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Marcha concentró a 300,000 personas
¡Aquí estamos y no nos vamos!

Por Lance Selfa | marzo-abril de 2006 | página 1

A VIVA voz, este es el mensaje que le dio a los políticos y a los cazamigrantes la inspiradora manifestación del 10 de marzo en Chicago. Según la prensa latina, la marcha concentró a 300,000 personas.

Como símbolo de la importancia de los inmigrantes para la economía estadounidense, ola tras ola de trabajadores, estudiantes, familias enteras, incluso ancianos en sillas de ruedas, abarrotaron la ruta de la marcha, que se extendió por más de dos millas, desde los barrios del oeste de la ciudad hasta la sede del gobierno federal en el centro.

La marcha estaba permeada de un sentimiento de ira contra los políticos que quieren criminalizar a los inmigrantes. "¿Porque no presentarse a manifestar?", preguntó Francesca Carate. "Cuándo te están oprimiendo, cuando quieren sacarte tus derechos y decirte que tú no sirves para nada porque tú eres hispano--¿quién tiene el derecho decir esto?"

Un padre llevaba una pancarta que decía en inglés: "Bush, mi hijo mexicano murió en Irak".

"Vine para apoyar a todos los inmigrantes, todos los que no tienen papeles", le dijo Alfredo, mexicano radicado en Chicago por 14 años, a Obrero Socialista. Los indios americanos no dicen nada [de sacar] a todos los que están aquí. Si todos nos vamos de aquí, EEUU no tiene nada, ni para armamento para la guerra".

Esta indignación se combinaba con una sensación de confianza en la posibilidad de organizar a las masas de inmigrantes y sus simpatizantes. "[Esta marcha] es maravillosa. Tenemos que realizar más manifestaciones de este tipo, le dijo Chilo González, carpintero que ha vivido en Chicago por 22 años, a Obrero Socialista. "Tenemos que alzar nuestras voces por nuestros derechos. Si nos callamos, nadie va a prestarnos atención".

Frecuentemente, grupos de manifestantes coreaban las consignas "Sí se puede" o "El pueblo unido jamás será vencido".

La razón principal que impulsó la marcha fue la aprobación en diciembre de la ley H.R. 4437 por la Cámara de Representantes. El proyecto de ley, que fue sometido por James Sensenbrenner (Republicano de Wisconsin), convierte a muchos inmigrantes indocumentados (y también a ciertos residentes permanentes) en "criminales peligrosos"--criminalizando no solo a los inmigrantes indocumentados, sino también a los trabajadores sociales, a los trabajadores de la salud y a cualquier individuo u organización que provea asistencia a inmigrantes indocumentados.

La ley de Sensenbrenner no sólo les da mayor autoridad a los oficiales policiales estatales y locales para actuar como agentes de inmigración, sino que les quita a los tribunales federales el derecho de revisar los asuntos de inmigración. En resumen, la ley devastaría la fuerza de trabajo inmigrante, encarcelaría a trabajadores, separaría a familias, deportaría, encarcelaría y les negaría acceso a vistas judiciales a los inmigrantes.

Aunque había pocas columnas organizadas por los sindicatos, la marcha tenía un carácter abrumador de la clase trabajadora de Chicago, de sus suburbios y de los estados más cercanos a Illinois. Grupos de obreros de las panaderías y restaurantes, de fábricas y sitios de construcción--algunos con sus uniformes de trabajo--salieron directamente de sus lugares de trabajo para asistir a la marcha. Esto es lo más cerca de una huelga general que se ha visto Chicago en muchas décadas.

Los estudiantes de las escuelas secundarias también constituyeron una gran porción de la manifestación. El grueso de los manifestantes provenía de México, pero asistieron otros grupos de inmigrantes provenientes de países como Ecuador, El Salvador, Guatemala y de los países no latinos como Polonia e Irlanda. Delegaciones de musulmanes se presentaron a la marcha en lugar de ir a rezar a sus mezquitas como se les requiere a los devotos los viernes.

A pesar de que la mayoría de los manifestantes apoyaban la ley McCain-Kennedy como "el mal menor", las demandas más importantes de la marcha fueron mucho más radicales que las que son impulsadas por los Demócratas. Por ejemplo, la marcha exigió que se le otorgue la amnistía a todos los inmigrantes y que el estado de Illinois se convierta en un santuario para los inmigrantes si se aprueba la ley de Sensenbrenner.

Los Demócratas --inclusive Rod Blagoevich, el gobernador del estado, el senador Dick Durbin y el alcalde Richard Daley-- hablaron en términos vagos sobre su apoyo a los inmigrantes; pero los manifestantes estaban más interesados en el poder de sus números que en los discursos de los políticos.

De más relevancia para los participantes fueron las presentaciones de los activistas y de la gente común, como el discurso de Elvira Arellano. Elvira, una madre soltera con un hijo que es ciudadano y la presidenta de Familias Unidas, se ha convertido en una activista prominente en defensa de los inmigrantes desde 2002, cuando fue despedida de su trabajo en el aeropuerto O'Hare debido a su status ilegal después de ser arrestada durante una redada por agentes de seguridad doméstica. "No somos terroristas. No somos criminales", le dijo Elvira a la multitud. El congresista Sensenbrenner no puede separarnos", porque "aquí estamos. Somos un pueblo sin fronteras".

La marcha en Chicago ocurrió tres días después de otra protesta de 20,000 personas en contra de la ley de Sensenbrenner en Washington, DC. Estos sucesos indican el nacimiento de un nuevo movimiento, no solo por los derechos de los inmigrantes sino como un movimiento por los derechos civiles como ocurrió en los años 60.

Es la hora de unirnos para luchar por nuestros derechos y decirles a los políticos y a los cazamigrantes que: "Ningún ser humano es ilegal".

Bridget Broderick, Nicole Colson y Josh Gruniewicz contribuyeron información a este artículo.

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