NOTE:
You've come to an old part of SW Online. We're still moving this and other older stories into our new format. In the meanwhile, click here to go to the current home page.








Oaxaca, la represión asecha

Por Lee Sustar | noviembre-diciembre de 2006 | página 3

EN EL estado mexicano de Oaxaca, los movimientos sociales y el laboral se mantienen alerta a las amenazas de represión contra los maestros huelguistas, así lo manifestaron el día 9 de octubre en México DF. , en medio de una creciente lucha obrera y popular.

El gobierno federal busca terminar--por acuerdo o por sangrienta represión--la huelga y la ocupación de cinco meses que los maestros llevan a cabo en la capital oaxaqueña, antes de que Felipe Calderón, del conservador Partido de Acción Nacional (PAN), tome las riendas de la presidencia tras el fraude electoral.

El gobierno ofrece migajas en una mano y agita los bastos en la otra.

Una unidad élite de la infantería mexicana entró a la Ciudad de Oaxaca en octubre, con helicópteros militares constantemente volando a nivel raso para intimidar a los manifestantes, según la periodista Kristin Bricker del sitio Web NarcoNews. Varios destacados activistas de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) han sido arrestados, tomados en la calle por policías de civil o por grupos derechistas paramilitares. "Una masacre podría comenzar en cualquier momento," escribió el periodista mexicano Gustavo Esteva en el diario izquierdista La Jornada.

En este contexto es que el Secretario de Gobernación Carlos Abascal trató de dividir el movimiento invitando a negociar a dirigentes moderados del movimiento social y de comunidades indígenas.

La rama del sindicato de maestros SNTE, llamado Sección 22, se negó a participar, y los dirigentes de la APPO boicotearon también, puesto que Abascal se negó a negociar la demanda central del movimiento--la destitución del gobernador Ulises Ruiz Ortiz del Partido Revolucionario Institucional (PRI), un caudillo conocido por mandar la violencia estatal contra grupos de indígenas y sindicatos.

Las negociaciones se derrumbaron cuando dirigentes indígenas se opusieron a la limitación de su papel en las negociaciones, lo que no corresponde al hecho que ellos componen la mayoría de la población de Oaxaca.

Este nuevo ciclo de luchas comenzó el 22 de mayo cuando 70,000 maestros de escuelas públicas de toda Oaxaca fueron a la huelga y ocuparon el zócalo de la capital.

A mediados de junio, unos 3,000 policias estatales antimotines irrumpieron en el plantón matando a 11 personas, según testigos. Poco después, los manifestantes dieron pelea y retomaron el zócalo, expulsando a los policías. Cientos de miles de personas marcharon en apoyo a la lucha, y luego, 38 organizaciones participantes en el movimiento formaron la APPO.

Todo esto ocurrió el contexto de una muy discutida elección presidencial, en la que un masivo fraude dio a Calderón la victoria sobre Andrés Manuel López Obrador, el candidato del centro-izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), popularmente llamado AMLO.

Durante largo empate, cientos de miles se movilizaron en protestas en México DF, debilitando la legitimidad del sistema político mexicano, hundido en la corrupción y adicto de la violencia política. AMLO llegó a convocar una Convención Nacional Democrática en México DF el 16 de septiembre que le declaró presidente de un gobierno paralelo no oficial.

Luego de ignorar la lucha oaxaqueña durante la campaña presidencial, AMLO y el PRD ahora prometen su apoyo al sindicato de maestros y a la APPO. Sin embargo, la forma de este apoyo está por verse.

Pase lo que pase, el desenlace del enfrentamiento en Oaxaca tendrá un impacto político masivo por todo México. El gobierno puede tratar de repetir la represión del 3 de mayo de los vendedores de flores en San Salvador Atenco, cuando la policía golpeó a cientos de residentes, encarceló a 200, violó docenas de mujeres y mató a una persona.

El secretario de gobernación Abascal patrocinó esa represión, así como la violencia policíaca contra obreros siderúrgicos al mismo tiempo. Pero dada la escala de la movilización en Oaxaca, la conclusión del conflicto por medio de la represión podría probarse muy costosa para un estado mexicano abatido que teme la respuesta solidaria de los trabajadores, campesinos y pobres de México, y del mundo.

Como sea, de desistir o fallar el gobierno mexicano en reprimir al movimiento oaxaqueño creará el marco para más movimiento social y luchas laborales contra un gobierno visto por muchos como ilegítimo.

Traducido por Brian Chidester.

Página principal | Reportajes de este número | Retornar arriba