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EL SENTIDO DEL MARXISMO
¿Una República de derecha?

Por Sharon Smith | 26 de noviembre de 2004 | página 3

GEORGE BUSH derrotó por poco a John Kerry en el Colegio Electoral, pero ganó el voto popular por un margen significativo de unos 4 millones de votos a lo largo del país. Los Republicanos aumentaron su mayoría en el Congreso, mientras en once estados se votó para prohibir el matrimonio gay. Y además en California se perdió el referéndum contra la ley de los "tres strikes", que condena a los convictos a penas de más de 25 años por crímenes menores.

Los Republicanos--y los conservadores sociales--barrieron en las elecciones del 2004, a pesar de la extrema polarización de la población.

Nadie puede culpar a Ralph Nader esta vez. El medio millón de votos que más o menos sacó Nader, no tuvo influencia en el resultado de esta elección. Los Demócratas se aseguraron de eso, dedicando meses de esfuerzos para mantener a Nader fuera de las papeletas electorales en varios de los estados más populosos del país.

¿A quién culpar, entonces? Desgraciadamente, las primeras conclusiones que vienen de la izquierda que apoyó el "Cualquiera-menos-Bush", son las de culpar a la población de EE.UU. Por ejemplo, el artículo de Justin Podur, "La mañana después", publicado en ZNet, dice lo siguiente:

Es hora de admitir algo. Hoy la más grande división en el mundo no es entre la elite de EE.UU. y su pueblo, o entre la elite de EE.UU. y los pueblos del mundo. Esa división es entre el pueblo de EE.UU. y el resto del planeta. La primera vez, George W. Bush no fue electo. Cuándo los Estados Unidos sembró a Afganistán de bombas-racimo, interrumpió allí la ayuda humanitaria, mató a millares de personas y ocupó al país, se podía interpretar eso como las acciones de un grupo de bribones que se había robado las elecciones y utilizaban el terrorismo como un pretexto para emprender la guerra. Cuándo EE.UU. invadió Irak--matando a 100,000 iraquíes según las últimas cifras--se podía argumentar que nadie había realmente consultado al pueblo estadounidense acerca de eso, y que la gente había sido engañada. Cuando EE.UU. secuestró al presidente de Haití e instaló una dictadura paramilitar, se podía argumentar que ésas eran las acciones de un grupo no electo que desprecia la democracia.

Pero con estas elecciones, todas esas acciones han sido justificadas retroactivamente por la mayoría del pueblo estadounidense.

Mucha gente puede ser influenciada por estos argumentos, porque el margen de la victoria de Bush fue mucho más amplio que cualquier predicción. El columnista del New York Times Nicholas Kristoff, por ejemplo, decía lo siguiente el 3 de noviembre: "Los Demócratas van vendiendo problemas; los Republicanos, en cambio, venden valores: Dios, el uso de armas, la oposición a los gays, la explotación de los recursos naturales".

Es verdad que el voto conservador y Republicano ha sido más alto que en el año 2000. La concurrencia del 55 por ciento de los votantes fue mayor que el 51 por ciento del 2000, pero menor del 60 por ciento que se predecía.

Se pensaba que una mayor concurrencia iba a dar a Kerry el empujón hacia la victoria. En vez de eso, muchos votantes nuevos, movilizados por los Republicanos, apoyaron a Bush. En Florida, Georgia, Virginia y Kentucky (que favorecieron a los Republicanos) hubo concurrencias record.

Mientras tanto, la población de edad estudiantil inscrita por los Demócratas se quedó en su casa sin ir a votar, aproximadamente en las mismas grandes proporciones del 2000. Vaya el resultado de los esfuerzos de Michael Moore y Bruce Springsteen, que hicieron campaña para Kerry.

Pero Bush ganó también votos de las bases tradicionales del Partido Demócrata. Esta es una estadística inicial, basada en sondeos de la CNN en la salida de los colegios electorales (y que por lo tanto puede cambiar). Sin embargo, da una idea del deterioro de la base tradicional de los Demócratas:

* El 23 por ciento de los gays votaron por Bush.

* El 36 por ciento de los afiliados a sindicatos votaron también por Bush (como lo hizo asimismo el 40 por ciento de los que tienen en su hogar a miembros de sindicatos).

