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El otro partido del imperialismo

Por Alan Maass | noviembre-diciembre de 2006 | página 2

MIENTRAS SE calienta la campaña de los comicios al Congreso en noviembre, los Demócratas están resueltos a no ser representados por los Republicanos como "débiles ante la seguridad nacional". Al contrario, la crítica de Irak - solamente un frente de la "guerra contra el terrorismo" de la administración de Bush, se limita mayormente al concepto de que es una distracción de los otros frentes "verdaderos", como los de Irán, de Afganistán y aun Corea del Norte.

En parte los Demócratas están realizando cálculos políticos a base de lo que determinan los estratégicos del partido que ganarán el apoyo de los votantes para las elecciones en noviembre. Pero hay más que la retórica de la campaña que está en juego.

El fin y el cabo, los Demócratas están de acuerdo con el marco básico de los Republicanos --incluso aprovechándose de los ataques del 11 de septiembre como pretexto para el lanzamiento del poder imperialista de EEUU-- y están planteando una estrategia alternativa para que se realice esta agenda.

Es la justificación por las propuestas de John Murtha, el más prominente crítico de la guerra iraquí por parte de los Demócratas. Él apoya la retirada de las tropas de EEUU de Irak no porque quiere abandonar el Medio Oriente, sino para poder asegurar con más certeza el control estadounidense de la región. "Hay que redesplegarse para que nosotros, si tenemos que hacerlo, podamos regresarnos", dijo Murtha durante una entrevista. "Señor presidente, volvamos a luchar en la guerra contra el terrorismo".

Murtha, uno de los más preferidos receptores de fondos provenientes de la industria de armamentos, es bien conocido como un vocero por una sección del Pentágono. No obstante, no está sólo entre los Demócratas al considerarse defensor de la política exterior de EEUU contra el peligro que se le han abierto los "neo-conservadores".

El consenso Demócrata sobre Irak y la más extensiva "guerra contra el terrorismo" va más alla de los profesionales de relaciones exteriores, llegando a las filas de los políticos electos --y ni solo a las de los Demócratas conservadores como el senador Joe Lieberman. Cualquier persona que lo dude debería recordar la campaña por la presidencia del senador John Kerry.

Rand Beers, el asesor sobre la seguridad nacional de la campaña de Kerry, abrió así una presentación ante las personas prominentes y periodistas: "De muchas maneras, no hay mucha diferencia de hecho entre las metas de las dos administraciones [la de Bush y la entonces esperada de Kerry]. Pocos meses atrás, Beers habían trabajado para otro jefe: George Bush. Era uno de los arquitectos de la llamada "guerra contra el terrorismo", pero dimitió como director de alto rango de la política anti terrorista porque creía que la invasión de Irak iba a desviar los recursos de las prioridades más importantes.

Otra inspiración de la postura de Kerry con respecto a los asuntos exteriores había surgido pocos años atrás durante los ocho años en los que la administración Demócrata de Bill Clinton dirigió el imperio estadounidense.

Ni solo mantuvo el bloqueo salvaje contra Iraq que había comenzado antes de la guerra del Golfo Pérsico en 1991, sino que Clinton estableció "el cambio de regimen" en Irak como la política oficial de EEUU al aprobar la ley que se llamaba la Iraq Liberation Act de 1998. Durante un discurso dado en el Pentágono en 1998, Clinton dijo que "un eje profano" de terroristas de alcance global y estados proscritos amenazaba EEUU. -- entre ellos el más prominente era el regimen de Sadam Husein. ¿Suena familiar?

Todo esto aclara la realidad que los Demócratas --al igual que los Republicanos-- se han comprometido al avanze del poder militar, ecónomico y político de EEUU por todas partes del mundo. Se difieren por sus tácticas, pero sus fines siempre han sido iguales.

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