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EL SENTIDO DEL MARXISMO
El derecho de Irak a la autodeterminación nacional

Por Paul D'Amato | 18 de marzo de 2005 | página 3

CUANDO AL final del siglo XIX, Estados Unidos comenzó a imponerse como una potencia mundial, el Presidente William McKinley dijo a un grupo de misioneros que había orado pidiendo iluminación sobre que hacer con las Filipinas después que las fuerzas armadas estadounidenses les habían arrebatado la colonia a España.

El Presidente afirmó que sería una "cobardía" devolverle las Filipinas a España, "un mal negocio" entregárselas a sus rivales comerciales Francia y Alemania, y que dárselas a los propios filipinos sólo a conduciría al "caos y la anarquía" porque no "estaban preparados para gobernarse a sí mismos".

"No queda más remedio", concluyó pensativamente McKinley, "que hacernos cargo de todo, educar a los Filipinos y hacerlos mejores, civilizarlos y cristianizarlos, y por la gracia de Dios hacer lo mejor que se pueda con ellos, como nuestros hermanos por los que Cristo también dio su vida. Y me fui a la cama , y dormí profundamente".

Mientras McKinley dormía profundamente, la "mejora" de los filipinos tomó la forma de una guerra total contra el movimiento nacional filipino con matanzas en masa.

Existe algo más que un débil eco de aquella arrogancia imperial, de "la carga [abnegada] del hombre blanco", en las declaraciones de Condoleeza Rice justificando la continuación de la ocupación de Irak sobre la premisa de que los iraquíes "carecen de ciertas capacidades". Los argumentos que el Gobierno de EE.UU. aplica hoy --que el pueblo iraquí debe ser "mejorado" por EE.UU. para que sea capaz de gobernarse por sí mismo, y que abandonar Irak conduciría a la "anarquía y caos"--son prácticamente idénticos a las justificaciones de McKinley para la conquista.

Lamentablemente, argumentos similares son expuestos por liberales que alegan oponerse a la guerra en Irak. El principal editor de Alternet, Lakshmi Chaudhry, dice que sería inmoral "que dejáramos" al pueblo iraquí "morir en el tiroteo de una violenta guerra civil, alentada por los extremistas" que quieren establecer "un régimen tipo Talibán en Irak". En resumen, que la zorra debe quedarse en el gallinero para el bienestar de las gallinas.

Según esta paternalista y retorcida lógica, los iraquíes deben aceptar, por su propio bien, una fuerza ocupadora que ha producido la muerte de más 100,000 civiles, que ha encarcelado, torturado y asesinado a su pueblo; que ha impuesto un régimen dictatorial; que ha arrasado su infraestructura y economía; y que ha impuesto unas elecciones que van a aumentar los riesgos de conflictos entre tendencias religiosas.

En todo ello existe una aceptación implícita de la idea de que EE.UU. representa la "democracia" y que quienes se resisten a su conquista armada son representantes del "terrorismo" y del "extremismo". Lo que presenta la violencia del opresor--Estados Unidos--de forma más benigna que la violencia del oprimido--el pueblo iraquí que se resiste por todos los medios posibles.

Como escribió el revolucionario ruso León Trotski, " El amo de esclavos que mediante el engaño y la violencia encadena al esclavo, y un esclavo que mediante engaño o violencia rompe sus cadenas--¡no permitamos que los despreciables eunucos nos dicten que ambos son iguales ante el tribunal de la moral"!

Otro revolucionario ruso, Lenin, al defender el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas y anexionadas militarmente, atacaba consistentemente cualquier manifestación de lo que denominaba el "chovinismo de la Gran Rusia", el arraigado hábito, inculcado por los gobernantes imperiales de Rusia, que consideraba un derecho innato el dominio ruso de Ucrania, Letonia, Polonia y otras naciones bajo el yugo ruso.

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LA CLASE dominante en EE.UU., de forma sistemática e insidiosa, inculca el chovinismo estadounidense--ayudada por los sumisos medios de información. El resultado es que la inmensa mayoría de los estadounidenses, de forma inconsciente, aceptan el derecho de Estados Unidos a proyectar su poder sobre el mundo y a dominar las instituciones internacionales, así como a difundir muchos de los estereotipos sobre los árabes y los musulmanes que le ayudan a justificarlo.

Sin embargo el chovinismo estadounidense es incluso más tramposo que su variante rusa porque se encuentra mediado por los embelecos ideológicos de la democracia burguesa. Estados Unidos proclama ser el gran promotor de la democracia en el mundo, y una potencia mundial "renuente", especialmente bendecida con el respeto a los derechos humanos, la dignidad, etc.