* De los ganan entre $15,000 y $30,000 anuales, el 42 por ciento también votó por Bush.

* Lo hizo igualmente el 11 por ciento de los negros y el 44 por ciento de los latinos que votaron.

Buena parte de la izquierda "Cualquiera-menos-Bush" (CMB, o ABB por sus siglas en inglés) concluirá con menosprecio que los estadounidenses se ganaron lo que se merecen: cuatro años más de George Bush. Y muchos en el Partido Demócrata concluirán que hay que moverse más hacia la derecha, para apelar a la mayoría conservadora. Después de las elecciones Kristof argumentó que "La primera prioridad del Partido Demócrata es reconectarse con el corazón [de las regiones centrales conservadoras] de EE.UU.".

La profecía del "mal menor" destinada a autocumplirse

Ambas conclusiones se basan en la suposición de que la mayoría de los estadounidenses son incurablemente conservadores. Y que la izquierda de EE.UU. está condenada en el futuro previsible a permanecer como una minoría diminuta en un mar de conservadurismo. Fue sobre esta base que la izquierda apoyó a Kerry como el Demócrata más "elegible".

Las premisas de la política del "mal menor" se basan en la suposición de que lo más que podemos esperar en EE.UU. es la elección de una versión levemente mejor del candidato Republicano. La lógica del "mal menor" es una de esas profecía que acarrea su propio cumplimiento, cuando ningún partido de izquierda es nunca construido que sea capaz de desafiar al sistema bipartidista.

La elección del 2004 mostró la lógica patas arriba empleada por la izquierda CMB, cuando Kerry --"elegible" por su similitud con Bush--fracasó en ser electo. Fue así cómo, en un país donde la mayoría de la población ve a la guerra de Irak como un error, el hombre que llevó al país a esa guerra mediante falsos pretextos logró llevarse la victoria.

Con la misma estrategia antes usada por Gore y Clinton, Kerry abandonó a la base tradicional del Partido Demócrata, apelando a los votantes vacilantes de clase media blanca. Esto implicó que Kerry permitió a Bush definir las bases conceptuales del debate electoral, que en este caso era la cuestión del "terrorismo". Kerry no pretendió siquiera reconocer al movimiento obrero y se distanció todo lo que pudo de la cuestión del derecho al aborto y se opuso abiertamente al matrimonio gay.

Su oposición a la guerra de Irak fue tan condicional, contradictoria y confusa--dado que él era un candidato pro-guerra--que desperdició la enorme oportunidad de cristalizar en una oposición electoral coherente el sentimiento masivo contra la guerra.

La estrategia de los Republicanos, por el contrario, giró alrededor de fortalecer su base electoral conservadora cristiana. Cuándo Bush propuso el año pasado la prohibición del matrimonio gay, eso formaba parte de una estrategia calculada para dar un sentido de urgencia a los votantes socialmente conservadores. Bush nunca dejó de enfocarse en su base electoral. Fue así que los Republicanos lanzaron los referendos de prohibición del matrimonio gay en once estados, para atraer a las urnas a los electores socialmente conservadores, que también votarían por Bush.

Así, durante las semanas finales de la campaña, mientras Bush estaba muy ocupado apuntalando su base, Kerry se dedicada a apelar a la diminuta fracción de electores vacilantes, que trababan de decidir entre él o Bush. Mientras que Al Gore, en las últimas semanas de la campaña del 2000 logró tomar un aire algo populista, Kerry no hizo ningún esfuerzo así.

Es tiempo de reflexionar

Debido a la estrategia de Kerry, la agenda de Bush determinó los parámetros políticos de la campaña. La agenda derechista de Bush no enfrentó ninguna oposición coherente. En vez de eso, recibió un débil eco neoliberal, pro-guerra de parte de John Kerry.

Si la izquierda CMB está buscando a alguien a quien echarle la culpa, debería comenzar por mirarse larga y severamente a sí misma--y a su propia entrega incondicional a un candidato de derecha como Kerry. En vez de presionar a Kerry desde su izquierda, dedicó la mayor parte de sus energías a atacar a Ralph Nader y a los que trataron de construir una alternativa de izquierda genuina frente a los Demócratas.

