A protestar contra Bolsonaro

March 7, 2019

Susan Carroll explica por qué quienes defendemos la democracia debemos organizarnos para protestar la llegada de Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, a Estados Unidos.

EN UNA muestra de solidaridad internacional entre la clase dominante, Donald Trump ha invitado a Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, a visitar Estados Unidos.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, viajó a Washington, DC, en febrero para reunirse con el Secretario de Estado Mike Pompeo y el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton, confirmando que, aun sin fecha oficial, la visita de Bolsonaro a EE. UU. va a suceder a mediados de marzo.

Desde Estados Unidos a Hungría y Filipinas, la extrema derecha crece en todo el mundo. Bolsonaro consolidó esa tendencia, proporcionando otro eje a lo largo del cual las políticas regionales e internacionales pueden alinearse.

En su discurso de inauguración, Bolsonaro declaró que su victoria marca “el día en que la gente se liberó del socialismo, de invertir en valores, del estatismo y la corrección política”.

Jair Bolsonaro is sworn in as President of Brazil
Jair Bolsonaro es juramentado como Presidente de Brasil (Cleia Viana | Wikimedia Commons)

Desde su inauguración el 1° de enero de 2019, Bolsonaro ha envalentonado al matonismo derechista en el país, eliminado el Ministerio de Trabajo, ordenado el monitoreo de organizaciones no gubernamentales e internacionales, socavado los derechos indígenas, debilitado las leyes ambientales que facilitarán una mayor destrucción del Amazonas, relajado las leyes de control de armas, además de haber prometido trasladar la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, entre otras acciones.

Bolsonaro es profundamente racista. Él se ha manifestado en contra de todas y cada una de las políticas de acción afirmativa, alegando que Brasil “no tiene deudas” con los negros por el crimen de la esclavitud. Brasil abolió la esclavitud en 1888, la última de las grandes economías en hacerlo.

Además, Bolsonaro deformó el Ministerio de Asuntos Indígenas y desmanteló los derechos indígenas, otorgando a las empresas agrícolas el poder de supervisar la demarcación en territorios pertenecientes a comunidades indígenas y quilombolas, descendientes de esclavos que viven en comunidades independientes en Brasil. También ha comparado a los indígenas con “animales en zoológicos”.

El ahora presidente brasilero se comprometió a militarizar a la policía y otorgarle más licencias para matar, notoriamente destacando que “un criminal bueno es un criminal muerto”, y que si un oficial de policía “entra, resuelve el problema y si mata a 10, 15 ó 20 personas con 10 ó 30 disparos cada una, debe ser celebrado, no procesado”.

Bolsonaro es un misógino que defiende la brecha salarial de género (las mujeres en Brasil ganan un 23 por ciento menos que los hombres) sobre la base de que las mujeres obtienen licencia maternal, firmemente opone del derecho a abortar, prometió vetar cualquier propuesta para legalizar el aborto y que su gobierno no financiaría ninguna organización que promueva el aborto.

Sus comentarios sexistas son reconocidamente infames, como cuando le dijo a una congresista que no era “digna” de ser violada. Además, Bolsonaro patrocinó la revocación una ley que obliga al sistema de salud pública a proporcionar servicios físicos y psicológicos para sobrevivientes de violencia sexual.


BOLSONARO ES un admitido “homofóbico, y muy orgulloso de ello”. Dijo que preferiría que sus hijos muertos antes que homosexuales, y que golpearía a los homosexuales que viera besándose en público, y se opone al derecho al matrimonio del mismo sexo. Además, se comprometió a eliminar cualquier referencia a las personas LGBTQ+, el feminismo y la violencia contra las mujeres de los libros de texto y exámenes escolares.

Su designada Ministra de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves, proclamó que el Brasil de Bolsonaro es uno en el que “los niños se visten de azul y las niñas se visten de rosa”, y firmó una medida que elimina la mención de las personas LGBTQ+ de las pautas de protección de derechos humanos de los documentos de su ministerio.

A Bolsonaro no le importa el ambiente, ni las consecuencias de destruirlo. Se comprometió a no “permitir que los programas de conservación interfieran con la agroindustria” y otorgó a la industria el poder de supervisar la demarcación y el uso de la tierra, dando luz verde a la destrucción del Amazonas y las tierras indígenas.

Por último, pero no menos importante, Bolsonaro es un dictador en incubadora. Él no sólo ha elogiado a líderes autoritarios y violadores de los derechos humanos como Augusto Pinochet y Alberto Fujimori, sino además a uno de los torturadores más notorios de Brasil, Carlos Alberto Brilhante Ustra, quien fue jefe de la agencia de inteligencia y represión del país durante la dictadura militar de Brasil.

Bolsonaro incluso dedicó su voto de destitución contra Dilma Rousseff a Ustra, especialmente atroz, considerando que Rousseff fue arrestada, encarcelada y torturada durante la dictadura. Él ya llenó su gobierno de militares y afirmó que el mayor defecto de la dictadura militar de Brasil fue que no mató a suficientes personas.

Por estás y muchas otras razones, esperamos que todos los que apoyan la democracia y al pueblo brasileño se unan a nosotros en coordinar un día de protesta frente a la Embajada de Brasil en Washington, DC, y sus consulados en todo Estados Unidos y América Latina el día de la visita de Bolsonaro.

Traducido por Orlando Sepúlveda

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