Aciertos y fallas de un rebelde

Mike González extrae importantes lecciones del libro La Política del Che Guevara, recientemente publicado por el historiador cubano-estadounidense, Samuel Farber.

Che Guevara in 1959 (Museo Che Guevara)

ERNESTO CHE Guevara ha simbolizado un tipo de heroísmo altruista para dos generaciones de activistas. Su relativa juventud al momento de su muerte ayudó a conservar su aire de rebeldía y la imagen de un hombre interesado únicamente en la lucha, nunca en el poder.

Pero Samuel Farber, aun reconociendo estas cualidades, temprano en su nuevo libro, La Política del Che Guevara, lo describe como "irremediablemente no-democrático". Esta contradicción es crítica y central para el proyecto revolucionario del Che, según el análisis de Farber.

El punto de partida de Farber es un entendimiento del socialismo como la auto-emancipación de las clases trabajadoras, con un énfasis en el auto. En otras palabras, la revolución es, Marx afirma en sus Tesis Sobre Feuerbach, la "coincidencia de los cambios del sujeto y los cambios en las circunstancias". Es en el actuar colectivo sobre el mundo que la mayoría reconoce su propio poder y se transforma en sujeto de la historia, más que un simple objeto. Es esta una idea central del marxismo.

Pero el pensamiento político y la actuación práctica del Che Guevara estaban basados en una idea distinta: los revolucionarios son quienes hacen la revolución. Y la hacen independientemente de las circunstancias en las que operan, porque la clave yace en su voluntad vanguardista.

Esta visión voluntarista no es sólo errónea, también es ajena a la tradición revolucionaria a la que Farber y yo pertenecemos. La sustitución de los líderes por sobre el movimiento de masas apunta a un futuro muy distinto, prefigurado en el método de las guerrillas.

Farber explica que una de las inspiraciones del Che era la novela utópica del autor británico del siglo XIX, Edward Bellamy, Mirando Atrás. En la visión de Bellamy, el Estado futuro se modela a un ejército.

Farber nos recuerda que las revoluciones no conllevan automáticamente ni a dictaduras ni a democracias; sus desenlaces dependen, entre otros factores, de las "políticas directrices" de los movimientos que las empujan. En el caso de Cuba, tras 1959, el Estado fue formado como un sistema de órdenes, en una pirámide de mandatos entregados desde arriba, a aceptar sin preguntas, en el que la democracia aparecía como un factor de riesgo para la autoridad del liderazgo.

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PARECE CURIOSO que alguien con el trasfondo del Che Guevara llegase no solamente a aceptar, sino a defender vigorosamente un proyecto con tales cualidades estalinistas, rechazando el derecho a la huelga y a la organización independiente de los trabajadores como meros obstáculos en el camino a la revolución, y despreciando a los "falsos profetas de la democracia de masas".

Nacido en Argentina en una familia de izquierdas, influenciada por el particularmente estalinista Partido Comunista de Argentina, Guevara creció como un bohemio radical, con un estilo de vida rebelde basado en el desprecio a los hábitos burgueses, desde la higiene personal hasta el consumo ostentoso. Su protesta contra esa cultura tomó la forma de un ascetismo puritano.

Su pensamiento político se desarrollaría luego, aunque desde temprano era un anti-imperialista visceral. Para el momento en el que llega a México, en donde conoce a los rebeldes cubanos por primera vez, ya había comenzado a sumergirse en el estudio del marxismo. Pero era un marxismo abstracto, sin vínculos a ningún activismo político.

Los miembros del Movimiento 26 de Julio con los que Che desembarca en Cuba en diciembre de 1956, para lanzar la campaña guerrillera, eran, como Farber los describe, "desclasados", rebeldes políticos de clase media con pocas raíces en movimientos de masas. Guevara compartía esa dislocación.

Con la victoria de la revolución en enero de 1959, Che se une a los hermanos Castro en el liderazgo. Puede parecer sorprendente que él llegara a ser, junto con Raúl Castro, el arquitecto del nuevo Estado, aunque fueron las habilidades políticas de Fidel las que los llevaron en el tope de la pirámide.

