No entre partidos capitalistas

Paul D'Amato explica por qué ni demócratas ni republicanos actúan en el interés de los trabajadores.

No apoyamos candidatos de partidos capitalistas, como el Democrático y el Republicano. Apoyamos auténticos candidatos de izquierda y acción política que promueva la independencia obrera al sistema bipartidista dominado por las corporaciones estadounidenses.
-- Fragmento de "Nuestra Posición" de la ISO

La política de la Organización Socialista Internacional

"NO NECESITO decir al trabajador consciente que no tiene ninguna opción entre estos los dos partidos capitalistas", Eugene Debs escribió en 1900, "que ambos son leales al mismo sistema y que si el uno o el otro domina, seguirá siendo un esclavo del salario, como hoy lo es".

Lo mismo podemos decir hoy, un siglo más tarde. Michael Parenti, en su libro Democracia para unos pocos, describe el sistema político de Estados Unidos como "un circo" que "realiza la función esencial de ayudar a legitimar el orden social".

Este sistema, escribe Parenti, "canaliza y limita la expresión política, y oscurece el conflicto de clase. A menudo da muy poca atención a los problemas reales, porque se la da toda a la competencia misma: ¿Quién corre? ¿Quién puntea? ¿Quién ganará las primarias? ¿Quién ganará la nominación? ¿Quién ganará las elecciones?"

Una de las maneras más importantes en que el sistema político realiza la función descrita por Parenti es mediante la creación de un arreglo institucional en que únicamente dos partidos son presentados como opciones legítimas. Sólo dos partidos dominan el sistema, el Democrático y el Republicano.

Aunque en ocasiones un partido de izquierda ha intentado quebrar esta monotonía, un voto a su favor es, por diseño, considerado un voto perdido. Un tercer partido es visto como anormal, extremo o dislocado, e institucionalmente fuera de los límites.

Bizantinas leyes estatales hacen difícil para cualquier candidato que no sea de uno de los dos principales partidos poner incluso su nombre en la papeleta. Dado el costo financiero de correr una campaña electoral, para la gente común es prohibitivo participar. Por ejemplo, una campaña senatorial ahora cuesta entre $3 a $18 millones. Una carrera presidencial cuesta cientos de millones. Junto, los partidos gastaron más de 5 mil millones de dólares en la carrera presidencial de 2008.

El claro objetivo de esto es hacer lo más difícil posible para una alternativa de izquierda y de la clase obrera desarrollar cualquier fuerza política. Ambos partidos son respaldados por las grandes empresas, y cada uno toma su turno en el poder. A pesar de que los ricos a menudo prefieren el Partido Republicano, no son reacios a respaldar a los demócratas cuando creen que es apropiado o necesario.

Las grandes empresas financian a ambos partidos, e inclinan su balanza de uno a otro dependiendo de la situación económica y política, y de qué partido la clase capitalista siente está mejor posicionado para tomar las riendas del poder y mantenerlas firmemente. En el ciclo electoral de 2008, por ejemplo, de las 50 principales donantes financieros corporativos que donaron entre uno y ocho millones, sólo cuatro contribuyeron al Partido Republicano, según opensecrets.org.

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POR SUPUESTO, este juego no funcionaría si el electorado viera que ambos equipos usan la misma camiseta y pertenecen al mismo club. El sistema está diseñado de manera que cuando los votantes están insatisfechos con uno de los partidos, siempre existe el otro esperando asumir el control con una interrupción mínima del sistema en su conjunto.

Si cada partido tiene que tomar su turno en el poder, ellos deben al menos tener algunas aparentes diferencias para que el sistema funcione. El Partido Republicano es socialmente más conservador, y defiende más abiertamente los intereses del capitalismo. El Partido Democrático es más liberal, y al menos en su retórica apela a ideas populistas con el fin de obtener apoyo público.

Desde el Nuevo Trato de F. D. Roosevelt (un programa diseñado para salvar al capitalismo gringo, de una revolución social durante su peor crisis, con algunas reformas sociales) el Partido Democrático se ha presentado como el partido de la reforma social, el partido del trabajo, de los negros y de las mujeres. Por supuesto, estas referencias permiten al partido no mencionar que durante la mayor parte de su vida también fue el partido del racismo Jim Crow.

