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Maniobras de EEUU empujan a…
Irak al borde del precipicio

marzo-abril de 2006 | página 3

LA BOMBA que estalló a finales de febrero en la mezquita chiíta Askariya, en Samarra, resultó en a una oleada de ataques contra mezquitas sunitas y la muerte de un sinnúmero de iraquíes. La violencia sectaria fue la peor desde la invasión de EEUU en 2003, invocando el espectro de una guerra civil en Irak. En respuesta, las fuerzas del gobierno y los soldados de EEUU arremetieron imponiendo un toque de queda continuo.

Según ciertos informes, demostraciones conjuntas de sunitas y chiítas echaron la culpa por la bomba a quien le corresponde—a los ocupadores estadounidenses. Esa misma semana, Moktada al-Sadr, el religioso chiíta militante cuyos partidarios han chocado periódicamente con las fuerzas armadas de EEUU, repitió su demanda por la retirada inmediata de EEUU y convocó a actos de oración conjuntos entre chiítas y sunitas y a otras demostraciones de unidad.

Poco antes, Sami Ramadani, un exiliado izquierdista bajo el régimen de Saddam Hussein en Irak y adversario prominente contra la guerra de EEUU, había descrito las protestas contra la ocupación en Samarra, Kut, el vecindario "Ciudad Sadr" de Bagdad y en otras partes.

"[E]l estado de ánimo popular es más bien anti-ocupación que sectario" escribió Ramadani en el periódico Guardian de Gran Bretaña. "Irak está cundido de rumores acerca de la confabulación entre las fuerzas de la ocupación y sus títeres iraquíes en los ataques sectarios y los escuadrones de la muerte: EEUU es visto ampliamente como fomentando la división sectaria para prevenir que surja una resistencia nacional unificada".

Sin embargo, a la misma vez no se debe subestimar la violencia mortal dirigida contra los sunitas. Esta amenaza ha obligado a EEUU a mostrarse más enérgico en sus tentativas de limitar el poder de los partidos chiítas, quienes han sido expuestos por operar escuadrones de la muerte desde del Ministerio del Interior y de la policía iraquí.

La bomba de Samarra estalló cuando el embajador estadounidense, Zalmay Khalilzad, intentaba empujar a los partidos musulmanes chiítas que ganaron en las recientes elecciones de diciembre a que aceptaran un gobierno de "unidad nacional". Según informes de noticias, Khalilzad quería que el nuevo gobierno incluyera a grupos sunitas y a los dos partidos Kurdos principales—y que se nombrara a Ayad Allawi (viejo instrumento de la CIA y ex-primer ministro) a un puesto clave en el gabinete de un gobierno provisional.

La meta de EEUU era quitarle el control del influyente Ministerio del Interior al Concilio Supremo para la Revolución Islámica en Irak, partido chiíta apoyado por Irán—y forzar la retirada del Primer Ministro Ibrahim al-Jaafari, cuyo partido, Dawa, también tiene vínculos con Irán. La maniobra fracasó cuando Jaafari logró que diputados chiítas respaldaran su permanencia como primer ministro, gracias al apoyo de Moktada al-Sadr.

Ahora la bomba de Samarra y sus repercusiones han puesto al descubierto lo que el prominente comentarista conservador William F. Buckley llama el "fracaso" de EEUU en la ocupación de Irak.

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