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Los Palestinos con la soga al cuello

Por Lee Sustar | junio-julio de 2007 | página 4

ISRAEL HA aprovechado la oportunidad de los nuevos enfrentamientos armados entre Fatah y Hamás para infligir más destrucción y muerte en Gaza, mientras en el norte, en Líbano, el ejército ha llevado a cabo un ataque contra los campos de refugiados palestinos.

Todos esos asesinatos son el resultado de los intentos estadounidense-israelíes de someter a los palestinos por medio de sanciones económicas, incursiones militares y luz verde para que pasen a la ofensiva cualesquiera que se opongan al pueblo palestino.

El 20 de mayo, los aviones israelíes bombardearon la casa del parlamentario de Hamás, Jalil al-Hayya. Él estaba fuera pero las bombas asesinaron a siete miembros de su familia y a un vecino. Al día siguiente, otro ataque aéreo israelí asesinó a cuatro personas, supuestamente, miembros del brazo armado de Hamás.

Para el acosado primer ministro israelí, Ehud Olmert, que lucha por salvar su piel política tras el descenso de su índice de aprobación por debajo del 5 por ciento, atacar Gaza ofrece una posibilidad al partido gobernante, Kadima, para rehabilitarse tras la guerra del verano pasado en Líbano contra el partido islamista Hezbollah.

Según el Palestine Center for Human Rights, desde el 21 de mayo, la última ofensiva israelí ha asesinado a 36 palestinos, entre ellos 18 civiles, y ha producido 97 heridos, de ellos 44 civiles.

Al mismo tiempo, los enfrentamientos Hamás-Fatah que han producido más de 50 muertos, suponen la peor confrontación desde que ambos partidos pactaron compartir el poder en un gobierno de unidad nacional el 16 de marzo.

El acuerdo, negociado en Arabia Saudí, pretendía en cierta medida promover que EEUU e Israel levantaran el boicot económico a los Territorios Ocupados, impuesto tras el triunfo de Hamás en las elecciones legislativas de diciembre de 2005.

Pero las sanciones siguen vigentes y la vida en Gaza, uno de los territorios más pobres y más densamente poblados del mundo, ha empeorado.

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MIENTRAS LOS políticos estadounidenses y los medios de comunicación culpan a los militantes de Hamás de la última confrontación, destacados palestinos de izquierdas y activistas solidarios señalan a Muhammad Dahlan, máximo responsable de la seguridad de la Autoridad Nacional Palestina, de quien afirman trata de derribar el gobierno unitario para proteger sus intereses políticos y económicos.

El escritor Ali Abunimah, publicó a principios de año que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas y Dahlan se habían convertido en "apoderados" del imperialismo estadounidense, señalando que su facción, Fatah, había recibido dinero y armas de Estados Unidos. El gobierno Bush tiene previsto enviar 84 millones de dólares directamente al aparato presidencial de Abbas.

Pero hay bastante más que dinero en el apoyo de EE.UU. a Fatah. La activista Laila El-Haddad, en el blog del periódico británico Guardian revela que "se ha filtrado a un periódico jordano un documento secreto estadounidense de 16 páginas, en el que se perfila un plan de actuaciones para socavar y sustituir al gobierno palestino de unidad nacional. El documento detalla las medidas para reforzar a Abbas y a sus fuerzas de seguridad, para la disolución del parlamento, para estrechar las relaciones con los aliados de Fatah y para provocar nuevas elecciones."

Por encima de todo ello se encuentra el brutal ataque del ejército libanés contra el campo de refugiados palestino cercano a la ciudad de Trípoli.

El objetivo manifiesto es un grupo sunní fundamentalista, Fatah al Islam, que supuestamente está relacionado con al-Qaeda. El grupo, se dice, ha estado implicado en atentados en los barrios cristianos y en el robo de bancos. El gobierno libanés de Fuad Siniora, apoyado por Estados Unidos, acusa al gobierno sirio de apoyar a Fatah al-Islam.

Incluso aunque Fatah al Islam hubiera perpetrado los atentados [de los que se le acusa], la pregunta que se plantea es ¿son justificable semejantes medidas extremas como la utilización de tanques y artillería pesada contra el hacinado campo de Nahr el-Bared donde viven 31.000 personas en situación de extrema pobreza?

El ejército libanés cínicamente justifica su bombardeo indiscriminado en que el acuerdo con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de hace 40 años les prohíbe entrar en los campos de refugiados.

La consecuencia del ataque del ejército era previsiblemente terrorífico. Sana Abu Faraj, residente allí, describía la matanza a la televisión Al-Jazira a través del teléfono móvil: "Hay muchos heridos, estamos sitiados, no hay alimentos, medicinas ni electricidad. Hay niños bajo los escombros."

La agencia de noticias Reuters añade que "enormes fuegos lanzaban grandes humaredas negras al cielo y se podía ver los obuses impactando contra los edificios más altos."

Muy expresivamente, EEUU dio su aprobación a la masacre. El Departamento de Estado declaraba que el ejército libanés estaba actuando de "forma legítima" contra "las provocaciones de extremistas violentos."

El ataque es una repetición de la guerra civil libanesas de 1975-1989, cuando las falanges cristianas libanesas atacaron a los palestinos y en última instancia colaboraron con la invasión israelí del país en 1982 para atacar a la OLP.

En la actualidad, al tomar como objetivo a un grupo tan impopular como al-Qaeda, la derecha libanesa puede renovar sus viejos planes contra los palestinos agitando una nueva bandera. Pero en lugar de condenar el ataque contra el campamento de Naher el-Bared, el actual representante de la OLP ofreció que sus fuerzas entraran en el campo, en lugar del ejército libanés, para luchar contra Fatah al-Islam. Estos últimos intentos de dividir y vencer al pueblo palestino se están cobrando un terrible peaje, y ponen de manifiesto la necesidad de que el movimiento contra la guerra haga justicia a las demandas palestinas más importantes.

Traducido por Felisa Sastre

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