desafiarlo otra vez.

Trasfondo del ascenso del Chavismo

LAS RELACIONES entre Chávez y la oposición y los grandes empresarios llaman la atención al papel contradictorio de un hombre que se describe él mismo como un revolucionario, pero que dirige un estado capitalista dominado por una burocracia hostil. Gran parte de la administración civil permanece en manos de miembros de los dos partidos gobernantes tradicionales de Venezuela--el centroizquierdista Acción Democrática (AD), y el conservador Partido Social Cristiano (COPEI).

Estos dos partidos gobernaron a Venezuela por décadas según un pacto para compartir el poder negociado en 1958, después la caída de la dictadura militar. AD y COPEI convirtieron en mandato constitucional la condición de que solo candidatos que corrieran listas nacionales podían competir en las elecciones. También centralizaron el poder en el gobierno federal--por ejemplo, designando a los gobernadores estatales--pudiendo así impedir que otros partidos rivales, tal como el Partido Comunista, pudieran desplegar un desafío en serio.

Los cuadros de estos partidos habitualmente se robaban los comicios al intimidar a los votantes en las urnas, descalificar votos y manipular las listas de inscripción de votantes. Las maquinarias políticas omnipresentes eran sufragadas por los ingresos de la compañía petrolera, PDVSA, que fue nacionalizada junto con otras empresas en 1976, bajo el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez del partido AD.

Este tipo de capitalismo de estado reforzaba el poder político de los dos partidos gobernantes--y producía una economía y un estado impregnados por la corrupción. Durante la crisis financiera de los 1980, los oficiales del gobierno ayudaron a sus amigotes a asegurar acceso a dólares estadounidenses, permitiendo una fuga de capital de $11 mil millones fuera del país mientras que los sueldos reales de los venezolanos se precipitaron en un 20 por ciento.

Esto era síntoma de una crisis económica de estancamiento que era más amplia y que reflejaba la presión de la competencia del mercado mundial contra las empresas dirigidas por el estado. Mientras tanto, PDVSA, supuestamente manejada por el estado, se convertía en una potencia autónoma, invirtiendo dinero en operaciones fuera del país para disminuir sus impuestos.

Fue en este contexto que Pérez fue elegido a la presidencia otra vez en 1988. Entonces, lanzó un plan de austeridad neoliberal agresivo, recortando los gastos del gobierno y permitiendo aumentos inmensos en los precios de los bienes esenciales, como había especificado un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Esto provocó una protesta insurreccional y espontánea el 27 de febrero de 1989, en la cual tanto como 1,500 fueron muertos por la policía y las fuerzas armadas, de acuerdo a los activistas. La represión causó una crisis dentro del ejército entre las filas de los oficiales de rango intermedio y entre los soldados, incluyendo a Chávez.

En 1992, Chávez comandó un golpe militar contra Pérez, pero se rindió y fue encarcelado. Chávez no era visto como un aspirante a dictador militar, sino como un héroe popular -- y fue perdonado el siguiente año. Él comenzó a articular la cólera y las aspiraciones de los trabajadores y las de los pobres, que habían sufrido bajo las políticas neoliberales extremas del gobierno.

El porcentaje de trabajadores en el sector informal--los que trabajan como jornaleros, vendedores en la calle u en otros trabajos similares--aumentó de 34.5 por ciento a 53 por ciento de la fuerza laboral para el 1999. Los sueldos verdaderos en la industria venezolana--que incluye a las plantas de ensamblaje de la industria automotriz de General Motors y Ford--decayeron un 40 por ciento desde 1980 hasta finales de los 1990.

Esto formaba parte de una transferencia más profunda de la riqueza de los pobres hacia los ricos. Entre 1981 y 1997, el 40 por ciento más pobre de la población experimentó una caída de su porción del ingreso nacional de 19.1 por ciento a 14.7 por ciento, mientras que el 10 por ciento más rico se apoderó de un tercio del ingreso nacional. Entre 1984 y 1994, la pobreza casi se duplicó, alcanzando el 66 por ciento de toda la población.

Durante el mismo período, los recortes presupuestarios destruyeron lo que había sido uno de los estados de bienestar más desarrollados entre los países pobres. Los gastos en la vivienda y para el desarrollo urbano se recortaron 70 por ciento a principios de los 1990, los gastos médicos se recortaron 37 por ciento, y los del desarrollo social un 56 por ciento.

Todo esto significaba que Chávez encontró una audiencia lista para sus ideas de una "revolución Bolivariana" nacionalista--que tomó el nombre de Simón Bolívar, el líder de la lucha anticolonial contra España de a principios del siglo XIX. Aunque las políticas "bolivarianas" eran vagamente definidas, un punto estaba claro: que los pobres habían sufrido ya demasiado, y que su hora había llegado.

¿La revolución desde arriba?

