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Sobrevivientes de Katrina
¿Los abandonará Washington por segunda vez?

septiembre-octubre de 2005 | página 1

¿Será posible que la tragedia evitable del Huracán Katrina sea usada para causarle más dolor a los sobrevivientes? Pero eso es exactamente lo que pasará si George W. Bush y el Congreso Republicano se salen con la suya.

Luego de que finalmente empujara a Michael Brown, el incompetente director de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), la Casa Blanca lanzó una campaña publicitaria muy amplia en la que Bush hizo su tercera visita a la Costa del Golfo de México y prometió más asistencia por encima de los $52 mil millones ya aprobados por el Congreso. Pero la pregunta es: ¿Adónde irá a parar ese dinero, y para qué?

Los problemas de desempleo y la pérdida de sus hogares para el pueblo trabajador de la región de Nueva Orleáns y del sur de Mississippi son enormes. No obstante, los Republicanos en el Congreso están más interesados en maquinar planes para supeditar los gastos de asistencia a sus metas conservadoras.

Se han aprovechado para impulsar una colección de sus proyectos favoritos--como el uso de vales para subsidiar a escuelas privadas, y la canalización de fondos públicos a grupos religiosos con el pretexto de la ayuda de emergencia.

¿Y qué del dinero para la reconstrucción? Al tope de la fila está Halliburton, que ha recibido los contratos de reparación de instalaciones militares damnificadas, sumándole a la lista de contratos corruptos que tiene la antigua compañía del vicepresidente Dick Cheney en Irak. Y entre las primeras acciones que Bush tomó respecto a la reconstrucción fue una orden ejecutiva que suspendió las leyes que les garantizan sueldos justos a los trabajadores de la región.

Mientras tanto las elites blancas y ricas de Nueva Orleáns están planeando un programa de reconstrucción que abandonará a gran parte de la ciudad, donde el grueso de la población--la cual era más de dos terceras partes afroamericana--vivía antes del huracán. Su visión de Nueva Orleáns es convertirla en un parque turístico al estilo de Las Vegas, y en hogar para los ricos, cuyas mansiones se salvaron de lo peor de la tormenta.

Sin embargo, el éxito de estas propuestas Republicanas dista de estar asegurado. Dado que la aprobación de Bush registrada en las encuestas va en picada, la furia sigue creciendo contra el genocidio por ineptitud burocrática que se vistió de respuesta gubernamental ante la emergencia de Katrina.

Decenas de millones de personas en EE.UU. se han movido no sólo a criticar a Bush, pero han ido más allá, criticando todo el curso que va tomando la sociedad estadounidense--incluyendo la sangrienta ocupación de Irak y la "guerra contra el terror" que nunca se acaba.

Este cambio de ánimo político impulsó a congresistas Demócratas a solicitar una moratoria de la nueva 'reforma" a las leyes de bancarrota que forzaría a la gente que no pueda pagar sus cuentas a asumir una deuda perpetua. Otros abogaron por la flexibilización de la elegibilidad para Medicaid y otros programas de asistencia social para que cubran a los supervivientes de Katrina.

Estos son pasos muy modestos en la dirección correcta, pero se quedan muy cortos de lo que es necesario.

Cientos de miles de personas de Nueva Orleáns y de la Costa del Golfo vieron sus medios de subsistencia desaparecer de sopetón--y tienen pocas esperanzas de poder reconstruir un futuro decente bajo una economía que actualmente lo que crea son empleos en su mayoría con bajos salarios. De acuerdo a un estimado, medio millón de personas necesitarán viviendas a largo plazo--y no un catre en un centro de convenciones a cientos de millas de lo que fue antes su hogar.

Esta dura realidad tiene que ser tomada en cuenta en la confección de cualquier programa genuino de reconstrucción. El plan para Nueva Orleáns debe incluir el derecho de todos los residentes a regresar a la ciudad, con viviendas decentes y trabajos bien renumerados. El impacto del huracán ha revelado también la urgencia de solucionar una crisis social fundamental. Eso significa asistencia médica a los médico indigentes, una asignación de fondos adecuada para las escuelas públicas, y la creación de trabajos con salarios justos.

Tal programa sería una ruptura decisiva con las políticas pro-empresas y librecambistas que han sido empujadas tanto por Bush como por los Demócratas en el Congreso y la Casa Blanca desde los años 1970.

Para un sinnúmero de personas, el desastre del huracán ha sido una motivación para tomar acción. Esto fue obvio a partir de los esfuerzos espontáneos para otorgar auxilio hechos por mucha gente común de todo EE.UU., que hicieron tanto para ayudar a los damnificados mientras el gobierno no hacía nada. Estos esfuerzos cruciales salvaron vidas y siguen haciéndolo.

A la misma vez, necesitamos vincular estos esfuerzos inmediatos, dirigidos a proveer alivio a las víctimas, a una movilización política para ponerle presión al gobierno a favor de un programa de asistencia social y de reconstrucción que sirva a los intereses del pueblo trabajador. El desastre del huracán ha desenmascarado las prioridades mezquinas del sistema político y económico estadounidense. Necesitamos presentar y defender unas nuevas prioridades y un nuevo plan.

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