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Compitiendo por ser impopular

agosto-septiembre de 2007

SI EN los sondeos de opinión pública apareces con resultados peores que el Presidente Bush, seguro debes estar haciendo algo mal.

Sólo el 23 por ciento de los encuestados apoya el trabajo del Congreso, hoy liderado por el Partido Demócrata, según una encuesta realizada por NBC News-Wall Street Journal a comienzos de junio.

La misma encuesta mostró que apenas el 42 por ciento del público tiene una opinión positiva del Partido Demócrata, mientras que el 35 por ciento tiene una opinión negativa.

En otras palabras, el partido que ganó las elecciones sólo en noviembre último ya está recibiendo evaluaciones casi tan bajas como las del Partido Republicano.

Así como deben su éxito electoral a la profunda oposición contra la guerra en Irak, los Demócratas deben sus dificultades hoy a la misma cuestión. Ellos defraudaron las esperanzas de quiénes se oponen a la guerra cuando se rindieron al Presidente Bush y pasaron el presupuesto militar, haciendo estallar una oleada de cólera y frustración popular.

Como escribiera Howard Zinn en la edición de mayo de la revista The Progressive: "Irónica y espantosamente el proyecto de ley autoriza 125 mil millones de dólares para continuar la guerra. Esto es como si antes de la Guerra Civil Norteamericana, los abolicionistas hubieran acordado aplazar el fin de las esclavitud para uno, o dos, o cinco años, a la vez de autorizar fondos para capturar y devolver los esclavos fugitivos a sus amos."

El voto que dio la victoria Demócrata no era sólo contra de la guerra sino contra todo el programa político Republicano. Este sentimiento, y el giro hacia la izquierda de la sociedad estadounidense, continúa.

Una encuesta recientemente hecha por Pew Research Center muestra que el 84 por ciento de la gente apoya un aumento del salario mínimo. Gallup reportó que en caso huelga, el número de los norteamericanos que simpatiza con los sindicatos es casi el doble de quienes simpatiza con los patrones.

Mientras tanto otra encuesta conducida en agosto del 2006 por Pew señaló que el 45 por ciento (versus el 32 por ciento que no estaban de acuerdo) dijo que la manera más efectiva para reducir la amenaza de ataques terroristas es reducir la presencia de las fuerzas armadas estadounidenses en el exterior.

Un informe escrito por The Campaign for America and Media Matters llamado La Mayoría Progresiva: Por qué la América Conservadora es un Mito, concluyó "que el público no sólo se opone a la guerra. En términos amplios, sobre muchas preguntas, el público quiere una táctica más progresiva en la seguridad nacional".

No es que los Demócratas ignoren lo que está pasando. "Es la guerra, creo que sí", dijo al New York Times la líder de la Casa de los Representantes Nancy Pelosi. "En términos de cuál asunto el pueblo quiere ver resuelto, la guerra está tres o cuatro veces más alto que los otros".

Pero la conclusión alcanzada por líder del Senado Harry Reid habla plétoras sobre qué pasaría si los Demócratas no son dejados a las suyas. "Yo entiendo su decepción", dijo Reid a algunos periodistas, "prometimos demasiado".

Así, no es sorprendente si algunos activistas como Cindy Sheehan se preguntan si los Demócratas algún día lucharán. Pero si miramos su historia más de cerca, la sumisión Demócrata a Bush conrespecto al presupuesto militar no es tan rara.

Ambos partidos están interesados en mantener el poderío militar y económico estadounidense en el mundo. La guerra contra Irak fue acerca del control del petróleo, no solamente para conseguir súper ganancias para las compañías petroleras, sino también para mejorar la posición de EEUU contra su competencia internacional --Europa, Rusia y China --aumentando su control del Medio Oriente.

La intensificación de la crisis de la ocupación de Irak hace que la clase dominante estadounidense tema más y más sus posibles consecuencias. Pero para ellos, retirar las tropas ahora significa abandonar el Medio Oriente y su estrategia de contención de rivales internacionales.

Es por eso que la administración Bush sigue jugando a ganar tiempo, esperando un cambio de fortuna, mientras los Demócratas retroceden ante cualquier paso concreto que pueda terminar con la guerra.

Esta dinámica muestra que nadie debiera poner sus esperanzas en los políticos en Washington D.C. Si ellos toman acción, será por la presión combinada de una fuerte resistencia en Irak, la oposición militante dentro de las filas del ejército y manifestaciones en las calles de éste país.

Hoy, la opinión pública contra la guerra es más profunda e iracunda que nunca, pero existe muy poca organización para que este sentimiento encuentre expresión. Tampoco existe un atajo para construir el tipo de movimiento que puede terminar con la guerra.

Por otro lado, aunque los activistas anti-bélicos no siempre reciben los titulares que merecen en ciudades a través del país, ellos llegan a conclusiones similares y están tomando la responsabilidad de organizar acciones donde vive, trabaja y estudia.

Por ejemplo, en Amherst, Mass., estudiantes, padres y catedráticos se movilizaron para protestar contra el ex-miembro del equipo de Bush, Andrew Card, cuando éste recibía un título honorario.

En Rochester, Nueva York, activistas han transformado una tienda desocupada en un centro de organización contra la guerra, proveyendo a los activistas con materiales y un espacio para reunirse. En Madison, Wis., algunos estudiantes hicieron un plantón en la oficina de su senador para mostrar que no aceptan un término medio acerca de la guerra.

Y en otras partes, veteranos de las fuerzas armadas, soldados, y sus familias se juntan para hablar públicamente -- y para organizar a otros.

Este tipo de trabajo organizativo es central para construir un movimiento nacional con raíces profundas, uno que crezca poderoso y llegue a ser una fuerza que los políticos no puedan pasar por alto.

Como concluyó Zinn, "nosotros, los que protestamos contra la guerra, no somos los políticos, somos ciudadanos. Lo que sea que hagan los políticos, hagamos que sientan toda nuestra fuerza, nosotros demandamos lo que es justo, no por lo que es fácil de ganar en el vergonzoso y timorato Congreso".

Traducción por Todd Chretien

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