Un movimiento socialista

Bernie Sanders ha devuelto las ideas socialistas a la luz pública, pero necesitan ser puestas en el núcleo del movimiento a construir. Elizabeth Schulte explica cómo.

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EL MENSAJE izquierdista del precandidato socialdemócrata Bernie Sanders, centrado en denunciar la rapacidad corporativa y la creciente, abismal desigualdad ha entusiasmado a una gran parte del pueblo estadounidense, que de otra manera no se habría involucrado tan apasionadamente en la típicamente aburrida contienda electoral entre demócratas y republicanos.

La campaña de Sanders claramente revela un gran número de gente moviéndose hacia la izquierda. De acuerdo a una encuesta realizada el pasado noviembre por CBS y el New York Times, un 56 por cierto de los consultados ve el socialismo positivamente como filosofía política, mientras que menos de un tercio, 29 por ciento mantiene ideas negativas al respecto.

Incluso el establecimiento mediático atribuye a Sanders el creciente interés de la población en el proceso electoral, admitiendo que aquello tradicionalmente ofrecido por las elecciones estadounidenses a la gente común es ajeno a sus aspiraciones políticas.

Pero a pesar de que los grandes medios parecen pensar que nunca habíamos escuchado éstas críticas al sistema corporativo, ha habido muchas señales del cansancio de la gente con la política de siempre.

En los meses en que el movimiento Ocupa Wall Street, que tomó el Parque Zuccotti en pleno centro financiero de Nueva York en septiembre del 2011, y que rápidamente se extendiéndo en forma de protestas y ocupaciones alrededor del país, una encuesta mostró que un 59 por ciento de los consultados daba su apoyo total o parcial a las protestas, mientras que sólo una minoría de 31 por ciento estaba en desacuerdo con el movimiento.

Es de gran importancia que 3 de cada 5 de nosotros, según esta encuesta, apoyó un movimiento que desafió el enorme poder y la insaciable avaricia del 1 Por Ciento, y su control y corrupción del sistema político, basándose en un llamado al alzamiento del 99 Por Ciento por un mundo mejor.

Otra señal de la ardiente rabia contra el descenso en los estándares de vida de la clase trabajadora, y el empobrecimiento generalizado, fue una encuesta realizada dos meses antes del paro laboral de un día realizado por el Sindicato de Maestros de Chicago. Según esta, Los chicagüenses confían en las propuestas del sindicato en cuestión de educación triplican a quienes apoyaban los dañinos recortes presupuestarios de la administración de Rahm Emanuel.

Así que la crítica hacia el extenso poder corporativo y el sistema bipartidista no la inventó Sanders, sino que fue desarrollada por cientos de miles de personas en las calles. El senador ha contribuido a darle una nueva expresión en el lugar más inesperado: las elecciones presidenciales estadounidenses.

Habiendo fallado Sanders, hacia el final las primarias demócratas, en derrotar a Hillary Clinton, nos toca abrir una nueva discusión sobre cómo construir un movimiento socialista independiente en EE.UU., que pueda crecer y fortalecerse tras las elecciones de noviembre.

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SANDERS REGULARMENTE habla sobre la importancia de la participación de las masas en su campaña. Por ejemplo, él recaudó un increíble monto de dinero, especialmente en pequeñas donaciones, no porque pudieran prescindir de su dinero fácilmente, sino por su sincera creencia en los principios del programa de su campaña.

En contraste, Hillary Clinton infló una campaña vacía con los millonarios avances que le tendieron los intereses corporativos de la minoría multi-millonaria. Son los votos y las opiniones de este grupo los que de verdad le interesan a Clinton y al Partido Demócrata, opacando con sus gigantescas contribuciones financieras y exigencias políticas las voluntades de decenas de millones de gente llana.

Campañas como las de Clinton ni necesitan ni quieren la participación popular. En sus ojos, no son más que cifras, votos cautivos, que no tomarían en consideración excepto para escribir discursos electorales.

Hasta para los políticos más liberales y progresistas, la idea de "democracia" no sobrepasa de pasivos electores votando por ellos, para que una vez electos puedan trabajar en lo que ellos consideran el mejor interes de la gente. Sin embargo, esta visión excluye la participación activa de las vastas mayorías en el trabajo gubernamental, que debe ser terreno de "oficiales" y "expertos".

El socialista estadounidense Eugene Debs, héroe de Bernie Sanders e inspirador de miles de otros, pensaba de forma distinta. Para Debs, que compitió cinco veces como candidato presidencial del Partido Socialista a principios del siglo 20, era preciso forjar una nueva democracia para eliminar la absurda distinción entre trabajadores y oficiales electos, y la exclusión de los primeros de la esfera política. En un discurso en 1905, dijo:

Ya demasiado tiempo han esperado los trabajadores del mundo por algún Moisés que los pueda sacar de su cautiverio. Este Moisés nunca ha venido, y nunca llegará. Ni aunque pudiera, yo no intentaría sacaros, porque si alguien os pudiera liderar a la libertad, otro os traería de vuelta a la esclavitud.

