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La esperanza en medio del horror del fascismo de los años treinta
La Guerra Civil Española

septiembre-octubre de 2006

GEOFF BAILEY nos cuenta la histora de la Guerra Civil Española, que empezó hace 70 años con un levantamiento militar dirigido por el General Francisco Franco.

EL 18 DE JULIO DE 1936, secciones del ejército español, acaudilladas por el fascista general Francisco Franco, y apoyadas por miembros de la clase alta y la Iglesia Católica, se levantaron tratando de aplastar a la república recién nacida. La guerra civil resultante, que duró la mayor parte de los tres años siguientes, enfrentó a las fuerzas fascistas contra una rebelión popular. Muchos vieron el conflicto como un ensayo general de la guerra mundial que se cernía.

No obstante, en su apogeo, nos mostró algo más: una ojeada de como millones de simples trabajadores podrían juntarse para esta establecer la base de una sociedad más justa. Para millones de trabajadores en el mundo, la Guerra Civil Española fue un momento de esperanza en medio del horror del ascenso del fascismo en Alemania y del estalinismo en Rusia.

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Por la iniciativa de millones de trabajadores en España, el avance inicial de Franco fue detenido. En años previos, las ideas socialistas y anarquistas se habían arraigado entre los obreros y campesinos de España. Cuando supieron de la sublevación de Franco, los obreros asaltaron los cuarteles y las comisarías. Distribuyeron las armas a miembros de sindicatos o partidos de izquierda.

A lo largo del campo, se confiscó la tierra de los hacendados. Ésta se repartió o colectivizó. Las organizaciones obreras formaron milicias y establecieron tribunales revolucionarios. Los sindicatos organizaron comedores comunales, lavanderías y centros de cuidado de niños. La resistencia transformó particularmente la vida de las mujeres--ellas se sumaron a comités de fábricas, se inscribieron para luchar en las milicias y fueron electas como líderes en los comités locales.

Miles de voluntarios de todo el mundo, conocidos como las Brigadas Internacionales, vinieron a España para luchar y se sumaron a los obreros Para los millones de personas que participaron, la lucha no era solo para derrotar a los fascistas, sino para ganar una sociedad más justa e igualitaria. Era una lucha por el socialismo.

Desde el principio, sin embargo, el bloque anti-fascista no estaba unido ni mucho menos.

Al comienzo, los políticos liberales del gobierno republicano, gobierno que surgió luego del derrocamiento del rey de España, trataron de ocultar la noticia de la rebelión de Franco e impidieron al pueblo armarse, abrigando la vana esperanza de llegar a un arreglo con Franco. Temían, no sin razón, que una guerra abierta entre Franco y los obreros del país los desecharía a ellos también.

Desde el principio, el gobierno predicó la moderación. Impuso restricciones a la confiscación de tierras en el campo y las ocupaciones de fábricas en las ciudades. Según ellos, los trabajadores tenían que limitar sus demandas para no darles miedo a los ricos, y por extensión a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, con la esperanza que intervinieran en su favor.

El gobierno argumentaba que se necesitaba la unidad con las clases altas en la lucha contra el fascismo. Pero eran exactamente estas clases que apoyaban a Franco. Y a pesar de lo que dijera el gobierno, Gran Bretaña y Estados Unidos lo consideraban demasiado radical, y se mantenían al margen sin hacer nada mientras los fascistas marchaban a la victoria.

Ante cada intento de aplacar a las clases solo se conseguía minar la solidez de la república. Esta no era una guerra convencional. Los fascistas tenían la ventaja en equipamiento, armas y dinero. Su primera embestida solo había sido detenida por el sacrificio valiente de miles de obreros. Pero tal sacrificio no valía la pena si la meta era volver al antiguo orden.

Lo que se necesitaba era una guerra revolucionaria. El revolucionario ruso León Trotsky escribió en esa época: "Una guerra civil se hace, como todo el mundo sabe, no solo con armas militares sino también con armas políticas. Desde un punto de vista puramente militar, la revolución española es mucho más débil que su enemigo. Su fuerza se centra en su capacidad de incitar a las grandes masas a la acción.

Los partidos liberales burgueses no preveían aplicar semejante estrategia. Pero recibieron la ayuda de un aliado poco probable--el Partido Comunista Español (PCE).

