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EL SENTIDO DEL MARXISMO
Reavivando las tradiciones del primero de mayo

Por Sharon Smith | junio-julio de 2006 | página 3

POR PRIMERA vez en seis décadas, el Día Internacional de los Trabajadores fue celebrado en suelo estadounidense con manifestaciones obreras masivas. El primero de mayo, que es celebrado en todo el mundo, conmemora la revuelta titánica iniciada por obreros estadounidenses en 1886 para asegurar la jornada de ocho horas de trabajo durante una época en que los trabajadores nativos tenían pocos derechos y los inmigrantes tenían menos aún. No obstante, tanto los trabajadores nacidos en EEUU como los inmigrantes se unieron para dar esta batalla en bien de toda la clase trabajadora.

La decisión de organizar un día de protesta por los derechos de los inmigrantes el primero de mayo representa el reconocimiento de las tradiciones representadas por este día festivo de los obreros, tradiciones que los inmigrantes han influenciado crucialmente a lo largo de su historia.

El primero de mayo de 2006 entraña la posibilidad de renovar dicha tradición desde las bases obreras y comunitarias. La consigna más poderosa del movimiento, "un día sin inmigrantes", se basa en la estrategia de una lucha social vinculada de manera explícita a la capacidad de los trabajadores de cesar sus labores--lo que fue usado exitosamente por el movimiento sindical de EEUU a principios del siglo 20.

Para el movimiento sindical, las lecciones de esta nueva lucha, con tradiciones arraigadas en su propia historia, podrían conducir a un movimiento que repare décadas de concesiones y derrotas.

De hecho, hay un debate sobre la estrategia a seguir dentro del movimiento pro-inmigrantes. Recientemente, la revista Time destacó un artículo que se titulaba "El dilema de los inmigrantes: ¿Boicotear o no boicotear? Se está abriendo una brecha sobre cuan militante debiera ser el "Día Sin Inmigrantes".

Desde que cientos de miles de manifestantes protestaron en más de 100 ciudades el 10 de abril, inspirando varios días de huelgas estudiantiles desde Dallas a Los Ángeles, los Demócratas en el Congreso y sus alcahuetes dentro del movimiento trataron de bloquear los paros en las escuelas y los centros de trabajo el primero de mayo.

Los Demócratas les advirtieron a los activistas que los paros podría crear una reacción negativa a la vez que prometían la aprobación de "una reforma migratoria comprensiva"--un término engañoso que insinúa algún tipo de "legalización" en vez de "amnistía".

Hasta ahora las propuestas Demócratas sobre la legalización excluyen a la gran mayoría de los inmigrantes del paso a la ciudadanía y en su lugar promueven los programas de trabajo temporal (PTT)--en realidad, un nuevo programa bracero--que no les garantiza el derecho a sindicalizarse a estos obreros inmigrantes, para el agrado de la Cámara de Comercio de EEUU.

Además, los Demócratas siempre han tratado de mantenerse a ambos lados del debate, como demostró la senadora Hillary Clinton en una entrevista con el New York Daily News, en la que los reporteros describieron su "acogida de las metas conservadoras y liberales simultáneamente".

Durante la entrevista, Clinton defendió que las fronteras de EEUU fueran fortalecidas con un muro o una "verja inteligente" antes de que comenzara la legalización.

En contraste con el movimiento anti-guerra que se encuentra a la deriva, los Demócratas no han tenido éxito en descarrilar al ala radical del movimiento pro-derechos de los inmigrantes. Los planes para el Gran Paro del 1ro de mayo prosiguieron en las ciudades principales del país. La diferencia ha sido el arraigo de este movimiento dentro de la clase trabajadora y el desarrollo de un grupo de activistas de izquierda consecuente que está dispuesto a cuestionar las estrategias que dependen de los Demócratas en el Congreso.

Aunque la chispa que encendió el movimiento fue la aprobación en la Cámara de Representantes del proyecto de ley de Sensenbrenner (conocido como HR 4437), que criminalizaría a los indocumentados y a quienes les provean asistencia, el sentimiento entre los millones de inmigrantes está a favor de la amnistía y del otorgamiento de todos los derechos a los inmigrantes.

Los activistas nuyorquinos se mofaron de las propuestas de Clinton en una reunión convocada para planificar una protesta que formaría una cadena humana. Nativo López, el presidente de la Mexican American Political Association, radicado en Los Ángeles, dijo "¿Cuál es el problema con el boicot? Necesitamos enfocarnos en el poder que tienen los trabajadores y los inmigrantes, en vez de las jerarquías, para resolver el debate sobre la reforma migratoria".

Los destinos de los obreros nativos y de los nacidos en el extranjero están íntimamente ligados a pesar de los argumentos al contrario. Según señaló Julio Huato recientemente en la revista Monthly Review, "Las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores estadounidenses no tienen que estar sometidas a un juego donde los logros de los trabajadores nativos y de los inmigrantes se cancelen mutuamente (y esto incluye nuestra débil y mutilada red de servicios sociales). Pero esto seguirá siendo así en la medida que consideremos como inmutables y sagrados los intereses de los empresarios".