Los trabajadores debían guiarse por y entre sí mismos, argumentaba Debs, en las luchas diarias contra las fuerzas dominantes y no solamente en épocas electorales cada dos, cuatro o seis años:

Mi trabajo es convenceros de que no hay nada de que no podáis hacer por vosotros mismos. No necesitáis del capitalista, pero este no existiría ni un instante sin vosotros. Si él, vos comenzáis a vivir. Hacéis todo, y él tiene todo, e incluso algunos entre vos llegáis a convenceros de que sin él, ni trabajo tendríais. De hecho, él ni siquiera os da empleo: vosotros le empleáis para que os quite lo que producís, y él es bastante fiel a su trabajo. Si lo aguantáis, también él puede, y si vosotros no cambiáis esta relación, estoy seguro de que él tampoco lo hará. Vosotros fabricáis los automóviles en los que él transita. Si no fuera por vosotros, él tendría que caminar; y si no fuera por él, vosotros condujeras.

La meta final para quienes creen en la visión de Debs, de un socialismo-desde-abajo, o lo que Carlos Marx llamó "la auto-emancipación de la clase trabajadora", es el poder de los trabajadores, manejando conscientemente todos los aspectos de la sociedad, tanto políticos como económicos.

Debs veía las campañas electorales no como simples oportunidades para que individuos ganen contiendas y luego pasen leyes según los intereses de sus constituyentes, según la visión liberal, sino como una oportunidad para difundir ideas socialistas y tratar de convencer los trabajadores de que tienen el poder y la habilidad de tomar control sobre la sociedad que han construido.

Esta visión del socialismo va mucho más allá de la boleta electoral y de los ardientes discursos. Se basa en las peleas de cada día que fortalecen la lucha a los trabajadores, dándoles confianza para actuar hasta nuestra meta de crear un mundo nuevo. Esta perspectiva ve un movimiento al socialismo en las luchas cotidianas en nuestros sitios de trabajo, escuelas, vecindarios, y doquiera que retos el sistema actual.

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CONSTRUIR TAL movimiento comienza con un entendimiento sobre la fuente de todo cambio en la sociedad. Contrariamente a la visión de la historia que nos enseñan en la escuela, donde lo que importa son los nombres de las 'figuras históricas" y las fechas en las que dijeron o hicieron algo importante; los cambios sociales ocurren en una manera mucho más dinámica y concreta.

Las más importantes reformas, que normalmente sólo asociamos con una persona o una fecha, son normalmente el producto de años de luchas, involucrando a cientos y miles de personas, cuyo rol colectivo y anónimo es muchísimo más importante que el de los individuos nombrados en los libros de historia.

Incluso en casos donde históricas victorias son atribuidas a la clase trabajadora, la ortodoxia histórica que reduce las experiencias y las luchas que las lanzaron a esa prominencia.

Rosa Parks es usualmente descrita como alguien que simplemente estaba "demasiado cansada" para ceder su asiento a un hombre blanco e ir a la parte de atrás de su autobús, dando comienzo al boicot de los autobuses de la segregada ciudad de Montgomery, Alabama. Incluso cuando se recuerda su historia previa como organizadora por derechos civiles en el Sur bajo la Segregación de Jim Crow, las luchas que formaron e inspiraron sus ideas y activismo son olvidadas.

En vez, la historia convencional es sobre "grandes líderes" levantados como gigantes por sobre el resto de nosotros. Franklin Delano Roosevelt se lleva el crédito por el Nuevo Trato y por salvar la clase obrera estadounidense de la Gran Depresión con sus programas de bienestar y desarrollo social en los años 30. Sanders mismo se identifica con esta visión de reforma social, llevada a cabo desde arriba para beneficiar a las masas de gente abajo.

Lo que no se dice en esta narrativa es que quienes de verdad merecen el crédito por el Nuevo Trato la clase trabajadora estadounidense, que con huelgas, piquetes, protestas y tomas de fábrica durante los años 30 forzaron a la clase dominante y los poderes políticos, con Roosevelt a su cabeza, a reconocer las demandas de los trabajadores empobrecidos por una crisis que no causaron.

Históricas huelgas, como las de Minneapolis, Toledo y San Francisco en 1934, obligaron a muchas compañías a recular en sus abusos contra sus trabajadores. Pero también crearon un clima de revueltas obreras que últimamente ni los más poderosos en EE.UU. pudieron ignorar. Es por ello que Roosevelt decidió a firmar el Acta Wagner, que obligó a las corporaciones a reconocer a los sindicatos y a negociar con ellos, estableció el Seguro Social, y muchas otras medidas y políticas que asociamos con el Nuevo Trato.