LOS PARTIDARIOS de Chávez describen los cambios políticos en Venezuela como "el proceso", una forma corta de referirse al "proceso revolucionario bolivariano". "El proceso"--lo que Chávez ha descrito como un tercer camino entre el capitalismo y el comunismo "fracasado"--comenzó vacilantemente cuando él tomó su cargo en 1999.

El Plan Bolívar 2000 puso al ejército a cargo de la administración de varios programas contra la pobreza, como los de reparación de viviendas, escuelas y edificios públicos; y los de distribución de servicios médicos y de alimentos. Más abarcadora fue la reforma agraria.

En un país donde el 3 por ciento de la población posee 70 por ciento de las tierras agrícolas, el gobierno de Chávez distribuyó tierras del estado a 130,000 familias en 2003. La toma de las tierras de propietarios privados se ha autorizado, pero no se ha implementado. La reforma urbana de la propiedad de terrenos les otorgó títulos a las familias de barrios pobres donde las organizaciones comunitarias se habían organizado para pedirlos.

Sin embargo, la recesión económica de fines de los 1990, el colapso en el precio del petróleo, y la fuga del capital de Venezuela limitó los fondos disponibles para las reformas. Con la economía en contracción, la oposición pudo movilizar una marcha masiva en contra de Chávez el 11 de abril de 2002--lo que le sirvió como plataforma para el lanzamiento del golpe militar fallido.

El próximo golpe fue la huelga de la industria petrolera organizada por la federación laboral venezolana tradicional, la CTV -- históricamente "dependiente financieramente de los gobiernos sucesivos de AD y controlado políticamente por el partido AD", de acuerdo a un libro reciente sobre el país, escrito por Julia Buxton, especialista en asuntos venezolanos. Los trabajadores de la industria petrolera y el ejército pudieron romper lo que realmente era una huelga patronal, pero la economía quedó devastada, encogiéndose 8.9 por ciento en 2002 y otro 9.4 por ciento el año pasado.

La revista conservadora The Economist pronosticó engreídamente la caída eventual de Chávez. Pero el agudo aumento en el precio del petróleo--gracias en parte a la guerra y ocupación de EE.UU. en Irak-- lo ha cambiado todo. La economía venezolana va rumbo a crecer tanto como un 12 por ciento este año.

Esto le ha permitido a Chávez poder lanzar nuevos proyectos de reforma, conocidos como las "misiones", que brincan por encima de la ineficiente burocracia y refuerzan su base política. Los programas incluyen subsidios de alimentos para los pobres, asistencia médica en el campo y en los arrabales urbanos, ofrecida por médicos cubanos, y mejor acceso a la educación superior.

Las misiones fueron centrales en la movilización de numerosas delegaciones de los barrios al gigantesco mitin a favor del gobierno en Caracas el 8 de agosto--según algunos estimados, con la participación de un millón de personas. "La victoria de Chávez significa que Venezuela está comenzando a utilizar sus riquezas para el bienestar de su pueblo", dijo María Carmen, de 70 años.

Argelio, un joven de la misión contra la pobreza de Barrio Adentro, dijo que "las zonas populares" de Caracas como la suya eran claves para el cambio político venezolano. "El barrio de Del Valle es importante para la revolución venezolana, para nuestra libertad, para el patriotismo y para el pueblo de Venezuela".

Los programas contra la pobreza y las reformas, sumados a las denuncias frecuentes de Chávez contra el imperialismo norteamericano y el neoliberalismo, representan una ruptura con el consenso de Washington de las privatizaciones, la desregulación y la flexibilización del trabajo impuestos a través de América Latina. El círculo de asesores de Chávez incluye líderes de ATTAC, un grupo globofóbico francés y otros intelectuales izquierdistas bien conocidos internacionalmente.

Pero, ¿ constituye esto una "revolución"? En algunos aspectos, Chávez es como un retorno a los líderes latinoamericanos nacionalistas y populistas del pasado, como Lázaro Cárdenas en el México de los treintas o Juan Perón en la Argentina de los cuarentas. No obstante, mientras que estos gobiernos nacionalizaron las industrias más importantes para el desarrollo de sus países, Chávez no ha tratado de expropiar a la industria privada.

En su lugar, está tratando a usar su control de PDVSA para disciplinar a los empresarios venezolanos y para ser más agresivo en las negociaciones de los acuerdos de comercio--por ejemplo, oponiéndose al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En este sentido, Chávez persigue una política de "inserción soberana" en el mercado mundial, como la llama el presidente brasileño, Luiz Inácio "Lula" da Silva.

Ésta es una política de reimponer la iniciativa nacional en contra del imperialismo norteamericano y sus instituciones, como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Mientras que Lula ha capitulado ante estas presiones, Chávez se ha resistido, usando los ingresos de la venta de petróleo para trazar un rumbo distinto.

