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"No tenemos ninguna oportunidad aquí"

agosto-septiembre de 2007 | página 4

NICOLE COLSON informa sobre la farsa de justicia en una corte en Luisiana.

EN LUISIANA, el adolescente Mychal Bell fue condenado la semana pasada en un caso que debe estar fomentando indignación a lo largo del país con respecto al racismo en el sistema de injusticia estadounidense.

Bell, quien es Afro-americano, fue declarado culpable -- por un jurado compuesto completamente de blancos -- de cometer asalto agravado en segundo grado y conspiración.

Bell fue acusado de atacar, junto a cinco otros estudiantes, a un estudiante blanco el día 4 de diciembre en la secundaria del pequeño pueblo de Jena, Luisiana. Bell podría ser condenado hasta por 20 años de prisión cuando sea sentenciado el 31 de julio.

Los fiscales han descrito a los Seis de Jena, Bell y sus compañeros de clase, como los agresores, escogiendo ignorar el racismo que impregna el caso. El antecedente del asalto del cual Bell y los otros son acusados fue una serie de peleas entre estudiantes blancos y negros en Jena que comenzó luego de que tres estudiantes blancos colgaran horcas de un árbol en la secundaria en septiembre.

Jena es el tipo de pueblo en que tres jóvenes Afro-americanos fueron amenazados con una escopeta cargada en un almacén abierto las 24 horas por el tendero, un hombre blanco. La policía arrestó y acusó a los muchachos de agresión agravada y "robo" -- por haberle arrancado la escopeta de las manos del agresor.

En el caso de la secundaria, las horcas aparecieron la mañana después de que el director hubiera dado "permiso" a un grupo de estudiantes Afro-americanos a sentarse bajo un árbol en el patio de la escuela -- un área que algunos estudiantes blancos consideraban suya.

El mensaje de las sogas fue fuerte y claro para los estudiantes negros. Pero los funcionarios escolares descartaron la amenaza de linchamiento como una broma de adolescentes. El superintendente escolar de Jena, Roy Breithaupt, al Chicago Tribune, "Los adolescentes hacen bromas. Yo no creo que fue amenaza en contra de nadie". Los tres estudiantes blancos que colgaron las horcas recibieron cortas suspensiones en vez de ser expulsados.

Pero los residentes Afro-americanos del pueblo están seguros que la amenaza implicada por las sogas fue en serio. "Significó el KKK" --Ku Klux Klan. "Significó 'negratos, les vamos a matar, vamos a colgarles hasta que mueran'", dijo al periódico británico Observer la señora Caseptla Bailey, cuyo hijo Robert, es también parte de los Jena 6.

La segregación sigue vigente en Jena -- y no sólo en la secundaria. Según Bailey, el barrio donde ella vive es el área en que reside la mayoría de residentes Afro-americanos -- principalmente en remolques o chozas de madera. Ningún blanco vive allí. Sólo dos familias Afro-americanas viven en el área más rica del pueblo.

El racismo penetra el sistema de justicia también. En el año 2000, el Centro Juvenil de Justicia en Jena, un centro de detención juvenil bajo administración privada, fue cerrado por las autoridades después de que se descubrieran pautas de abuso racista -- tanto verbal como físico - por los guardias contra los presos.

Según el Proyecto Juvenil de Justicia de Luisiana, los niños Afro-americanos son el 78 por ciento de los jóvenes encarcelados en el estado, aunque los Afro-americanos forman apenas una tercera parte de la población estatal en su conjunto.

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LUEGO DE la aparición de las sogas en la escuela y tras el fracaso de la escuela de imponer un castigo verdadero, la tensión racial entre los estudiantes blancos y negros se intensificó.

Estalló una serie de peleas, y en noviembre, incendiarios desconocidos prendieron fuego al ala central de la escuela. También hubo noticias de peleas fuera del recinto, incluyendo la paliza de un estudiante Afro-americano que había asistido a una fiesta de blancos con algunos amigos.