Lejos de satisfacer a los trabajadores, estas victorias y reformas les dieron confianza para luchar por más. Entre 1936 y 1937, la administración Roosevelt intentó frenar un paro laboral de los trabajadores de General Motors en Flint, Michigan, pero los huelguistas se rehusaron a desmovilizarse y organizaron una toma de fábrica. Cuando la ocupación comenzó a extenderse a otras plantas de GM, y más allá de la empresa, el pueblo obrero de EEUU experimentó en carne viva cómo se siente organizarse por sí mismos y tomar el poder en sus propios sitios de trabajo.

El historiador Jeremy Brecher describe en su libro Strike! cómo lucían las fábricas tomadas:

El principal cuerpo para la toma de decisiones era una asamblea diaria de todos los huelguistas en la planta. "La vida entera del plantón se revisaba en pleno aquí, y la mayoría de las ideas y decisiones surgían en la asamblea misma," reportó Henry Kraus. El principal ente administrativo era un comité de 17 que reportaba ante la asamblea; los documentos que se preservaron indican que casi todas sus decisiones se tomaron de acuerdo a la reunión general de los huelguistas.

Grupos sociales de 15, normalmente obreros que trabajaban juntos en la planta, se asentaron como en casa, viviendo juntos en estilo familiar en sus respectivas esquinas de la fábrica, casi siempre con cercana camaradería. Cada grupo tenía su delegado, y los delegados se reunían entre ellos cada tanto tiempo.

El trabajo actual de la huelga era realizado por comités de trabajo en áreas de alimentación, recreación, información, educación, servicios postales, sanidad, quejas, aclaración de rumores, coordinación con el mundo exterior, y asuntos relacionados. Cada trabajador servía en al menos un comité, y debía seis horas diarias de trabajo por la huelga. Los huelguistas nombraron representantes para reclutar sindicalistas, coordinar apoyo y crear un "cuerpo exterior de defensa".

Las mujeres organizaron una Brigada Femenina de Emergencia de 350 miembros, y se organizaron en líneas militares para resistir ataques policiales. "Formaremos filas alrededor de los hombres, y si la policía quiere disparar, tendrán que abrir fuego contra nosotras," anunciaba una líder. "Una nueva mujer nació en la huelga," decía una de ellas. "Mujeres que sólo ayer estaban aterrorizadas del sindicalismo, que se sentían inferiores a los deberes de organizar, hablar en público, liderar, se han convertido de la noche a la mañana en la punta de lanza de la lucha sindical.

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PARTE DEL trabajo de los socialistas es ser la memoria de esta historia de lucha y poder obreros, incluso cuando hay pocos ejemplos contemporáneos de los que extraer lecciones. Los socialistas hacemos esto no porque vivamos en un mundo de fantasía, sino porque sabemos que la historia está llena de erupciones de luchas obreras, y que estas contienen lecciones que pueden educarnos en las luchas por venir.

La gente de trabajo recibe poco crédito por los grandes cambios que logran cuando se organizan en lucha.

Tampoco lo reciben los socialistas que asistieron en estas luchas, como los choferes que organizaron en Minneapolis en 1934 una revuelta contra su compañía, aprendiendo y enseñando teoría marxista y ganándose la confianza de sus compañeros de trabajo. O los comunistas que organizaron la lucha para liberar a los Muchachos de Scottsboro, acusados falsamente de violación, poniendo en la palestra pública el sistema de segregación en el Sur y el racismo en el Norte de los EE.UU.

También hay ejemplos de poder obrero a niveles incluso más altos, como cuando las masas toman el poder del viejo orden y comienzan a manejar la sociedad por sí mismos. El más famoso ejemplo entre ellos es el de la Revolución Rusa de 1917, pero incluso en Estados Unidos tenemos la toma de la ciudad de Seattle en 1919 por miles de trabajadores inspirados por los eventos de Petrogrado.

Sanders es el centro de atención como un socialista estadounidense, y ciertamente lo merece, por dejar entrar aire fresco al podrido y agotado sistema político norteamericano. Pero ni siquiera él ha hecho mucho por realzar la historia de las luchas de la clase trabajadora y los socialistas.

Nos toca a quienes estamos interesados en construir una organización socialista desde abajo, comprometida con la transformación del mundo, llevar esa tradición a nuevas audiencias y nuevas generaciones de trabajadores.

Los socialistas debemos comprometernos a construir una organización que pueda ser la memoria viva de luchas pasadas, que pueda traer métodos de análisis y teoría marxista para mejor entender el sistema en el que vivimos, y que tome parte activa en las luchas diarias contra las injusticias del capitalismo, pensando cómo avanzarlas y conectarlas entre sí.

Con cada batalla, los socialistas aprendemos sobre la próxima demanda, el próximo argumento y los pasos a seguir.

Esta historia es el pan de cada día en nuestra labor como constructores de un nuevo movimiento.

Traducido por Alejandro Q