Conteniendo el fuego

Los que busquen una "revolución política" no lograrán sus objetivos tratando de transformar el Partido Democrático desde dentro, como Bernie Sanders sugiere.

Bernie Sanders speaks to a big crowd in Iowa

LA CARRERA presidencial de Bernie Sanders está llegando a su fin, mucho después de que la mayoría de los comentaristas, Obrero Socialista y el mismo Sanders pensaban lo haría.

Las chances siempre fueron abrumadoras de que Hillary Clinton ganara la nominación presidencial de un partido diseñado para candidatos del gran capital. Aun así, varios de sus partidarios, incluso algunos de Sanders, concluyeron que Clinton aseguró la nominación porque el mensaje de Sanders era demasiado radical para un país que "no abandona fácilmente sus más profundamente arraigadas creencias ", como escribió Joshua Holland, en Rolling Stone.

Algo muy raro que decir acerca de un candidato con poco reconocimiento de nombre hace un año, que acabó ganando 23 estados y más de 13 millones de votos (sin incluir los estados con asambleas en vez de primarias), que no tomó dinero de las corporaciones o Súper-PACS, y que, para colmo, con orgullo, se autoproclamó socialista.

Sanders tuvo éxito, contra todos los pronósticos, porque sus propuestas, como la redistribución de la riqueza mediante impuestos a Wall Street y a los ricos, o la creación de un sistema de salud universal, son radicales para los estándares de la política estadounidense, hoy.

Quienes lo apoyaron no abandonaron sus más profundamente arraigadas creencias. Inesperadamente, ellos fueron capaz de expresar su descontento con el comportamiento criminal de la clase dominante de los Estados Unidos.

Esto fue particularmente cierto para los 2 millones de votantes menores de 30 años que votaron por Sanders, mucho más de los que votaron por Clinton y Trump combinados. No es coincidencia que ellos también sean mucho más proclives a identificarse como "clase obrera" que el resto de la población.

Sanders no creó esta radicalización, ya expresada en los recientes movimientos sociales, pero él ayudó a desarrollarla, encajando un mensaje izquierdista en el, de otra manera, estéril debate político, y conectando la ira popular con la desigualdad y la avaricia corporativa a visiones de cómo podría el país ser diferente si el bienestar social tomara precedencia al provecho económico individual.

Durante las primarias demócratas, Clinton y sus seguidores trataron retratar la plataforma de Sanders como una utopía donde "todo el mundo recibe dádivas", como si los programas propuestos por Sanders, el cuidado de la salud universal y una educación universitaria totalmente financiada, no hubieran ya existido por décadas en la mayoría de los países ricos.

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EL HECHO de que los ataques sobre Sanders por "no ser realista" no hicieron mella al apoyo a su favor es importante, como la autora izquierdista Naomi Klein escribió para Common Dreams:

Clinton, y la ya cuadragenaria campaña ideológica que ella representa, han perdido la batalla de las ideas. El hechizo del neoliberalismo se ha roto, aplastado bajo el peso de la experiencia vivida y una montaña de datos.

Lo que durante décadas fue indecible, ahora se grita: educación superior gratuita, doble salario mínimo, cien por ciento de energía renovable. Y las multitudes lo claman. Con tanta pasión, ¿quién sabe qué vendrá?: Reparaciones por la esclavitud y el colonialismo, un ingreso anual garantizado, cooperativas obreras democráticas como la pieza central de un programa de empleos verdes. ¿Por qué no? La esgrima intelectual que ha restringido la imaginación de la izquierda durante tanto tiempo yace retorcida en el suelo.

En una vena similar, el prominente partidario de Sanders, Robert Reich, escribió en un e-mail para MoveOn.org: "No importa qué suceda ahora. Bernie ya tuvo éxito".

No tan rápido.

Podría ser cierto, como dice Klein, de que el hechizo ideológico del neoliberalismo se ha roto, pero las políticas reales del neoliberalismo continuarán hasta que creemos los movimientos sociales y organizaciones capaces de contrarrestarlas y revertirlas. Ese esfuerzo apenas comienza y, contrario a lo que Reich crea, si importa qué suceda de ahora en adelante.

Klein y Reich podrían coincidir en que la lucha práctica para derrocar el neoliberalismo aún debe ocurrir. Pero ellos podrían no estar de acuerdo con esto: Parte del éxito de Sanders será canalizado para apuntalar el apoyo al Partido Democrático, y esto es un problema para toda aquel inspirado por la visión de una sociedad organizada en torno a las prioridades que los demócratas oponen.

