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Fraude del nuevo programa bracero

10 de abril de 2006 | página 4

EN LAS últimas semanas, el debate entre los senadores estadounidenses se agudizó.

Por un lado están los Republicanos (y algunos Demócratas) que quieren "reforzar" la frontera entre EEUU y México, exigiendo medidas punitivas contra los indocumentados y quienes les ayudan.

Por otro lado están los Republicanos y Demócratas que abogan por el plan de trabajadores temporales (PTT), un programa que garantiza empleados legales de bajo costo para las grandes empresas, pero que no ofrece ni amnistía ni legalización "ganada" para la gran mayoría de los trabajadores.

El senador de Arizona John McCain explicó que su propio proyecto de ley McCain-Kennedy se enfoca en la "gran necesidad" de proteger la frontera para asegurar el país. "Por tanto tiempo, no se ha reformado las leyes migratorias de este país – y los americanos somos más vulnerables...No podemos demorar más la implementación de reformas".

El senador Republicano de Pensilvania, Arlen Specter, ha intentado arbitrar los dos lados del debate. Su propuesta aumenta la seguridad militarizada en la frontera y un plan de trabajadores temporales, pero también está contundentemente en contra de la amnistía. En Los Ángeles, frente a un millón de participantes en la marcha de inmigrantes más grande de la historia de EEUU, el alcalde Demócrata Antonio Villaraigosa instó a todos a que apoyaran el plan de trabajadores temporales.

Pero hay otro lado en este debate--el lado de la clase trabajadora estadounidense bajo el liderazgo de millones de trabajadores inmigrantes, sus hijos y los que los respaldan. Aun cuando no se reconozca su voz como la voz oficial en el debate, ahora son ellos los que establecen las prioridades en la agenda. Y están reclamando el derecho a la amnistía.

Con mucha urgencia, los que se oponen a la amnistía están trabajando arduamente para forjar un acuerdo que evite comprometerse a la demanda por la amnistía. Desde que empezaron las protestas de masas y las huelgas estudiantiles en marzo, el nuevo movimiento de derechos civiles ha forzado el debate a un nivel público y nacional, en vez de quedarse en conversaciones en las salas ejecutivas y las reuniones anuales de inversionistas.

Este movimiento ha presionado al Congreso, que no quiere animar más protestas públicas, a buscar una alternativa al proyecto Sensenbrenner que incorpore un PTT. Así evitan responder a los reclamos del movimiento.

Hay quienes dicen que el PTT es incidental si la legislación que se apruebe acaba por omitir las provisiones draconianas de Sensenbrenner. No debemos aceptar este argumento.

Existen dos razones por las cuales un plan de trabajadores temporales está bajo seria consideración bipartidista en Washington. En sí los programas de trabajadores temporales crean un sector de trabajadores de segunda clase.

Las propuestas corrientes permiten que los empleados permanezcan en el país por un tiempo limitado, después del cual tienen que irse o competir con otros inmigrantes para un limitado número de visas. Mientras están en EEUU, no gozan de los derechos de otros trabajadores, como unirse a sindicatos, negociar colectivamente, hablar contra la explotación del patrón. Solo pueden dejar un trabajo opresivo si tienen otro empleo.

Por eso es que César Chávez y los United Farm Workers (UFW) solo lograron organizar la histórica lucha de los trabajadores agrícolas después de garantizar la abolición del último plan de trabajadores temporales (el programa Bracero) en 1964. Bajo las condiciones del programa bracero, los patrones lograron mantener afuera los sindicatos y establecer salarios muy bajos a través de todas industrias. Así las empresas agrícolas convirtieron la agricultura en una industria de $40 mil millones al año.

Según un estudio el periódico Sacramento Bee, el legado ha sido que muchos trabajadores agrícolas no ganan más de $4000 al año, empobrecidos por una combinación de salarios bajos y la falta de derechos humanos básicos.

El periodista laboral David Bacon concluye que "Estas propuestas incorporan las demandas de la Coalición para la Inmigración de Trabajadores Esenciales (EWIC) [que comprende] 36 de las asociaciones más grandes de manufactureros, dirigida por la Cámara de Comercio de EEUU...A pesar de sus declaraciones, no existe ninguna falta de trabajadores en Estados Unidos. Hay una falta de trabajadores [que acepten] los salarios bajos que las industrias quieren pagar".

Las propuestas de trabajadores temporales tienen como objetivo prevenir o reducir el nivel de sindicalización en las industrias más allá de la agricultura. Las propuestas más recientes, acogidas por un sinnúmero de intereses corporativos, permitirían el empleo de trabajadores temporales en las industrias de construcción, de las empacadoras, de los hoteles y restaurantes, tanto como la manufactura, el transporte, la salud y otros.

Dentro de estas mismas industrias, los trabajadores inmigrantes han tomado un papel clave en resucitar el movimiento laboral en las últimas dos décadas.

Mientras la membresía sindical ha disminuido en las últimas tres décadas, los trabajadores inmigrantes han impulsado su crecimiento. Según un estudio del Instituto de Política del Inmigrante, el 11 por ciento de los 17.7 millones de trabajadores nacidos fuera del país tienen representación sindical, a pesar de las dificultades en obtener la ciudadanía. El número de inmigrantes en sindicatos ha aumentado un 23 por ciento entres los años 1996 y 2003--un reflejo del cambio de actitud en los sindicatos y también la militancia de los mismos obreros.

La unión Service Employees International Union (SEIU por sus siglas en inglés), con miembros principalmente in el sector público y de la salud, ha sido uno de los sindicatos de más crecimiento en EEUU. Tiene una membresía de 1.8 millones de trabajadores, y los trabajadores inmigrantes constituyen unos dos tercios de esta cifra.

Un nuevo plan de trabajadores temporales detendría el crecimiento de los sindicatos en estos sectores industriales. Socavaría la fuerza sindical al dejar que el patrón utilizara trabajadores braceros como arma contra la negociación colectiva y los esfuerzos por formar uniones. Crearía una fuerza de trabajo segregada, controlada y explotada por las empresas grandes. Y el movimiento laboral daría un paso atrás a los días antes de César Chávez y el movimiento de los trabajadores agrícolas.

Hay que aprender de la historia de los movimientos de masas--no se puede depender de los políticos o las corporaciones para garantizar los derechos humanos. Este nuevo movimiento de derechos civiles ha alzado su voz, y ahora debe de exigir en voz alta la amnistía sin plan de trabajadores temporales.

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