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EE.UU. mata a cientos en Faluya y Nayaf
¡Fuera de Irak ahora!

24 de septiembre de 2004 | página 4

Sue Niederer, vestida con una camiseta que decía "Presidente Bush mataste a mi hijo", confrontó a Laura Bush durante una parada de la campaña presidencial de la primera dama en Nueva Jersey el 16 de septiembre.

Antes de ser arrestada, Niederer exigió en voz alta el saber por qué murió su hijo, que era un soldado en Irak. Al sobrepasar la marca de más de mil soldados estadounidenses muertos--sumado a decenas de miles de muertos iraquíes--millones de norteamericanos se hacen la misma pregunta que Niederer.

Contrario a los discursos de Bush, donde expresa su optimismo sobre la "difusión de la libertad" en Irak, la resistencia iraquí a la ocupación está creciendo. Hasta la CIA, en un informe secreto preparado en julio, concluyó que es posible que Irak pueda caer en una guerra civil en 2005, según el New York Times.

La batalla entre las fuerzas armadas de EE.UU, y los rebeldes chiítas en Najaf, que concluyó a fines de agosto, demostró la profundidad del odio hacia la ocupación. Temiendo una revuelta iraquí más amplia si hubiera desplegado un ataque general, EE.UU. hizo grandes concesiones que interrumpieron las batallas sangrientas en la ciudad sureña de Nayaf. La batalla, que duró unas tres semanas, entre las tropas estadounidenses y el ejército Mahdi del clérigo chiíta Moktada al-Sadr, concluyó cuando Washington trajo a Nayaf desde Londres al Gran Ayatola Alí Sistani--donde estaba recuperándose de una cirugía--para negociar un cese al fuego.

Sin embargo, el acuerdo revela la severidad de la crisis que enfrentan los ocupadores norteamericanos. Este compromete al ejército estadounidense a mantenerse fuera de la ciudad--donde se encuentran varios de los sitios más sagrados de la interpretación chiíta del islam. Además, Washington tiene que pagar por los daños que causó en la ciudad de Nayaf.

En EE.UU., los medios de comunicación representaron este ataque estadounidense contra Sadr como una batalla que EE.UU. tenía que ganar a toda costa. Pero al fin y al cabo fue Sadr quien ganó la batalla--y no EE.UU. ni su gobierno de títeres dirigido por el Primer Ministro Iyad Allawi. Como dijo el diario Los Angeles Times, "Según el acuerdo, Sadr pudo abandonar la mezquita bajo amnistía por cualquier delito que haya cometido, con una invitación para participar en la política nacional, y libertad para sus milicianos, muchos de los cuales siguen fuertemente armados".

Por haberse atrevido a confrontar a EE.UU., Sadr ganó aun más apoyo entre la mayoría de la población iraquí que es chiíta. El hecho que EE.UU. tuvo que negociar un acuerdo en lugar de desplegar un ataque--que iba a dañar aun más a la Mezquita del Imam Alí, donde los partidarios de Sadr se habían refugiado--muestra que Washington sabe que la furia en contra la ocupación está a punto de desbordarse.

En vez de "desarmar" a sus militantes, Sadr salió de la batalla con sus fuerzas más o menos intactas. De hecho, él ahora está en libertad para recabar apoyo en otros bastiones chiítas del país--como lo es la "Ciudad Sadr," un inmenso y pobre arrabal de Bagdad.

"Pase lo que pase, Moktada gana" comentó en su página de la red Juan Cole, un profesor de historia del Medio Oriente y un experto en la resistencia iraquí. "De todos modos él no contaba con Nayaf sino hasta abril, y puede sobrevivir fácilmente sin esta. Su movimiento en los arrabales de las ciudades del sur está intacto, aun si su aparato paramilitar haya sido debilitado".

Además, según el diario Washington Post, "la estrategia militar de EE.UU. también ha sufrido un revés, especialmente porque Nayaf representa la tercera confrontación en cinco meses en la cual los insurgentes iraquíes lucharon contra tropas norteamericanas hasta que comenzaron a sufrir pérdidas, y entonces accedieron a un cese al fuego para descansar y reagruparse".

Así lo puso el analista Anthony Cordesman del Center for Strategic and International Studies : "EE.UU. empujó la peña hasta el tope de una confrontación militar decisiva, sólo para verla estrepitarse cuesta abajo de nuevo. "Sadr será visto por muchos iraquíes como el ganador, y Sistani como el hombre que tuvo que venir a última hora a negociar con Sadr, dada la realidad de un gobierno interino débil, cuyos líderes hicieron amenazas y fanfarronearon, y ni siquiera pudieron tomar acción".

Pero para EE.UU. el problema empeora, porque Nayaf representa una de las "áreas candentes" que amenazan con desbordarse. Mientras que los comandantes norteamericanos se preocupaban por Sadr en Nayaf, la fuerza aérea bombardeaba a Faluya, de donde los marines tuvieron que retirarse con el rabo entre las patas la primavera pasada.

EE.UU. ya se ha retirado en la práctica de la ciudad sunita de Samarra, al norte de Bagdad, y las batallas continúan en el pueblo de Bakuba. No habrá ni paz ni justicia para el pueblo iraquí hasta que EE.UU. abandone su país.

Traducción de Jeff Bale

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