No hay nada de nuevo en el debate actual del tema migratorio excepto la terminología legal. A los inmigrantes no les han dado la bienvenida a la "tierra de la oportunidad" desde que llegó la primera ola de inmigrantes irlandeses durante los años 1820. No había ninguna distinción entre documentados e indocumentados antes de que se impusieran amplias restricciones contra los inmigrantes en los 1920. Toda la mano de obra inmigrante era usada para competir con los trabajadores blancos nativos--de la misma forma que fueron usados los afroamericanos, quienes estaban privados de una gran cantidad de derechos.

Tradicionalmente, las corporaciones han utilizado el racismo para dividir a los trabajadores, para bajar los salarios de toda la clase trabajadora estadounidense y debilitar el movimiento obrero. Desafortunadamente, los líderes sindicales a menudo han traicionado los intereses de los obreros al oponerse a los derechos de los inmigrantes, mientras menosprecian los derechos por los afroamericanos.

En 1867, cuando 10,000 obreros chinos llevaron a cabo a una de las huelgas más importantes del siglo 19, fueron abandonados. Ellos exigían aumentos salariales (incluso la jornada de ocho horas para los trabajadores de construcción ferroviarios), la prohibición del castigo corporal y el derecho de los obreros a renunciar. Pero ningún sindicato los defendió y una semana después la huelga fue aplastada. Esto tronchó a todo el movimiento obrero y retrasó el logro del derecho a la sindicalización hasta los 1930.

Los obreros inmigrantes le han brindado a la clase obrera estadounidense otro servicio que ha sido despreciado e ignorado por muchos años. Desde 1886, cuando los inmigrantes alemanes incorporaron ideas políticas anarquistas y marxistas a la lucha por la jornada de ocho horas, los obreros inmigrantes han traído sus políticas radicales, lo que ha presionado al movimiento obrero desde su base para desafiar la ideología conservadora que la clase dominante siempre ha intentado imponer.

En 1886, los anarquistas de la Asociación Internacional del Pueblo Trabajador (IWPA, por sus siglas en inglés) dirigieron la lucha por la jornada de ocho horas, contando con una gran cantidad de trabajadores provenientes de Alemania entre sus filas. Cuarenta mil obreros se fueron a la huelga por la jornada de ocho horas en Chicago. La policía atacó a los huelguistas de la compañía McCormick Harvester Works, mató a cuatro obreros, y dejó heridos a muchos más.

Un mitin que se celebró en la Plaza Haymarket el día siguiente para protestar contra esta brutalidad atrajo a 1,200 personas. Cuando comenzó a llover, la multitud se redujo a unas 300. Cuando los discursos estaban por acabar, la policía ingresó a la Plaza Haymarket y ordenó que los manifestantes que se dispersaran. Mientras los oradores se retiraban, una bomba fue tirada contra a la multitud que mató a ocho policías e hirió a 67. La policía respondió disparando contra el gentío, matando e hiriendo a más civiles y policías.

Sin ninguna evidencia, ocho anarquistas de Chicago fueron enjuiciados y condenados, no por haber cometido los asesinatos sino por "conspiración para cometer un asesinato" y por "incitar" en vez de "cometer" violencia en la Plaza Haymarket. Esto conllevó a la condena y ejecución de cuatro de los líderes mas prominentes del movimiento, entre estos los anarquistas August Spies y Albert Parsons.

Eventualmente, en 1893, el gobernador de Illinois John Peter Altgeld perdonó a los mártires de Chicago, a la vez que reconoció que no había evidencia en contra de los condenados. Sin embargo, los sucesos de Haymarket desataron una ola de represión contra los radicales e histeria contra los inmigrantes. Los diarios abogaron venganza contra los "dinamarquistas" (anarquistas con dinamita) y los "rufianes rojos".

Dado que los inmigrantes alemanes constituían el sector mayor del anarquismo, el Chicago Times los describió como "fuerzas enemigas" de EEUU que eran "asesinos andrajosos y rabicortos de los ríos [alemanes] Rhine, Danube, Vuistukla y Elbe".

En la actualidad, son los mexicanos, los salvadoreños y otros latinos quienes han traído las tradiciones de lucha de clases que han estado ausentes desde la época macartista de los 1950, cuando los radicales fueron expulsados del movimiento obrero estadounidense. Estas tradiciones contienen el potencial de renovar al movimiento obrero estadounidense, si este les da la bienvenida.

No fue sino hasta 2000 cuando la AFL-CIO corrigió su postura de décadas de oposición al otorgamiento de derechos a los indocumentados. Esto ha abierto la posibilidad histórica de unir a los obreros superando barreras raciales y étnicas.

Pero también los líderes sindicales tienen que abandonar su larga aversión a la lucha de clases para que el movimiento pueda triunfar.

Lejos de crear una reacción adversa, el retorno de la lucha es la clave para la sobreviviencia del movimiento obrero estadounidense.

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