No fue una búsqueda del poder personal lo que hizo del Che un manifestante incondicional del Estado de partido único, a diferencia de Fidel, quien lo tenía como su impulso conductor. Pero se reflejaba en una admiración por el Estado estalinista en sus manifestaciones más sectarias y anti-democráticas: el Estado como la vanguardia exclusiva.

En este modelo se basaron las importantes y críticas intervenciones de Guevara en la economía cubana en los primeros años post-revolucionarios, basadas en una industrialización acelerada, pero que no tomaba en cuenta las realidades económicas del país. Para 1962, el Che admitía que tan erradas estas políticas económicas eran, pero ya era demasiado tarde para echar vuelta atrás.

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LO QUE este "voluntarismo económico", como Farber lo llama, ilustró de Guevara no fue solamente su dedicación resuelta a la creación de un Estado comunista según líneas estalinistas, pero también un factor central en su pensamiento político, su "sordera política", o su "esquematismo".

Esta "sordera" ya estaba implícita en su manual sobre La Guerra de Guerillas de 1960, y se define especialmente en sus actividades en Congo y Bolivia. Para Guevara, la estrategia política no debe ser afectada por las circunstancias específicas en las que se desenvuelve.

Por lo que, en Bolivia, un país con una extraordinaria tradición de militancia obrera, en medio de una amarga ola de huelgas al momento de su llegada en 1966, Guevara insiste en crear una fuerza guerrillera rural sin prestarle atención al movimiento laboral, excepto para alentarlos a unirse a su ejército, lo que sólo un puñado hizo. Un año más tarde, Che, junto a la mayoría de sus camaradas, estarían muertos.

En Congo, Che atribuye la derrota del movimiento a la falta de un liderazgo vanguardista. Y en sus discusiones con el agrónomo francés René Dumont sobre el derecho a la huelga, Guevara rechaza con rabia el argumento de Dumont sobre este derecho como esencial a la democracia socialista, así como lo hace en su famoso ensayo Socialismo y el Hombre en Cuba, insistiendo en que "un partido de masas sólo es posible cuando las masas hayan alcanzado conciencia de vanguardia".

Para mediados de los años 1960's, Che se vuelve más y más crítico del vuelco de la economía soviética hacia el capitalismo, pero en ningún momento llega a criticar el Estado burocrático. ¿Cómo podría hacerlo, si él mismo fue el arquitecto del Estado burocrático de partido único en Cuba?

Lo más impresionante del libro de Farber es la manera como entreteje un análisis crítico de la política de Guevara con argumentos sobre el significado del socialismo, que es, a su modo de ver, una democracia radical y profunda.

Este Estado que Che ayudó a forjar junto a Raúl Castro se mantiene en pie en Cuba hasta el sol de hoy, supervisando la restauración de una economía capitalista. La falta de resistencia a sus inevitables efectos son el producto de un régimen de un solo partido que niega la diversidad de las políticas de la clase trabajadora e impone un sistema en el que la mayoría no tiene derecho a actuar, criticar o generar proyectos socialistas alternativos.

¿Estaría contento Guevara con este resultado, y la corrupción y manipulación del poder que ha producido? Su rol en la creación de este sistema sugiere que sí, aunque probablemente con críticas y dudas. Además de que hubiera despreciado el anhelo de las mayorías por mejores vidas en términos materiales como síntoma de una inaceptable infiltración de valores capitalistas.

¿Qué hacer con este ícono revolucionario, imperfecto y errado? Podemos comenzar reconociendo sus altos estándares morales, su internacionalismo resuelto, y su pasión por la justicia y la equidad como cualidades a celebrar. Pero el Estado de partido único que tanto favoreció, y la represión de la democracia consignaron a los sujetos de la revolución a una posición en la que la auto-emancipación se vuelve imposible, ya que la auto-proclamada vanguardia usurpa su rol, primero en nombre de la revolución, pero luego, en ausencia de posibilidades de control desde abajo, en su propio nombre e interés.

En este artículo fue publicado originalmente en el sitio web británico RS21.org (Socialismo Revolucionario en el Siglo 21). Traducido por Alejandro C.