La lucha de las plazas

June 24, 2011

Panos Petrou, del grupo socialista Trabajadores Internacionalistas de Izquierda (DEA) y parte en la ocupación de la Plaza Syntagma de Atenas, explica cómo el movimiento de los Indignados se desarrolla en Grecia.

UNA NUEVA ola de protestas comenzó en Grecia el 25 de mayo cuando decenas de miles respondieron a una convocatoria en Facebook a unirse a una manifestación en la plaza Syntagma, la principal plaza de Atenas, afuera del edificio del parlamento. Ésta fue una demostración espontánea, inspirada por el movimiento español de los Indignados, quiénes ocuparon la Plaza del Sol en Madrid.

Semanas más tarde, la plaza Syntagma sigue estando ocupada por miles de personas, y campamentos similares se han levantado en plazas de muchas ciudades y pueblos de todo el país. El movimiento está llegando a ser conocido como los "aganaktismenoi" (Indignados en griego) o el "movimiento de las plazas", y se ha convertido en una fuerza social que está desestabilizando aún más el ya sacudido gobierno griego.

El 25 de mayo y días aledaños, los medios de comunicación halagaron a los que salieron a la calle... por contener sus acciones. La prensa destacó las debilidades del movimiento, alabándolas como su "regalo". Y los mismos comentaristas que en el pasado atacaron brutalmente todo tipo de protesta social, ya sea huelgas, ocupaciones u otra, ahora glorificó al "movimiento no-político de todos los griegos contra todas los partidos".

Protesters in Thessaloniki fill a public square in protest against austerity measures

Los medios están retratando el movimiento en la manera que ellos prefieren se desarrolle--como una "silenciosa" expresión de indignación contra la "política", lo que no es necesariamente perjudicial para la clase capitalista.

Pero esto está muy lejos de la verdad. Si bien en Grecia existe un malestar generalizado en contra de los "políticos", las razón de fondo para esta ira popular son las políticas anti-obreras de la austeridad y privatizaciones impuestas tras la firma del Memorando entre el gobierno y la troika financiera europea--la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, para "rescatar" la economía griega.

Esas políticas están devastando la vida de los trabajadores, la juventud, los ancianos pobres y los desempleados--gente común en la sociedad griega. Y ellos son los mismos que hoy ocupan las plazas griegas, dónde lejos de ser "apolíticos", están descubriendo la lucha política desde abajo.

Desde el primer día, una de las cosas más excitantes en las plazas ocupadas por el movimiento ha sido la fiebre por debate político entre la gente ahí. Personas de todo tipo, encontrándose por primera vez en su vida, se reúnen para debatir sobre el sistema político, la crisis, la deuda pública y cómo lidiar con ella--o incluso cómo la economía es manejada en una sociedad capitalista.

Este es principalmente un movimiento de jóvenes--lo que la Organización por la Cooperación y el Desarrollo Económicos llama la "Generación X": licenciados desempleados, gente en situación de precariedad laboral, trabajadores no sindicalizados porque la burocracia sindical no levanta un dedo para organizarlos.

Pero no es sólo un movimiento juvenil. Las plazas se han convertido en un símbolo de resistencia para cientos de miles de trabajadores, adultos mayores y otros. Según una encuesta, uno de cada cuatro griegos ha participado en las manifestaciones de las últimas semanas, y un asombroso 87 por ciento de la gente apoya las protestas, el 81 por ciento cree que continuarán, y el 52 por ciento cree que van a "lograr algo".


EN LA Plaza Syntagma, uno puede ve cómo en tiempo real las ideas de la gente cambian como resultado de la acción de masas.

La mayoría de la gente está participando en acciones de masas por primera vez en su vidas. Hay gente que en el pasado ha votado por uno de los dos principales partidos, y ahora dice: "¡Por fin hemos despertado!" También hay toda una generación de jóvenes que crecieron sin "vínculos" a las ideas izquierdista, ni a la política de lucha social ahora estallando en las calles.

En el curso de los días se ha podido observar este desarrollo en la calle. El grito de "¡Ladrones, ladrones!" contra parlamentarios y gestos insultantes contra el edificio legislativo fueron las únicas formas de expresión, pero con el tiempo, consignas más políticas, tales como "¡Hey, hey, ho, ho. Toma el Memorando y lárgate!", han dominado la escena.

