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La revolución de febrero

abril-mayo de 2008

KIRSTEN ROBERTS cuenta la historia de la sublevación popular que terminó con tres siglos tiranía zarista es Rusia en cuestión de una semana.

LA REVOLUCIONARIA polaca Rosa Luxemburgo escribió que la humanidad se enfrenta con una elección: la continua barbaridad del capitalismo o la transformación revolucionaria de la sociedad para crear un mundo mejor.

Esta elección pareció muy clara en los años entre 1914 y 1917, en medio de la carnicería de la Primera Guerra Mundial.

La irrupción de la guerra en 1914 fue un momento decisivo. La máscara de "progreso" de la revolución industrial se cayó y reveló la ferocidad del conflicto imperialista que ocultaba.

La Primera Guerra Mundial fue el horrendo producto del capitalismo. La rápida industrialización del fin del siglo XIX y comienzos del XX extendió el capitalismo a todas partes del mundo y condujo a os estados nacionales más ricos a una competencia por los recursos y mercados del mundo.

El enorme número de víctimas, uno de los aspectos más horrible de la guerra, se produjo porque los generales usaron tácticas militares del siglo XIX con armas del siglo XX, tales como ametralladoras y armas químicas. La guerra cobró la vida a más de diez millones de personas. Rusia por sí misma perdió casi dos millones.

En la Primera Guerra Mundial se caracterizó por el uso táctico de la guerra de trincheras. En la batalla de Verdun, la más larga de la guerra, por cinco meses se disparó un promedio de cien proyectiles por minuto --un total de veintitrés millones. Dos millones de hombres combatieron en Verdun. La mitad falleció. Sin embargo, cuando la batalla concluyó, la líneas de trincheras eran casi exactamente las mismas como habían partido.

Rusia estaba enfrentada a una tecnológica y económicamente más avanzada máquina de guerra alemana, a la que los comandantes rusos respondieron poniendo en frente a una masa humana --campesinos pobres, cuyas vidas fueron vistas como prescindibles por el estado zarista.

La primera gran batalla en el frente oriental ocurrió cuando el ejercito alemán cercó y destruyó al ejercito ruso en la batalla de Tannenberg. Debido a la completa incompetencia de los generales del zar, casi un cuarto de millón rusos perdió su vida.

Agregando a la tragedia, la gran mayoría de los partidos políticos de la clase obrera de toda Europa había abandonado su oposición a la guerra. Esto dejó al otrora poderoso movimiento obrero confundido y desmoralizado. Los bolcheviques en Rusia, encabezados por Lenin, fue uno de los pocos en mantener una política internacionalista en contra de la guerra.

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POR 1917, el barbarismo de la guerra dejó al régimen zarista en Rusia en un estado de colapso general. Un cuarto de la tierras más productivas se habían perdido a Alemanía, al costo de seis millones de soldados rusos muertos, heridos o capturados.

La destrucción provocada por la guerra se emparejó por el colapso de la economía. Los precios subieron rápidamente por encima de los salarios, y la comida y el combustible escasearon. A comienzos de 1917, una obrera típica de Petrogrado pasaba 40 horas a la semana en las colas del pan.

La escandalosa corrupción e ineptitud de los altos mandos de la sociedad rusa empujaron a los previamente leales súbditos de Zar Nicolás, a participar en el movimiento en contra su régimen. Las huelgas y manifestaciones por mejores salarios, controles de precios y contra la especulación en tiempo de guerra, aumentaron drásticamente entre 1915 y 1916.

Un informe policial a comienzos de 1917 declaró que la clase obrera estaba "al borde de desesperación... la más pequeña explosión, cual trivial sea su pretexto, conducirá motines fuera de control. La incapacidad de comprar, las frustraciones de hacer cola, la creciente taza de mortalidad debido a las malas condiciones de vida, el frío y la humedad producida por la falta de carbón... han creado una situación donde la mayoría de los obreros están listos para amotinarse violentamente".

El 23 de febrero de 1917 (8 de marzo en el calendario occidental, el calendario ruso corría 13 días atrás), esta desesperación se transformó en una abierta rebelión. Era el Día Internacional de las Mujeres, día cuando socialistas y obreros rinden homenaje a las luchas de las obreras para su emancipación y la de su clase.

Más tarde Leon Trotsky, uno de los líderes de la revolución, escribiría "Los círculos social-demócratas habían planeado... reuniones, discursos, folletos. A nadie se le habría ocurrido que éste pudiera ser el inicio de la revolución. Ni una sola organización había convocado a huelgas ese día".

Pero las obreras textiles de Petrogrado se declararon en huelga, y con ellas arrastraron detrás el partido Bolchevique, dirigido por los obreros industriales del distrito de Vyborg.

Los Bolcheviques inicialmente recomendaron a sus miembros que no participaran en las huelgas pues temían que el movimiento obrero no estuviera preparado aún para defenderse contra la inevitable represión del gobierno.