Aunque un joven blanco enfrentó cargos de agresión por este caso, según la Asociación de los Abogados de Oficio de Luisiana, la policía en el lugar del crimen advirtió a los jóvenes Afro-americanos que "llevar sus prietos traseros lejos de esta parte del pueblo".

Cuando los estudiantes Afro-americanos prepararon una protesta bajo el árbol en la secundaria de Jena, la escuela llamó al fiscal del distrito de LaSalle, Reed Walters, quién acompañado de policías se presentó en una asamblea, donde fue reportado que advirtió a los estudiantes Afro-americanos que no hubiese más "incidentes", y que de continuar "Yo puedo hacer sus vidas desaparecer de un plumazo".

El 4 de diciembre, se produjo la pelea que llevó los cargos contra los Seis de Jena.

Un grupo de estudiantes Afro-americanos supuestamente asaltó a un estudiante blanco, Justin Baker, a la salida del gimnasio, golpeándole hasta dejarle inconsciente y pateándolo hasta después de que cayera al piso. Se dice que Baker fue amigo de los estudiantes que habían colgado las horcas, y algunos dicen que él había estado provocando a estudiantes Afro-americanos antes de la pelea.

Fiel a su palabra, el fiscal lanzó su ataque y presentó cargos a todos los seis estudiantes negros-- a cuatro de ellos como adultos. Trató formular acusaciones por intento de homicidio, con condenas máximas de 100 años. Los seis estudiantes fueron expulsados inmediatamente de la escuela.

Más tarde, la acusación de intento de homicidio fue reducida a agresión agravada, pero este cargo depende del uso de un arma peligrosa. Ya que no había evidencia que Bell ni los otros jóvenes tuvieran ningún fusil, ni cuchillo ni otra arma, Walters sostuvo que las zapatillas de tenis que llevaba Bell durante el ataque calificaban como "arma peligrosa".

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EL CONSECUENTE juicio a Mychal Bell fue demasiado típico de la "justicia" para Afro-americanos en los EE.UU. hoy en día.

Los miembros del jurado que escuchó el caso fueron todos blancos, y tomaron apenas tres horas para condenar a Bell. Los testigos en el juicio fueron todos blancos. El Juez J.P Mauffray determinó que el incidente de la soga no fue pertinente al caso y que no se podía mencionar en el juicio. Por lo tanto, mucho del contexto original de la pelea nunca se escuchó.

Varios testigos que presenciaron el juicio sugirieron que el defensor de oficio de Bell, Blane Williams, no estaba preparado, y que parecía más interesado en buscar un acuerdo por cargos menores con los acusadores que demostrar la inocencia de Bell. No consiguió presentar ni un solo testigo, ni presentar ninguna evidencia en defensa de Bell.

Williams no desafió que todo miembro del jurado fuese blanco tampoco. El dijo al Associated Press que estaba seguro que él "podría conseguir un juicio justo" de todos modos.

Alan Bean, el director de Amigos de la Justicia, una agrupación pro-derechos civiles basada en Texas, asistió al juicio y comentó al Associated Press, "Blane Williams no quería llevar el caso a juicio, no estaba preparado para llevarlo a juicio, y estaba enojado cuando a la fuerza tuvo que llevarlo a juicio. Así que él llegó al juicio sólo para seguir la formalidad".

Durante el juicio, varios testigos declararon que habían visto a Bell dar el primer golpe en el asalto -- punto prinicipal para demostrar los cargos contra él. Pero otros testigos dijeron que fue el estudiante blanco quien golpeó primero, mientras otros dijeron que no podrían determinar quién dio el primer golpe, o ni siquiera si Bell estaba entre el grupo de estudiantes --indicación clara que debe haber existido duda razonable en cuanto a la culpabilidad de Bell.

Ahora, Mychal Bell encara una condena de 20 años. Cinco jóvenes Afro-americanos más están esperando ser procesados. Los residentes Afro-americanos viven cada día con el temor de violencia racista. Como dijo Vivian Thompson, amiga de la familia de Bell, al Alexandria-Pineville Town Talk, "Los Afro-americanos no tienen ninguna oportunidad aquí. Quiero ver justicia. Esto no lo fue".

Traducción por Bridget Broderick

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