Es más, la ocupación de la plaza Syntagma ha tomado una vida propia. Cada noche hay una Asamblea Popular, donde miles de personas se reúnen a discutir y votar por las demandas y los próximos pasos del movimiento. Esta es mucho más democracia de lo que ha estado ocurriendo al interior de los salones del parlamento.

A parte de la principal asamblea, hay todo tipo de grupos de trabajo centrados en temas específicos: un Grupo Político, un Grupo Económico, la Asamblea de Trabajadores y Desempleados, etc.

Una de las iniciativas más exitosas fue el "Día de Debate Popular Sobre la Deuda." Economistas que se han opuesto al Memorando fueron invitados a hablar sobre las alternativas, y más de 4.000 personas asistieron a la discusión. Hubo preguntas acerca del futuro de la zona euro, la posibilidad de incumplir la deuda, el papel de los bancos, y otras parecidas.

La plaza Syntagma se ha convertido en el centro de la resistencia. La mayoría de las marchas sindicales terminan en la plaza. El 9 de junio, los trabajadores de la empresa láctea Dodoni--una serie de cooperativas agrícolas en el noroeste de Grecia--llegaron a la plaza para protestar contra el plan del Banco Agrícola de vender la empresa pública. Ellos distribuyeron toneladas de leche a los manifestantes. El 4 de junio, una columna LGBT de la Parada Orgullo de Atenas desafió las advertencias de la policía y de los matones derechistas, que los amenazaba de no ser bienvenidos en la plaza, y __marchó a Sintagma.

Las manifestaciones del domingo en la plaza dan la oportunidad para una gran cantidad de simpatizantes a protestar--como el "Viernes de Ira" en el mundo árabe.

Decenas de miles de personas paralizan el centro de la ciudad de Atenas todos los domingos. El 5 de junio, más de 200.000 personas participaron en una de las mayores manifestaciones desde la caída de la junta militar en 1974--era casi imposible dar un solo paso dentro de la plaza.

El momento más emocionante fue cuando un grupo de residentes egipcios en Grecia apareció agitando banderas egipcias y llevando una pancarta que leía: "De la Plaza Tahrir a la Plaza Syntagma." Los aplausos y vítores fueron electrizantes.

Mostrando el internacionalismo del movimiento, banderas egipcias, tunecinas y españolas son comunes en las protestas--junto a la bandera argentina, con gente dándole a las cacerolas, como los argentinos hicieron durante el Argentinazo del 2001. Este es un ejemplo muy popular entre los griegos, e incluso hay una consigna inspirada en la rebelión que obligó al presidente Fernando de la Rúa a abandonar el palacio presidencial en un helicóptero. Y dice: "¡Una noche mágica, como en Argentina, vamos a ver quién toma el helicóptero!"


DENTRO DEL movimiento de las plazas hay una lucha política en curso.

Muchos manifestantes muestran hostilidad hacia la izquierda, con frases como "los políticos y sindicatos son todos iguales". Esta es una crítica válida--el "realismo" de los grandes partidos de la izquierda tradicional y su énfasis en la política parlamentaria y electoral ha llevado a muchas personas a verlos como "parte del sistema". Además, existe una ira generalizada contra las traiciones de la burocracia sindical.

Pero son elementos derechistas y de extrema derecha, disfrazados de "patriotas no-políticos ", los que han conscientemente cultivado estas ideas. Ellos tratan de dar a las protestas una dirección conservadora, con el fin de excluir a la izquierda y al movimiento obrero de las plazas.

Es de vital importancia para la izquierda presentarse en las manifestaciones para explicar que los burócratas son una cosa, pero los sindicatos y sus bases son otra, que necesitamos a la izquierda radical que no es parte del sistema sino una fuerza en su contra, y que el verdadero enemigo no son sólo unos "políticos corruptos", pero los banqueros, los industriales y toda la burguesía.

Esta relación está dando sus frutos. Las decisiones y los anuncios de la Asamblea Popular en la plaza Sintagma se mueven claramente hacia izquierda, con llamados a huelgas, declaraciones de que todos los trabajadores en huelga son "bienvenidos a la plaza", y demandas que tradicionalmente han sido enarboladas por la izquierda. La consigna de la izquierda radical: "No debemos nada, no vendemos nada, no pagamos nada", creada como un grito de guerra contra la deuda y la privatización, es una de las más populares en las plazas.

El movimiento alcanzó su punto más álgido el 15 de junio, cuando hubo una huelga general de 24 horas, además de la movilización en la plaza. Masas de trabajadores en huelga se unieron a los miles de Indignados que rodeaban el edificio del parlamento.