Pero las bases bolcheviques se lanzaron a la rebelión, con algunos de los cuadros con más experiencia proveyendo liderazgo mientras las masas tomaban acciones más y más decisivas. Al final del día 90,000 obreros estaban en huelga. El próximo día alrededor de la mitad de los obreros de Petrogrado se encontraban en huelga y grandes números se manifestaban en las calles. "La consigna '¡Pan!'", escribió Trotsky, "fue desplazada o oscurecida por las consignas más fuertes: '¡Abajo la autocracia!' y '¡Abajo la guerra!'"

Para el tercer día, grandes números de soldados que se habían movilizado para aplastar las manifestaciones se habían unido la rebelión, y pudieron ser vistos disparándolos contra las estaciones de policía para liberar a los presos políticos.

Ya que el gobierno no podía confiar en sus tropas de infantería para disparar al pueblo, el gobierno usó a las tropas más confiables y especializadas de la caballería cosaca. Pero los cosacos también se negaron disparar contra los obreros.

Por otro lado, según testigos en una manifestación, los cosacos guiñaban el ojo a los manifestantes y confraternizaban con los obreros. Sus oficiales no pudieron impedir que los cosacos permitieran las manifestaciones continuar --esos temibles guerreros fingieron no ver como los obreros pasaban por debajo de sus caballos hacia las calles.

El 27 de febrero, soldados campesinos en las barracas de las ciudades, entrenando para tomar su lugar en las trincheras del frente, comenzaron abiertamente a rebelarse y unirse a la revolución. Un gran número de esos soldados fueron movilizados por los obreros más militantes para apoderarse de las estaciones policíacas, arrestar a los oficiales del gobierno y del ejército leales al zar, y expulsar fuera de la ciudad a las tropas fieles al gobierno.

Los ministros del zar huyeron o fueron arrestados. Finalmente, el 2 de marzo, tres siglos del reinado de los Romanov llegaron a su fin cuando el zar abdicó.

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LA MAYORÍA de los actos más decisivos de la revolución que derrocó al zar fueron espontáneos. No obstante sería un error pasar por alto el rol desempeñado por los revolucionarios en las fábricas y en el ejército durante el levantamiento de febrero.

En particular, los miembros del partido Bolchevique desempeñaron papeles claves en las huelgas, las peleas callejeras y las manifestaciones.

Mientras ningún partido político había pronosticado la fecha o el camino preciso que seguiría la revolución, era claro, a excepción del despistado zar, que la sociedad rusa se enfrentaba una extrema crisis con implicaciones revolucionarias.

Los bolcheviques no se destacaron por su capacidad de pronosticar la revolución, sino por su preparación desde la primera revolución rusa en 1905 y a su compromiso a la idea que el poder obrero podría transformar la sociedad rusa. Esta idea --esparcida en las fábricas y en toda Rusia por cuadros del partido --tuvo una importancia decisiva en dirigir la revolución a la victoria.

Otra vez, Trotsky explicó la dinámica: "La mística doctrina de la espontaneidad no explica nada...Dentro las masas obreras, un profundo e independiente proceso de crecimiento estaba ocurriendo, no sólo odio por sus gobernantes, sino de entendimiento crítico de su impotencia, una acumulación de experiencia y conciencia creativa, que fue completado por la victoria de la insurrección revolucionaria".

"A la pregunta, '¿Quién dirigió la Revolución de Febrero,' podemos contestar con seguridad: los obreros concientes, educados en su mayor parte por el partido de Lenin."

La Revolución de Febrero fue un faro de inspiración para los obreros y oprimidos en todo el mundo. El horror de la primera guerra mundial tenía una alternativa: el derrocamiento de aquellos que la conducían.

Morgan Price Phillips, un periodista inglés que se hallaba en Rusia en esos momentos, describió del espíritu de estos días de esperanza: "Yo sabía que esto vendría tarde o temprano, pero no sabía que pudiera venir tan rápido. El país entero está exaltado con alegría, ondeando banderas y cantando la Marsellesa (el himno revolucionario francés). Esto ha superado todas mis expectativas, y apenas puedo creer que es cierto... ¡Viva la Gran Rusia, que haya mostrado al mundo el camino de la libertad! ¡Qué Alemania e Inglaterra sigan su pasos!"

Los obreros y campesinos rusos habían tomado los primeros pasos hacia su emancipación. Inmediatamente después la abdicación del zar, los consejos obreros y de soldados comenzaron a formarse en toda Rusia, como en 1905.

Sin embargo, mientras que la clase obrera demostró que podía abatir un odiado y pútrido régimen, también comprobó que, hasta este momento, no podía tomar y defender el poder por sí misma. En cambio, el poder se mantuvo, por el momento, en las manos de la clase capitalista. Esta paradoja, como la Revolución de Octubre de 1917 demostró, no podría durar por mucho tiempo.

Traducido por Todd Chretien y Abraham Gutierrez

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