Antes de la guerra, el PCE había sido un pequeño partido de menor importancia. Pero su acceso al dinero y las armas via la URSS lo había vuelto un aliado atractivo al gobierno republicano, y había crecido en influencia y en números durante la guerra.

Sin embargo, el PCE no era un partido de obreros. Estaba compuesto mayoritariamente de dueños de negocios de clase media y oficiales del ejército. Y su política era apenas revolucionaria. Su política era decidida en Rusia por el dictador Stalin, a quien no le interesaba la revolución--y sobretodo una que él no controlaba. La meta principal de Stalin era solicitar el apoyo de las potencias Aliadas como protección contra una posible invasión de los Nazis.

El PCE se hizo el partidario más ferviente de la política del gobierno--que las demandas de los obreros deberían ser limitadas, que las tierras se deberían devolver a sus dueños, y que las milicias deberían ser disueltas e integradas en el ejército regular. Que tal posición venciera aún contra los deseos de millones de obreros--que consideraban la lucha contra el fascismo y por el socialismo como una sola--es un ejemplo trágico de la necesidad de la existencia de una organización revolucionaria, y de su ausencia en España.

La alternativa revolucionaria más grande al PCE era la CNT, un sindicato radical con más de un millón de afiliados.

La CNT, junto a la UGT dirigida por los socialistas, había encabezado la oposición a Franco. Sus dirigentes, la mayoría de los cuales eran anarquistas, eran revolucionarios comprometidos, cuya meta declarada era el derrocamiento del capitalismo. En muchas partes del país, sobretodo en el corazón de la revolución, Barcelona, la CNT ejercía el poder, controlaba las calles y las fábricas. Al comienzo de la guerra, el alcalde de Barcelona ofreció dimitir y entregar el poder a los anarquistas. Pero los anarquistas rechazaban todo estado, el capitalista tanto como el revolucionario. Por eso, rechazaron la oferta del alcalde de formar su propio estado, y dejaron el control del antiguo estado a la burguesía.

Como escribió Trotsky: "Renunciar a tomar el poder significa dejar el poder voluntariamente con los que lo ejercen, los explotadores. La esencia de toda revolución consistía y consiste en instalar una nueva clase en el poder, permitiendo así instrumentar y llevar a cabo su propio programa. Es imposible hacer la guerra y rechazar la victoria. Es imposible dirigir las masas hacia la insurrección sin prepararse para la conquista del poder."

Los anarquistas esperaban que su poder en las calles fuera suficiente para asegurar la victoria de la revolución. Pero mientras el gobierno ejercía su poder para limitar las milicias y desarmar los partidos más radicales, los anarquistas se dieron cuenta de que no podían mantenerse al margen. Partiendo de rechazar el gobierno, los anarquistas decidieron luego juntarse con él, enviando a cuatro ministros para participar en el gobierno republicano.

Sólo el POUM, un partido pequeño marxista, presentaba un argumento por la toma del poder por parte de los obreros y campesinos. Pero el POUM era demasiado pequeño para influir en los acontecimientos y tenía miedo de romper con el liderazgo de la CNT.

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AL FINAL, el gobierno condujo al hambre, y luego paralizó la revolución.

La contrarrevolución surgió en mayo de 1937, cuando se enviaron fuerzas gubernamentales para derrotar un levantamiento en la Barcelona revolucionaria. Durante días, tropas federales lucharon contra milicianos de la CNT y del POUM.

Aislada y asediada (el gobierno aun envió a dos de los ministros anarquistas para convencer a sus compañeros para que dejaran de luchar), la revolución fue desarmada, y luego descabezada. Luego de la batalla en Barcelona, el gobierno, dirigido por los Comunistas, disolvió las milicias e ilegalizó los partidos radicales, y cientos de revolucionarios desaparecieron y fueron asesinados.

Con la revolución derrotada, solo era cuestión de tiempo para que la superioridad militar de Franco prevaleciera. La tragedia se cumpletó cuando las fuerzas de Franco entraron en Barcelona en enero de 1938. Esta vez, no habría heroísmo, ni defensa valiente. No quedaba nada por que luchar. Como escribió un observador: "Barcelona aceptó la derrota con tristeza y no vio ningún propósito en prolongar la lucha. Ya no estábamos en 1936."

Traducido del inglés por Brian Chidester.

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