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LO QUE PENSAMOS
Una cuestión crucial para los activistas
El argumento por una salida inmediata

20 de mayo de 2005 | página 2

LOS REPUBLICANOS y los Demócratas están de acuerdo sobre esto-- que por ahora Estados Unidos no puede retirar sus tropas de Irak. De acuerdo a la administración de Bush, las fuerzas estadounidenses deben ayudar a Irak a completar su transición hacia la democracia, para prevenir que sea tragado por un remolino de violencia que conduzca a una guerra civil.

A pesar de que los Demócratas critican a Bush de vez en cuando por su prisa para invadir a Irak, la mayor parte de ellos no suenan muy diferente. "Ahora que estamos ahí, estamos ahí, por lo que no podemos irnos", dijo Howard Dean, el nuevo líder del Comité Democrático Nacional. A fines de abril Dean instruyó a 1,000 miembros de la ACLU (una organización defensora de los derechos civiles) acerca de los "peligros" de una salida inmediata. "Espero que el presidente sea increíblemente exitoso con sus planes", declaró Dean.

Desafortunadamente, algunas voces dentro del movimiento anti-guerra han adoptado la misma actitud. Por ejemplo, Erik Gustafson, director del Centro de Educación para la Paz en Irak, criticó las protestas en contra de la guerra que se llevaron a cabo por todo el país el 19 de marzo--el segundo aniversario de la invasión--por supuestamente "abandonar al pueblo iraquí". "La única forma responsable de salir de Irak es construyendo la nación de Irak", dijo él.

La coalición anti-guerra nacional Unidos por la Paz y la Justicia (UFPJ, por siglas en inglés) está promoviendo la resolución ante el Congreso de la Demócrata liberal, la Representante Lynn Woolsey, que aboga por la salida de EEUU. de Irak.

Sólo que la resolución de Woolsey no es por una salida inmediata, sino que hace un llamado a la administración Bush para que "desarrolle e implemente un plan para comenzar la salida inmediata de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos de Irak"--una formulación contorsionada para evitar el simple llamado a una retirada inmediata. Woolsey insistió en una conferencia de prensa el 9 de febrero, "quiero dejar claro--yo no abogo por una estrategia de salir corriendo. Sería irresponsable para Estados Unidos abandonar al pueblo iraquí. Debemos jugar un papel en facilitar la transición hacia una democracia estable".

Todo esto enfatiza un debate que los activistas anti-guerra debemos confrontar--¿debemos exigir la salida de las tropas de EE.UU. ahora, o algo diferente?

Primeramente, debe esclarecerse que una inmensa mayoría de los iraquíes--85 por ciento, de acuerdo a las encuestas del iraquí Saadoun al-Dulaimi, del Centro iraquí para la Investigación y Estudios Estratégicos--favorece la retirada de las tropas americanas tan pronto como sea posible. El movimiento anti-guerra de este país debiera defender los sentimientos de esta vasta mayoría.

El argumento a favor de posponer la retirada--que las fuerzas estadounidenses proveen seguridad o promueven democracia--es completamente erróneo.

Las fuerzas armadas estadounidenses son la fuente mayor de violencia y caos en Irak--y lo han sido desde el comienzo. Por ejemplo, durante el saqueo de los edificios gubernamentales después de la caída del previo régimen, las fuerzas estadounidenses se hicieron de la vista larga--excepto en el Ministerio del Petróleo iraquí, que fue custodiado por los Marines. Y mientras los oficiales estadounidenses pintan a Irak como amenazado por "terroristas", la verdad es que estudio tras estudio--desde el Ministerio de Salud iraquí hasta la revista médica británica The Lancet--ha encontrado que las fuerzas ocupadoras son responsables por la gran mayoría de las muertes de civiles.

De hecho, cada segundo que EE.UU. permanece en Irak, este produce más barreras que impiden el desarrollo de un gobierno propio de los iraquíes. Primero, EE.UU. está construyendo más de una docena de bases militares permanentes a través del país--para controlar Irak en el futuro, y por consecuencia al resto del Medio Oriente.

"Una de las cosas más importantes que podemos hacer ahora es comenzar a obtener la aprobación de [las autoridades iraquíes]", dijo el General retirado Jay Garner, quién dirigió la ocupación hasta mayo del 2003. "Recuerden las Filipinas a principios del siglo XX. Eran una estación carbonera para la Marina...es eso lo que Irak va a ser por las próximas décadas: nuestra estación carbonera que nos da una gran presencia en el Medio Oriente".

EE.UU. también está decidido a cumplir otra meta antes de cualquier retirada--la privatización de la economía iraquí. Ese era el meollo de las infames "100 órdenes" de Paul Bremer, segundo virrey de la ocupación de Irak.

"De acuerdo a casi todos los estándares económicos, el plan...es extremo--de hecho, pasmoso", escribió el economista Jeff Madrick en el New York Times. "Inmediatamente haría la economía de Irak una de las más abiertas al comercio y el flujo de capitales en el mundo, y establecería uno los más bajos sistemas tributarios del mundo, sean países ricos o pobres. Y eliminaría casi todas las restricciones a la inversión extranjera. Le permitiría a un manojo de bancos extranjeros apoderarse del sistema bancario doméstico".

Si esto suena muy distinto al asunto de traer la democracia a Irak, es porque EE.UU. siempre usa esa retórica para ocultar sus verdaderas intenciones. Aquellos en el movimiento anti-guerra que apoyan la resolución de Woolsey--y otros llamados similares a una "retirada responsable"--se alejan de las posturas que han guiado a las organizaciones y movimientos opuestos a las intervenciones militares de EE.UU. alrededor del mundo.

El derecho básico a la autodeterminación de Irak--que sean los propios iraquíes quiénes determinen su propio futuro--necesita ser reafirmado. Las fuerzas armadas norteamericanas son el principal obstáculo para que los iraquíes ejerzan este derecho.

No es más "sensible" o "compasivo" el reclamar "una salida eventual", y a la vez esperar que las tropas estadounidenses "traigan democracia" o ayuden a construir instituciones autónomas iraquíes--algo que la máquina de guerra estadounidense nunca ha hecho, en ninguna parte del mundo.

El movimiento anti-guerra necesita solidificar su reclamo por la inmediata salida de todas las fuerzas estadounidenses de Irak.

Traducción de Orlando Sepulveda

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