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ELECCIONES EN BOLIVIA
Evo Morales desafía al neoliberalismo

Por Tom Lewis | enero-febrero de 2006 | página 2

Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) ganaron la elección presidencial del 18 de diciembre en Bolivia con un contundente 54 por ciento del voto. Morales, un indio Aymara, es el primer presidente indígena de Bolivia.

La campaña electoral se perfiló como un referéndum nacional sobre la política económica neoliberal. Después de 20 años de privatizaciones y cortes en el gasto social, Bolivia permanece el país más pobre de América del sur. La victoria de Morales mandó un mensaje fuerte de la mayoría de los bolivianos a los capitanes internacionales de las finanzas, de la industria, y del comercio.

Pocos días después de la elección, Morales se reunió en Cochabamba con los líderes de los movimientos sociales que lo habían apoyado. Este paso rompió el modelo tradicional de reuniones entre el presidente-electo y los jefes de los partidos políticos que formarán la oposición oficial.

Luego, Morales anunció que revocará el Decreto Supremo 21060 de 1985 que abrió la puerta a la privatización de empresas estatales y que impuso la "flexibilización" sobre la mano de obra boliviana. Con este paso Morales golpea directamente la base legal del neoliberalismo en Bolivia.

Morales indicó también que se aprovechará del fallo por el Tribunal Supremo el pasado mes de mayo--que invalidó los contratos existentes con las petroleras trasnacionales--para negociar contratos nuevos con términos más favorables al tesoro nacional.

Simultáneamente Morales intentó calmar a los líderes conservadores de las provincias orientales, ricas de gas natural, que han amenazado con la secesión si Morales resuelve desmantelar el neoliberalismo en su región. Morales aprobó la explotación privada del hierro en Mutún, descartando así las protestas de ecologistas, sindicalistas, y grupos de campesinos.

También declaró que garantizará la propiedad privada de las empresas y hacendados grandes. Y, a pesar de lo que muchos consideran pruebas definitivas, Morales absolvió a la Repsol, la corporación trasnacional español/argentina, de las alegaciones que traficaba en hidrocarburos de contrabando.

Morales espera estar en condiciones de poder usar las superganancias de los recursos naturales para financiar mejoras significativas en el nivel de vida de los trabajadores, los campesinos, los pobres y los desempleados de Bolivia.

Pero, a diferencia del presidente venezolano Hugo Chávez, Morales no está heredando una industria de hidrocarburos ya nacionalizada y desarrollada. La necesidad de negociar con los inversionistas extranjeros por el capital para el desarrollo limitará el grado a que pueda llegar Morales en lo que refiere a la nacionalización. Su plan es nacionalizar sólo los recursos del subsuelo--el gas, el petróleo, y los minerales debajo de la tierra--y dejar la propiedad situada en la superficie, tanto como la explotación misma, principalmente en manos privadas.

A pesar de la dependencia continuada de la inversión extranjera, Morales se encuentra en una posición fuerte por otras razones. Los precios del gas natural han subido rápidamente--aún más rápido en términos de porcentaje que los precios del petróleo desde el comienzo de la Guerra de Irak.

Si las corporaciones trasnacionales de Europa, que actualmente dominan la industria hidrocarburífica de Bolivia, y las compañías de EE.UU. se ponen tercas al momento de negociar contratos nuevos, China aguarda su oportunidad. Y el mismo Chávez puede estar dispuesto a contribuir substancialmente hacia la financiación del desarrollo del gas boliviano.

El desafío político central de Morales será el de retener la lealtad de los movimientos sociales mientras mantiene la confianza de la clase dirigente boliviana.

A diferencia del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, el líder ex-sindicalista que ha desilusionado a sus partidarios al mostrarse fiel a las normas neoliberales, Morales es más directamente responsable a un amplio movimiento social que ha logrado expulsar a presidentes y trasnacionales desde el año 2000. Los movimientos sociales de Bolivia desafiarán a Morales si él traiciona sus expectativas por un cambio social radical.

El entusiasmo incitado por la victoria política de Morales sobre sus rivales neoliberales se ve templado por la cautela derivada de su trayectoria cada vez más moderada desde 2002. La actuación de Morales era clave para negociar un fin pactado a las guerras del gas de 2003 y 2005. Durante la mayor parte de 2004, Morales funcionó como el puntal principal del gobierno del Presidente Carlos Mesa, que había continuado con la política neoliberal del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, derribado en 2003.

En 2005, Morales era la última figura prominente de los movimientos sociales para adherirse a la campaña popular por la nacionalización del gas. Y las garantías que Morales recién ha ofrecido al capital global ya han provocado inquietudes entre algunos de los grupos con la mayor capacidad de movilización.

Morales proclamó durante los últimos días de la campaña presidencial que "Sepultaremos el neoliberalismo". Significativamente, él no dijo, "Sepultaremos el capitalismo".

El vicepresidente-electo, Álvaro García Linera, reconoce honestamente que su partido, el Movimiento al Socialismo, es de "centro-izquierda" y que su meta es fomentar "el capitalismo Andino".

Si el MAS prevalece, el neoliberalismo está al punto de ser liquidado en Bolivia. Pero el socialismo permanece un proyecto que, según el MAS, se debe aplazar por 50 a 100 años. En su lugar, Morales busca un arreglo nuevo con el capitalismo global basado en un rol revitalizado para el estado en el bienestar de los ciudadanos.

Lo que está en juego en Bolivia es si es posible reformar el neoliberalismo, o si el fin del neoliberalismo, como el fin del capitalismo, requiere la revolución.

Los poderes imperialistas lo reconocen también, y se han movido para suavizar algunos de los efectos más ásperos del neoliberalismo en Bolivia. El Fondo Monetario Internacional ha perdonado $251 millones de la deuda pública boliviana, y España ha anulado otros $120 millones en deuda privada.

Estas medidas ayudarán a poner dinero a la disposición de Morales para inyectar en nuevos programas sociales. Pero la dinámica de la severa polarización entre las clases sociales puede frustrar la esperanza del imperialismo que el cambio sea tan pequeño como sea posible, y la esperanza de Morales de que sea tan grande como sea posible. Es extremadamente improbable que el neoliberalismo, todavía apoyado 100 por ciento por Washington y la Unión Europea, sea abandonado sin una lucha.

Morales merece el apoyo de los socialistas para cada golpe que lance contra el neoliberalismo. Y merece nuestra crítica por cada acto de adaptación al capitalismo global.

A fin de cuentas, el destino del neoliberalismo y del capitalismo en Bolivia está en manos de las masas movilizadas que cada vez más afirman su propio control sobre su futuro.

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