El maquillaje populista comenzó a correrse rápidamente después de la elección de Ronald Reagan, cuando los demócratas se movieron aún más a la derecha y apoyaron la agenda neoliberal de los patrones, haciéndole el juego a la ideología del gobierno pequeño y la "responsabilidad personal". Sólo gracias a ser comparado al GOP, que se movió aún más hacia la derecha, que los demócratas aún pueden presentarse como algo un poco mejor.

En las últimas elecciones los candidatos demócratas han ofrecido una mucha más retórica populista de lo acostumbrado. Sin embargo, hay una clara diferencia entre su retórica y lo que ellos de hecho ofrecen en reformas sociales para revertir los ataques sociales y económicos infligidos a los trabajadores y los pobres en las últimas décadas.

Es esta diferencia marginal entre los partidos, además de hacer política a la imagen del mercado capitalista, transforma las contiendas electorales en el equivalente político de un concurso de belleza. Las campañas políticas se ejecutan como enormes campañas publicitarias, donde cuidadosamente elaboradas imágenes triunfan sobre cuestiones sustanciales.

Como escribe Parenti: "La misma ausencia de desacuerdo significativo sobre los cimientos, hace aún más necesario estresar las características personales de los rivales. Al igual que con los productores industriales, los comerciantes del sistema político han preferido limitar su competencia a la etiqueta y el empaque".

Los candidatos se auto promueven con su apariencia, por ser sinceros y orientados a la familia, temerosos de Dios, patrióticos, anti-corrupción y comprometidos en ayudar a todos los estadounidenses, ricos, pobres y entre medio. "Tales", escribe Parenti, "son las inevitables apelaciones que, como hojas de otoño, o excrementos en un granero, cubren la tierra cada noviembre".

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DETRÁS DE la imagen, ambos partidos son instituciones burguesas, pro-capitalistas; y sus políticas así lo reflejan. Ambos están comprometidos con promover el mejor "clima de negocios" en el país y en el extranjero, es decir, garantizar las mejores condiciones para sacar provecho burgués.

Ambos partidos, por ejemplo, han sido firmes partidarios de la agenda libremercadista de las empresas. Ambos partidos en el poder ofrecen diversos beneficios, a costa de los contribuyentes en la clase obrera, en forma de enormes recortes de impuestos y subsidios a los ricos, y sólo bajo presión desde abajo ofrecen programas que ayuden a la clase obrera y los pobres.

Ambos representan la expansión del poder militar de Estados Unidos en el extranjero, y ambos han votado a favor de ampliar el presupuesto militar. Ambo son firmes partidarios de Israel, y se diferencian en la Guerra en Irak, no por la devastación provocada contra el pueblo iraquí, sino porque no están de acuerdo si la invasión fue exitosa; definiendo éxito en términos de la consecución de los objetivos políticos y militares de Washington en Irak.

El candidato a vicepresidente del Partido Verde en el año 2004, Pedro Camejo explicó la diferencia entre los dos partidos de esta manera: "Cuando los republicanos piden un recorte salarial del 20 por ciento, los demócratas condenan esto como un escándalo, y en su lugar proponen un recorte del 10 por ciento. En resumen, nos ofrecen la opción del "mal menor".

El "mal menor" ha sido el talón de Aquiles en la construcción de una verdadera alternativa de izquierda, y largamente explica por qué ningún partido laboral se ha desarrollado en EE.UU. También explica por qué un partido nominalmente independiente, como los Verdes en 2004 abandonó su independencia e instó a sus partidarios a votar por los candidatos verdes solamente en "Estados seguros", es decir, en los estados donde no hubiera posibilidad de que el candidato demócrata perdiera la elección.

Debs dijo una vez que preferiría votar por algo que quisiera y no obtenerlo, que votar por algo que no quisiera y obtenerlo. Ese, por desgracia, no siempre es el principio rector de la izquierda. Cada año electoral, la presión se apila para apoyar la posibilidad realista, es decir, un demócrata. Mientras sigamos aceptando las limitaciones de esta opción, no seremos capaces de desarrollar una alternativa política de la clase obrera al sistema bipartidista.

Traducido por Orlando Sepúlveda