La Convención Nacional Democrática en julio estará llena de contradicciones. Afuera, habrá protestas callejeras organizadas por diversas fuerzas liberales y de izquierda, en las que muchos partidarios de Sanders participarán. Adentro, habrá una cuidadosamente coreografiada reconciliación de los ex rivales, y el inicio de un gran esfuerzo para traer a los partidarios de Bernie a apoyar a Clinton en noviembre.

Eso no quiere decir que ambas campañas resolverán sus desacuerdos sobre las condiciones para el apoyo de Sanders. Los partidarios de Clinton están reprendiendo a Sanders en los medios por tener el descaro de exigir cambios en la plataforma del partido, y Sanders no apoyó explícitamente a Clinton en su discurso de medio-concesión a mediados de junio.

Durante las primarias, Sanders y sus partidarios se negaron a ceder bajo la presión de la campaña de Clinton, y Sanders parece que honrará su promesa de continuar la lucha, al menos retóricamente, en la convención.

La disposición de Sanders para hacer frente a la podrida élite del Partido Demócrata ha sido refrescante. El problema es que su objetivo, todo este tiempo, ha sido fortalecer el mismo podrido partido.

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MUCHOS DE los que apoyaron a Sanders ven su esfuerzo como una de las aristas en una estrategia "por-dentro-y-fuera": por una parte, apoyar a los demócratas de izquierda para empujar el partido hacia la izquierda, y en la otra, protestas y un tercer partido u otra forma de activismo independiente.

Cualesquiera las fortalezas y debilidades de este enfoque sean, el que Obrero Socialista no apoya, debe quedar claro que la propia orientación de Sanders es todo dentro y nada afuera.

En su discurso del pasado jueves, los próximos pasos que trazó para se "revolución política" fueron: 1) la derrota Donald Trump, lo que en la práctica significa votar por Hillary Clinton; 2) mejorar la plataforma del Partido Democrático; y 3) reclutar miles de personas para correr por cargos electos, para que así más demócratas liberales compitan contra los republicanos en los 50 estados.

Ausente quedó la noción de tomar acción independiente del Partido Democrático, ya sea formando un sindicato, llamando una protesta en favor de un sistema de salud universal, o enfrentando la violencia racista y la corrupción de las fuerzas policiales en las grandes ciudades, donde los demócratas son, invariablemente, los alcaldes. Y no hace falta decir que la tarea que una vez Sanders apoyó fue dejada fuera de la lista: crear un partido político independiente del, y hostil al, poder de las corporaciones.

Incluso el aparato de recaudación de fondos de Sanders, a base de pequeñas donaciones y un posible modelo para futuras campañas de izquierda, está a punto de ser absorbido por la máquina demócrata.

Sanders utiliza la plataforma de recaudación de fondos ActBlue, que pertenece al Partido Democrático. Esto significa que los 2.5 millones de personas que donaron a Sanders estarán recibiendo solicitudes de otros candidatos demócratas en los años venideros. La campaña de Clinton, por su parte, creó su propia plataforma de recaudación de fondos que controla exclusivamente, una prueba más de que cuando se trata de dinero, Clinton tienen su versión de una estrategia "por-dentro-y-fuera".

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SANDERS PROPONE transformar el Partido Democrático desde dentro de dos maneras: Mediante el uso de la convención de julio para empujar por una plataforma más progresiva y mediante una nueva generación de funcionarios electos, de izquierda, a todos los niveles de gobierno.

Al hacerlo, él está pidiendo a la gente canalizar sus energías hacia un partido que está diseñado no para escucharlos, sino para contenerlos.

La lucha sobre la plataforma, en sí misma, no tiene sentido. Para tomar un ejemplo entre muchos, cada plataforma democrática, desde 1976 a 1988, ha contenido el "cuidado de la salud universal", pero los demócratas nunca han levantado un dedo para hacer de eso una realidad.

El esfuerzo de dos delegados de Sanders, Cornel West y James Zogby, para empujar al comité de plataforma condenar la ocupación israelí es una bienvenida declaración política, poniendo las voces pro-palestinas en el debate político. Pero las probabilidades son abrumadoras en su contra, y todos los debates de la convención tendrán prácticamente cero impacto en lo que Hillary Clinton diga en la campaña electoral, o haga como presidente, acerca de Israel.

Después del discurso de Sanders sobre sus planes para la "revolución", cerca de 7.000 personas, según informes, se registraron para aspirar a cargos públicos. Sin embargo, no parece haber criterio alguno sobre qué hace a un "demócrata sanderiano" un candidato particularmente progresista. Después de todo, corriendo por el Congreso bajo esta tienda están el islamófobo Tulsi Gabbard y al halcón anti-iraní Tim Canova.

Quizás más importante, no hay razón alguna para pensar que estos nuevos demócratas lograrán romper la pauta de generaciones pasadas, comenzando un poco a la izquierda del establecimiento del partido, pero siempre moviéndose hacia la derecha, así como subían los peldaños del partido.