Se podía ver el miedo del gobierno desde temprano en la mañana. Barricadas fueron puestas para proteger el edificio legislativo. Miles de policías fueron movilizados para permitir a los parlamentarios entrar--aunque la mayoría optó por quedarse en casa ese día.

Más tarde, la policía antidisturbios atacó a la manifestación. Toneladas de gas lacrimógeno fueron utilizadas en las calles alrededor de la plaza Sintagma, mientras la policía antidisturbios en repetidas ocasiones trató de dispersar a los manifestantes, intentando incluso una redada directa al campamento. Pero en una impresionante demostración de desafío, la gente no cedió terreno, usando pañoletas en la cabeza, formando cadenas, algunos bailando en el medio de la "batalla" para demostrar que no tenían miedo.

Durante todo el día, la gente se retiraba por unos momentos, sólo para volver a la plaza minutos más tarde. Estaba claro que "No pasarán" y que "No perderemos la plaza". Personas de la tercera edad, amas de casa, trabajadores y jóvenes, todos hicieron frente a la brutalidad de policía--muchos por primera vez en su vida--pero fueron exitosos y la plaza permaneció ocupada.

Los trabajadores de los hoteles y las cafeterías cercanas a la palza desplegaron su solidaridad, abriendo las puertas de sus establecimientos para dar cobijo y agua a los manifestantes. Los trabajadores de la estación de metro en la plaza Syntagma mantuvieron de suyo abierta la estación y la ofrecieron de refugio para los manifestantes, permitieron el flujo de personas desde y a la manifestación, y creaon una improvisada clínica para cuidar de los heridos.

Al final del día, cuando la batalla alrededor de la plaza terminó, el pueblo mantuvo su campamento. Esa misma noche, miles de personas volvieron a Syntagma para asistir a la Asamblea, que fue una de los mayores desde el inicio del movimiento. El intento de asustar a la gente había fracasado.


ESE MISMO día, el gobierno casi colapsa. El primer ministro George Papandreou considero renunciar para formar un nuevo gobierno, ya sea en coalición con la oposición derechista, o un gobierno de tecnócratas--"administradores profesionales" cuya cuna e interés están con la clase capitalista.

El fracaso de esa movida resultó en la re-composición del gobierno, con la que Papandreou intentó sofocar la rebelión dentro de su propio partido. Para controlar a potenciales legisladores rebeldes, considerando votar contra el nuevo paquete de austeridad y privatización, Papandreou pidió un voto de confianza el 21 de junio.

Simultáneamente, el movimiento en las plazas está organizando un "voto de confianza en las calles", con grandes manifestaciones en todas las ciudades, el que viene luego de otra masiva movilización el domingo 19 de junio, que mostró que ni la brutalidad policíaca, ni las maniobras del gobierno, pueden detener la protesta popular.

La lucha está lejos de terminar. Y lo más importante, existe la posibilidad de que el movimiento obrero se una a los Indignados en las plazas. Con el gobierno tratando de privatizar las empresas públicas, los poderosos sindicatos de ese sector están viéndose obligados a ponerse de pie o perecer. Así, el 20 de junio los trabajadores de la empresa nacional de electricidad comenzaron una serie de huelgas escalonadas.

Las dos principales federaciones laborales del país, ADEDY, del sector público, y GSEE, en el sector privado, se han visto obligadas a escalar sus acciones huelguistas. Luego de años de huelgas ceremoniales de 24 horas, las federaciones llevarán a cabo una huelga general de 48 horas para el 27 y 28 de junio, fecha en que se votará el nuevo paquete de austeridad en el parlamento. Ésta es su la primera acción conjunta, de este tipo y magnitud, en más de 30 años.

La unión del entusiasmo y la combatividad de los Indignados con el poder del movimiento obrero es el mejor de los caminos a seguir. Las plazas deben jugar un papel en escalar las huelgas, y las fábricas necesitan la acción directa y masiva desplegada en las plazas.

En los próximos días, esta será la crucial tarea para la izquierda radical, activistas en las plazas y militantes sindicales de base. Los miembros de los Trabajdores Internacionalistas de Izquierda, DEA, que desde su inicio han participado en el movimiento, agitan en torno al lema: "¡Traed los sindicatos a la Plaza, y llevad la plaza al trabajo!"

Traducido por Orlando Sepúlveda

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