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Bush está perdiendo la ocupación de Irak

julio-agosto de 2005 | página 1

El discurso de George W. Bush del 28 junio para "tranquilizar al pueblo estadounidense" sobre su guerra por petróleo e imperio no convenció ni siquiera a los Republicanos. La crítica creciente que emana de sus propias filas disminuyó un poco, pero legisladores como el Sen. John McCain (de Arizona) se quejaron comoquiera de que la administración estaba muy lenta en entrenar a la nueva fuerza de seguridad iraquí para que se haga cargo de mantener la ocupación.

Por supuesto, la protesta de McCain es un síntoma de un problema más profundo para EE.UU.--que la ocupación es odiada por la gran mayoría de los iraquíes, y la oposición activa sigue creciendo.

En particular, la resistencia armada--lejos de limitarse a "terroristas extranjeros" y miembros del régimen anterior--es apoyada por amplios sectores de la población y se ha intensificado mucho. Cuando al Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, le preguntaron sobre la insistencia de Dick Cheney en que la resistencia estaba en su "última agonía", dijo estar de acuerdo--pero añadió que la "última agonía" podría durar hasta 10 años más.

Todo esto ha producido un mayor cuestionamiento de la guerra. Un sondeo reciente reveló que seis de cada diez personas piensan que algunas o todas las tropas estadounidenses deben ser retiradas de Irak inmediatamente.

Esto es una reivindicación de todos los que se opusieron a la ocupación desde el principio. La caída en el apoyo a la ocupación en las encuestas presenta un panorama de descontento y suspicacia de la administración, en marcado contraste al "país conservador" que supuestamente acudió a votar por Bush el noviembre pasado.

Desgraciadamente, algunos líderes del movimiento anti-guerra, mientras celebran correctamente el sentimiento creciente contra la guerra, juzgan equivocadamente su origen.

Por ejemplo, la co-fundadora del grupo Global Exchange, Medea Benjamin, sostuvo recientemente que este junio pasado será recordado en la historia como un hito para el movimiento anti-guerra--sobre todo porque "un número importante de legisladores empezaron a exigir una estrategia para la eventual salida de Irak".

Phyllis Bennis del Instituto de Estudios de Política se hizo eco de las palabras de Benjamin en "temas de conversación" escritos para la coalición nacional anti-guerra Unidos por la Paz y la Justicia (UFPJ, por sus siglas en inglés). El análisis de Bennis no mencionó la fuente obvia de la crisis de EE.UU. en Irak--la resistencia armada de los iraquíes, que ha le ha causado rabietas al Pentágono y su poderosa maquinaria de guerra. En cambio, ella la atribuyó a "años de organización cuidadosa e intensa, local y nacional," culminando en "un punto importante en donde se viró el sentimiento de la opinión pública en contra de la guerra, y que resultó en cambios en el Congreso".

Esto lo pone todo al revés. El movimiento anti-guerra se estancó en la práctica durante la campaña electoral del año pasado.

Además, Bennis exagera la importancia de varias resoluciones del Congreso sobre Irak auspiciadas por Demócratas liberales--que son, en realidad, medidas tímidas e insuficientes. Por ejemplo, la resolución auspiciada por el liberal Dennis Kucinich reivindica el retiro de tropas de Irak a partir de octubre de 2006--más de un año en el futuro. Y su co-auspiciador, el Representante Walter "Freedom Fries" Jones, subraya que la resolución reivindica solamente el retiro parcial--y así mantiene la presencia militar de EE.UU. para manipular la política en Irak.

Por supuesto, es algo positivo que ciertos legisladores se sientan motivados a responder al creciente descontento público. Al mismo tiempo, no se puede negar que la mayoría de los representantes Demócratas están resueltamente a favor de la guerra. Entonces, cuando se sometió a votación en el Senado la demanda de Bush de $82 mil millones adicionales para financiar las ocupaciones de Irak y Afganistán, esta fue aprobada unánimemente.

La respuesta Demócrata al discurso de Bush del 28 de junio, por el Sen. Joe Biden (de Delaware), se limitó explícitamente a la cuestión de cómo realizar la ocupación más efectivamente, y no a la cuestión de terminarla inmediatamente.

Asimismo, John Kerry hizo eco de la retórica de su campaña presidencial y defendió a Bush a medias. Luego del discurso, cuando le preguntaron, "¿Recibe Bush un trato injusto?", Kerry contestó, "Hasta cierto punto, creo que sí. Y lo he dicho públicamente. Hemos progresado algo".

La declaración de Kerry refleja la opinión bipartita de las altas esferas de Washington que cree que Irak tiene demasiada importancia para los intereses estadounidenses como para perderlo. Detrás de la retórica, el objetivo de los dos partidos pro-guerra es encontrar un mejor gobierno títere y re-empaquetar la ocupación, no terminarla.

La campaña electoral pro-guerra de los Demócratas fue responsable de desmovilizar el movimiento anti-guerra y desviar las crecientes dudas y cuestionamiento de la guerra. Sin embargo UFPJ y otras organizaciones del movimiento anti-guerra esperan otra vez que los Demócratas los guíen.

Nunca ha habido un movimiento que haya sido construido renunciando a sus principios. Tenemos que presionar a los políticos, y no adaptarnos a sus posturas--o en nombre de llegarle al mítico "corazón conservador del país", diluir nuestro mensaje hasta que no nos quede mensaje alguno.

Las demostraciones nacionales del 24 de septiembre proveerán la oportunidad a los activistas anti-guerra de base para llegar más ampliamente a nuevos sectores que se oponen a la guerra. En septiembre, tenemos que alzar nuestra voz y exigir el retiro completo e inmediato de las fuerzas estadounidenses de Irak.

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