Desgraciadamente, este chovinismo también ha afectado al movimiento contra la guerra en su rechazo a apoyar la resistencia iraquí.

Por ejemplo, en un artículo publicado el 22 de enero en el portal izquierdista de la red, Portside, con el título "The U.S. Left and the Iraq Election" (La izquierda estadounidense y las elecciones iraquíes), Mark Solomon objeta que "gran parte" de la resistencia iraquí "no tiene nada en común con la lucha de Vietnam y de otros movimientos de liberación". ¿Por qué? Porque carece de un "programa públicamente declarado". Los "pequeños grupos nativos", aduce Solomon, no "tienen más programa que liberar su país de la ocupación".

Pero más aún, afirma Solomon, una parte de la resistencia quiere establecer "una teocracia reaccionaria" si logra el poder en Irak y la "mayoría" son "antiguos baazistas" que "han caído en desgracia con sus antiguos socios estadounidenses, pero que siguen siendo enemigos de la fuerzas populares democráticas y aspiran a instaurar una dictadura baazista".

La periodista del Boston Globe, Molly Bingham, que permaneció casi un año en Irak investigando la resistencia hasta el pasado verano, ha llegado a la conclusión de que "el impulso inicial de casi todas las personas con las que he hablado era de carácter nacionalista--el deseo de defender a su país de la ocupación, y no la defensa de Saddam Hussein y de su régimen... Se ven a sí mismos, y son vistos por los demás, como iraquíes y musulmanes, que afirman luchar por sus familias, su país, su dignidad y sus creencias frente a la imposición de una estructura política por un país extranjero. Su lucha contra nosotros no es más complicada que esto, por lo que creo que la violencia seguirá hasta que nos vayamos".

Incluso aunque fuera cierto que la resistencia estuviera dominada por baazistas y por islamistas radicales, esa no sería la cuestión fundamental. Cualesquiera que sean la afiliación política y religiosa de los diferentes grupos y organizaciones de la resistencia, el objetivo principal, el único que une a las diversas fuerzas de la resistencia iraquí, es el "liberar a su país de la ocupación extranjera". Ese es precisamente el programa de la resistencia que requiere de nuestro apoyo.

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¿TIENE EL pueblo iraquí el derecho a la autodeterminación o no lo tiene? Si lo tiene, entonces tienen el derecho a resistirse a la ocupación de EE.UU., sirviéndose de todos medios que dispongan. Rechazar ese derecho--negarles el derecho a la autodeterminación y, por extensión, negar el apoyo a la resistencia (alegando que tiene la política y dirección "equivocadas") es equivalente a aceptar el derecho estadounidense a permanecer en Irak e imponer su voluntad allí.

Hoy en día ese es precisamente el talón de Aquiles de la izquierda estadounidense. Tras haber perdido su oposición instintiva al imperialismo de Estados Unidos, la gran mayoría de la izquierda no ha logrado comprender lo fundamental de lo que está pasando en Irak, y se ha preocupado por cuestiones secundarias que empañan, contradicen y niegan el asunto principal: el imperialismo estadounidense ha invadido Irak para llevar adelante sus objetivos imperiales.

Basándonos sólo en esto, la resistencia a la ocupación merece nuestro apoyo. Tenemos que argumentar que los estadounidenses no tienen derecho alguno a tomar decisiones sobre el tipo de sociedad que los iraquíes vayan a tener--esta decisión les corresponde sólo a ellos. "Irak para los iraquíes", y cualquier otra postura es una capitulación ante el chovinismo.

Trostki alegaba que la lucha por la independencia de las naciones oprimidas era progresista no sólo porque liberaba a la nación oprimida del yugo político, militar y económico, sino también porque "le asestaba un golpe al imperialismo". Para Trostki, cuando se trataba de la dominación de un país débil por parte de una potencia imperialista, la cuestión no se centraba en la naturaleza del gobierno o de las políticas implicadas, sino en el carácter objetivo de la guerra.

Él escribió lo siguiente: " Esa es, concretamente, la razón por la que en la lucha entre una república civilizada, imperialista y democrática y una monarquía atrasada y bárbara en un país colonizado, los socialistas nos ponemos de lado del país oprimido, a pesar de su monarquía, y contra del país opresor, a pesar de su 'democracia'. El imperialismo encubre sus propios fines-- establecimiento de colonias, mercados, suministro de materias primas, esferas de influencia--con argumentos como 'salvaguardar la paz contra los agresores', 'defensa de la patria', 'defensa de la democracia', etc. Ideas todas ellas falsas. Y es obligación de todo socialista no apoyarlas sino, por el contrario, desenmascararlas ante los pueblos".

Traducido originalmente para Rebelión.org por Felisa Sastre

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