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ELECCIONES EN URUGUAY
Otro gobierno de izquierda en Su América

Por Lee Sustar | 26 de noviembre de 2004 | página 3

LA VICTORIA de la izquierda en las elecciones en Uruguay fue una sacudida nacional--destruyendo 174 años de bipartidismo conservador--y se une al patrón del regreso de la izquierda en las urnas de Sudamérica.

Cuando el líder del Frente Amplio, Tabaré Vázquez, ganó la presidencia, esto significó que se encuentran en poder gobiernos de centroizquierda en todos los países del Cono Sur, excepto Paraguay.

Los resultados electorales en Uruguay son especialmente reconfortantes. Un país que había logrado un nivel de vida semi-europeo en los años 60 se tornó en un horror en los 70 y 80. "Al final del sueño de la Suiza de América, empezaba la pesadilla de la pobreza y la violencia", escribió el autor uruguayo Eduardo Galeano. "El espiral de violencia culminó en la dictadura militar, que convirtió a Uruguay en una vasta cámara de torturas".

El Frente Amplio tiene raíces en los años 70 como un proyecto de unificación de la izquierda. Después de la caída del muro de Berlín en 1989, la perspectiva reformista y electoral llegó a predominar en la izquierda uruguaya, y la transición democrática en los 90 le abrió un espacio político. Entonces, Vázquez ganó la alcaldía de la capital, Montevideo.

Hay muchas esperanzas de cambio en Uruguay. Hubo una crisis económica enorme entre 2000 y 2002, con el fracaso de la economía argentina. El plan de Vásquez reclama un "país productivo"--una alianza de los sindicatos y los sectores populares con las empresas más grandes. En este sentido, el programa de Vázquez es el contraparte de lo que propulsan Néstor Kirchner en Argentina y Luís Inácio Lula da Silva en Brasil, pretendiendo usar el llamado "mercado libre"--es decir, el neoliberalismo--para revivir la economía nacional.

Estos gobiernos se oponen a ciertos aspectos del neoliberalismo--por ejemplo, la oposición de Lula a los planes estadounidenses del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y las duras negociaciones entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero, como escribió el economista argentino Claudio Katz, "el modelo"--neoliberalismo--"sigue en pie."

Claro, hay muchas diferencias entres los gobiernos "centroizquierdistas" o "populares" en América Latina. En Ecuador, un país pobre y pequeño, el gobierno de Lucío Gutiérrez--quien logró el poder con el apoyo del movimiento indígena--actúa abiertamente en colaboración con Washington y el FMI. En Bolivia, el gobierno de Carlos Mesa--que tomó control después de la rebelión que forzó al anterior presidente a huir--usa la retórica del populismo para dividir y debilitar a la izquierda verdadera.

Por otro lado, el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela se autodenomina revolucionario--y gracias a su petróleo puede oponerse directamente a EE.UU. Pero Chávez también le sigue pagando al FMI la deuda creada por los corruptos gobiernos anteriores, a pesar de que 80 por ciento de la población sigue viviendo en la pobreza.

Pero esta no es toda la historia. Las ganancias electorales de la izquierda en América Latina son un reflejo de una rebelión social gigantesca--incluyendo el movimiento sin tierra en Brasil, el Argentinazo que forzó la renuncia de cuatro presidentes en diciembre del 2001, las marchas grandes de los indígenas en Ecuador, la caída del presidente de Bolivia mencionada arriba (por su privatización del gas), y la movilización popular contra el golpe de estado derechista en Venezuela en el 2002.

Los nuevos gobiernos de centroizquierda quieren controlar la resistencia e imponer "estabilidad"--en realidad, mantener las relaciones sociales de explotación. Por eso, la tarea de la izquierda, los sindicatos y los movimientos sociales es continuar sus luchas.

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