Basta con referirse a los demócratas aclamados como la nueva izquierda del partido sólo un año antes que Sanders comenzara su carrera presidencial. La senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, se negó a respaldar Sanders por temor a dañar su propia influencia dentro del partido, mientras que el gran logro del alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, aparentemente, es ser un leal sirviente de la industria de los bienes raíces.

Los demócratas han sido durante mucho tiempo "el segundo partido capitalista más entusiasta de la historia", como el ex estratega republicano Kevin Phillips dijo una vez. Hoy en día, el Partido Republicano está dominado por lunáticos y reaccionarios, por lo que los demócratas esperan ser promovidos al estatus de Equipo A de las corporaciones estadounidenses, mientras aún mantiene su tradicional base entre los trabajadores y la gente de color.

Es crítico entender las enormes diferencias entre el aparato del partido y sus votantes, tanto para los partidarios Sanders, nuevos a la política, como para aquellos en la izquierda que piensan que el Partido Demócrata está sacudido por divisiones.

Hillary Clinton obtuvo el 55 por ciento de los delegados en las urnas, y el 92 por ciento de los "súper-delegados". Este no es un partido dividido, sino uno que está notablemente unificado, en contra de Sanders y de todas las esperanzas que su campaña representó para millones de votantes.

La estrategia de convertir el Partido Democrático en un vehículo de izquierda es una quimera. Este fue el grano de verdad que siempre existió en la afirmación de que la campaña Sanders no era realista; no por su mensaje político, sino por pensar que este partido podría llegar a representar esa política.

Cualquiera que quiera una "revolución política" deberá hacerla mediante la construcción de partidos y movimientos realmente de izquierda.

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CREAR UNA izquierda estadounidense, independiente de los demócratas, también puede parecer una tarea insuperable; y lo sería, si nuestra meta fuera ganar la próxima elección presidencial.

Nuestros objetivos deben extenderse más allá de noviembre, y para el caso, más allá que candidaturas. Nuestra meta es la construcción de instituciones que pueden apoyar las huelgas y protestas de movimientos como Ocupa y Las Vidas Negras Cuentan, porque dentro del Partido Democrático ellos sólo han encontrado políticos que buscan cooptar su arenga, mientras castran su contenido.

La cuestión de la construcción de una política independiente será planteada con mayor claridad este otoño por la campaña presidencial de Jill Stein, del Partido Verde.

Muchos partidarios de Sanders ya están planeando votar por Stein. Otros, como Sean King, of The New York Daily News, están hablando de renunciar a los demócratas "después de esta elección." Pero renunciar al partido significaría mucho más si ocurre durante las elecciones, e incluye un compromiso a construir la alternativa.

Muchos partidarios Sanders han defendido su decisión de postularse para la nominación presidencial demócrata señalando que él no habría recibido mucha atención de los medios de comunicación si hubiera corrido como un independiente. Eso es cierto, pero eso podría cambiar en futuras elecciones con un fuerte voto verde en noviembre.

Si Stein obtiene un 5 por ciento de los votos – un gran, pero no imposible salto después de que una encuesta de CNN le diera un 7 por ciento, a pesar de que su nombre aún tiene poco reconocimiento – los Verdes recibiría $10 millones en fondos para el año 2020, y el acceso al voto automático en muchos estados. Esa es una forma concreta de construir hacia una revolución política.

Un buena muestra electoral para Stein también enviaría un mensaje a activistas y movimientos de protesta de que podemos encontrar una expresión política de nuestro poder fuera del Partido Democrático, que los esfuerzos de solidaridad con Palestina están en mejor uso construyendo la campaña BDS que en luchar por lenguaje en la plataforma de una partido que nos es hostil, y que es más probable ganar un salario mínimo de $15 la hora abandonando a la campaña de Clinton que negociando con sus representantes a puertas cerradas.

No importa qué tan exitosa sea, la campaña de Jill Stein no es un sustituto a las huelgas, ocupaciones, y manifestaciones que serán necesarias para seriamente retar el programa de los partidos Republicano y Democráticp. Pero puedo ser un paso importante para formar a los líderes que conducirán esas luchas.

En su discurso de semi-concesión, Bernie Sanders dijo que su campaña demostró que "[n]uestra visión para el futuro de este país no es una idea descabellada. No es una idea radical. Es lo que el público piensa. Es lo que millones de estadounidenses creen y quieren ver suceder".

Tiene razón, y su éxito en mostrar la popularidad de las demandas obreras por la redistribución de la riqueza serán el más importante legado de su campaña. Depende de nosotros construir sobre ese legado y crear las organizaciones independientes de los demócratas para ganar esas demandas, y más.

Traducido por Orlando Sepúlveda