Además, el hacer campaña por Kerry implicó que el movimiento contra la guerra, los movimientos de la mujer, el de los gays y el movimiento obrero abandonaron toda lucha significativa. Esto no fue sólo porque dedicaron todo su tiempo, su dinero y su energía a hacer campaña por Kerry, sino porque esas luchas habrían requerido criticar al candidato Demócrata por sus posiciones pro-guerra y sus otras posturas reaccionarias.

Las torturas en Abu Ghraib, que debieron haber provocado manifestaciones masivas de encolerizados activistas antiguerra, apenas si lograron un susurro del movimiento contra la guerra, o de John Kerry.

Así, esta elección se realizó sin una oposición al status quo Republicano, permitiendo que lo fundamental del debate político continuara en los términos de Bush; es decir, sobre una base derechista. Por ejemplo, el debate sobre el matrimonio gay no ocurrió entre dos partes--una que lo apoya y otra que se opone--sino entre dos candidatos que estaban opuestos a este. Y fueron estos parámetros los que fijaron el debate del matrimonio gay para el grueso de la población de EE.UU.

La conciencia de las masas, sin embargo, no es algo permanente, que jamás cambia. Cuándo existen movimientos en lucha y una izquierda fuerte y que habla claro, la conciencia de las masas cambia. Esa fue la lección de la década de los 60 y de principios de los 70, cuando la izquierda creció y la conciencia de las masas se desplazó también hacia la izquierda, con amplios márgenes de apoyo a los derechos civiles y al derecho al aborto.

Además, la conciencia es desigual dentro de la población en su conjunto. Sólo una minoría de estadounidenses en edad electoral votó realmente por Bush o contra el matrimonio gay. Más del 45 por ciento de los estadounidenses en edad de votar se quedaron en su casa. E incluso dentro de las cabezas de la gente, en la conciencia suelen estar mezclados elementos contradictorios. Es la única forma de explicar, por ejemplo, el alto número de gays que votó por Bush.

Votar es la forma más baja de expresión política, especialmente en EE.UU., dominado por dos partidos corporativos. Esto ha sido aun más cierto en las elecciones del 2004, cuando la capitulación de la izquierda frente a Kerry le negó a la mayoría de la gente la oportunidad de siquiera oír un punto de vista izquierdista.

Lo que podemos concluir de los resultados de la elección del 2004 es esto: en EE.UU. se necesita desesperadamente una oposición de izquierda, para que la masa de la población, explotada y oprimida por el sistema, tenga un medio de expresión política. Desgraciadamente, estas elecciones han sido un verdadero revés respecto a eso.

La mayor parte de la izquierda colapsó como oposición, y la política corriente se inclinó hacia la derecha, por todas las razones indicadas arriba.

Pero esto no significa que la conciencia no vaya a cambiar en el otro sentido... y probablemente mucho más rápido de lo que la mayoría de la gente piensa. Lo que podemos esperar es que Bush, con su nuevo "mandato" del voto popular, se tire a la ofensiva. Pero como Newt Gingrich hace una década atrás, Bush va a enfrentar una oposición.

Si decide relanzar la propuesta de una prohibición federal del matrimonio gay, enfurecerá a la mayoría que continúa oponiéndose a la discriminación contra los gays y lesbianas. Si trata de proscribir el aborto, instigará un nuevo movimiento por los derechos de la mujer. Al lanzar una ofensiva en Faluya, enfurecerá a millones de personas opuestas a la guerra.

En muchos sentidos, esta elección proporcionó una mera distracción de las verdaderas crisis que enfrentan la mayoría de los estadounidenses en este momento: la guerra que continúa, la falta de asistencia médica, trabajos con bajos salarios y los recortes masivos en el presupuesto. Estas crisis no van a desaparecer sin una lucha desde abajo.

Pero si es que vamos a evitar el repetir este panorama deprimente en cada ciclo electoral, la izquierda tiene que mirar profundamente dentro de sí, y aceptar la responsabilidad que le toca por su rol en la reelección de Bush, dado su celo en apoyar al mal menor.

Traducción inicial de Socialismo o Barbarie (Argentina).

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