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Políticos le hacen el juego a los cazamigrantes
Histeria racista contra los inmigrantes

Por Jeff Bale | septiembre-octubre de 2005 | página 4

DOS GOBERNADORES de estados del suroeste de EE.UU. declararon hace pocas semanas un "estado de emergencia" en la frontera con México. En realidad, las palabras de Janet Napolitano de Arizona y Bill Richardson de Nuevo México--ambos Demócratas--constituían nada menos que una declaración de guerra contra los inmigrantes.

La emergencia--según ellos--no incluye las muchas muertes de inmigrantes en su travesía a través del desierto de Sonora.

Tampoco incluye la violencia de los coyotes y sus pandillas que explotan tanto a los que logran a sobrevivir su viaje como a sus familias en EE.UU.

Pero ciertamente no incluye esta supuesta emergencia el crecimiento de organizaciones como los Minutemen, conocidos en español acertadamente como los cazamigrantes, que persiguen a los inmigrantes en la frontera con México.

Estos asuntos ya no cuentan como emergencias según los dos gobernadores. En cambio los dos políticos se han sumado a la claque de histéricos anti-inmigrantes, la cual crece diariamente.

Con "emergencia" ellos quieren decir la destrucción de la propiedad privada, la supuesta violencia de los inmigrantes y los supuestos delitos que cometen. Richardson fue un invitado en el programa de Lou Dobbs en CNN, donde sostuvo: "La situación está fuera de control".

Con sus declaraciones, Napolitano y Richardson prometieron $1.5 millones y $1 millón, respectivamente, para pagar los costos policiales.

Aunque los dos gobernadores si mencionaron brevemente la violencia asociada con los coyotes, su propósito fundamental se enfocó en la "violencia" contra la propiedad privada: los carros robados, el ganado robado o matado, y el vandalismo en los ranchos de la zona fronteriza.

Sin embargo, la importancia de esta supuesta violencia sigue siendo un asunto cuestionable. Según muchos residentes de la zona fronteriza, estos delitos se limitan a las acciones de personas desesperadas que entran en los ranchos en busca de agua y ropa para sobrevivir en el desierto desolador.

Peor aún, Richardon reforzó en su declaración la premisa todavía no corroborada de que supuestos "terroristas" hayan entrado a EE.UU. a través de la frontera con México. Él le pidió al Departamento de Seguridad Doméstica que establezca una oficina en Nuevo México, cerca de la frontera.

Los dos gobernadores quieren acumular puntos políticos echándole la culpa por la crisis migratoria al "gobierno federal"--o sea, a la administración del presidente Bush. Además, Napolitano está enfrentando dos desafíos: por un lado, una nueva elección en 2006, por el otro un creciente movimiento de derechistas en Arizona, motivado por la política migratoria.

Pero las maniobras políticas de estos gobernadores tienen que ver con asuntos mucho más importantes que las elecciones en Arizona. Napolitano y Richardson son dos gobernadores populares, de los llamados "estados rojos" (por el color del Partido Republicano). Por eso los líderes Demócratas quieren presentarlos como ejemplo de como el partido puede conseguir un apoyo populista (de derecha) en los estados más conservadores.

Sus declaraciones de estado de emergencia desenmascaran lo que significa de veras esta estrategia: le quieren quitar a los Republicanos el apoyo de votantes conservadores maniobrando a su derecha.

El liderato Demócrata cree que Bush flaquea en cuanto a la inmigración. Con su propuesta de un nuevo programa "bracero", Bush ha tomado la posición de los empresarios que quieren a trabajadores baratos en las fincas y las fábricas. ¿Y la "alternativa" de los Demócratas? Exagerar la "crisis" migratoria y proponer medidas de control en la frontera más severas.

A fin de cuentas estas propuestas solamente apoyan y alimentan el crecimiento de los grupos vigilantes como los Minutemen. Su primera acción el pasado abril en la frontera entre Arizona y México ha sido emulada en lugares tan diversos como California, Idaho, Washington y Nueva York. Esto demuestra el peligro que los inmigrantes enfrentan en todo el país, no solamente en el suroeste.

Cuando los políticos como Napolitano y Richardson exigen medidas más severas de control fronterizo, solo garantizan que los grupos de vigilantes puedan crecer y aterrorizar a los inmigrantes. No importa si provienen de los vigilantes vestidos con camuflaje militar o de los políticos en sus trajes finos: ¡tenemos que confrontar y combatir sus políticas anti-inmigrantes y el racismo que las engendra!

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