No obstante, Chávez ha seguido pagándole sus deudas a los usureros del FMI y ha tratado de reconciliarse con secciones de la clase capitalista venezolana. La mayoría de los obreros, incluyendo los que están organizados en la central izquierdista, la Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela, apoya a Chávez en contra de la oposición patronal. Muchos de los afiliados de la UNT se retiraron de la CTV tras la huelga patronal en la industria petrolera.

Sin embargo, los salarios reales que no han aumentado y la destrucción de trabajos por despidos y por la exportación de trabajos al exterior no han sido asuntos que el gobierno de Chávez haya abordado explícitamente. Una huelga a principios de este año por trabajadores de un sindicato independiente contra la compañía de acero de Venezuela--una compañía en que la mitad pertenece al estado y la otra mitad a un consorcio de multinacionales--puso sobre el tapete estos asuntos.

Por su parte, la CTV acusó a la UNT--que recibe tratamiento preferencial de Chávez--de ser virtualmente un brazo del estado. La UNT ha recibido recursos del gobierno, pero a veces se ha encontrado en contra de la política del gobierno.

Los capitalistas venezolanos que manejan las compañías privatizadas tienen sus propios vínculos con el mercado mundial y no quieren ceder la iniciativa a Chávez o al estado. Ellos y sus mentores en Washington--que incluyen tanto a Republicanos como a Demócratas--continuarán socavando el gobierno de Venezuela.

¿Ahora qué en Venezuela?

LOS RESULTADOS del referéndum en Venezuela son una victoria para todos los que nos oponemos al imperialismo estadounidense y al neoliberalismo--en Venezuela y en todo el mundo. Pero la polarización de la sociedad venezolana que se reflejó en el voto no va a resolverse por los resultados de la elección.

La intervención de Washington continuará. Los grandes empresarios venezolanos y los ricos puede que quieran un golpe militar como el de Chile en 1973. Pero las fuerzas armadas aún son leales a Chávez, así que ellos tendrán que construir una oposición electoral y esperar hasta un momento más oportuno.

Pero la frase a menudo citada de los partidarios de Chávez, sobre que "el ejército venezolano está del lado del pueblo" no garantiza nada contra un futuro golpe de estado. Los ejércitos son instituciones inherentemente rígidas, conservadoras y jerárquicas, en que la cadena de comando tiene que ser obedecida sin protestas si es que va a ser eficaz--y los oficiales de alto rango están socialmente entremezclados con los ricos y los poderosos.

El ejército, sobre todo, está en el centro de un estado que refleja y refuerza las relaciones de las clases sociales en la sociedad. La revolución bolivariana de Chávez ha tratado de reconfigurar y circunvalar ese estado--pero no lo ha desmantelado. Eso significa que el proceso de cambio social será continuamente obstaculizado y socavado, si no es bloqueado por completo.

Desde que la huelga patronal de la industria petrolera fue derrotada, los activistas de izquierda en las organizaciones populares y en el movimiento se ha quejado de que "el proceso" se ha burocratizado y desradicalizado. En una entrevista luego de que los resultados del referéndum fueron anunciados, Roland Denis, ex-ministro de planificación local en el gobierno de Chávez y activista de las organizaciones populares, dijo que la lucha se intensificará después de que terminen las celebraciones.

"Esto es un proceso que es inmensamente mayoritario, sostenido fundamentalmente, por supuesto, por las clases populares, y [los resultados de la elección] demuestran sus fuerzas", dijo Denis, quien fue forzado a renunciar a su puesto por ser demasiado izquierdista, según algunos reportes. "Es evidente, sin embargo, que los revolucionarios no pueden depender de un plan electoral para construir una sociedad nueva".

Agregó que hay una "gran contradicción entre la política del proceso y su programa" --disputas entre los dirigentes que quieren reducir la marcha de los cambios, y los que quieren romper con todas limitaciones y "profundizar" el proceso. Esto refleja el hecho de que Chávez ha podido hasta el momento balancearse entre clases antagónicas -- los capitalistas y los ricos por un lado, y los trabajadores y los pobres por el otro.

Como ha sido el caso en elecciones previas en Venezuela, el referéndum canalizó ese conflicto de clases hacia las urnas. Ahora, la victoria de Chávez, junto con el crecimiento económico y las misiones anti-pobreza, incrementarán las demandas populares por un cambio más profundo.

Esto podría impulsar a los trabajadores y a los pobres a una lucha por sus propios intereses--una reforma agraria más rápida y abarcadora, la reconstrucción del sistema tradicional de servicios médicos, salarios más altos, y más trabajos. Tales luchas serán enfrentadas con una resistencia feroz por parte de los empresarios y los ricos--y forzarán al gobierno de Chávez a escoger uno de los bandos.

En medio de esas batallas, el debate sobre la naturaleza y la dirección del proceso revolucionario en Venezuela se desarrollará--y tendrá un impacto enorme a través de América Latina y del mundo.

Traducción de Lance Selfa y Héctor Reyes

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