De pie contra el huracán de privatizaciones

September 5, 2018

La maestra neoyorquina Monique Dols describe la lucha por la defensa de la educación pública liderada por la militante Federación de Maestros de Puerto Rico.

EL PRIMER día del año escolar en Puerto Rico, a mediados de agosto, fue un desastroso caos, gracias al cruel asalto del gobierno a la educación pública. Más de 250 escuelas públicas, muchas en condiciones óptimas y con matrícula completa, fueron cerradas a pesar de las objeciones de las comunidades afectadas.

Dos días más tarde, los maestros le dieron un tono diferente, con un día de huelga para salvar sus escuelas.

A once meses del paso del huracán María, las evidencias de cómo un sistema con prioridades revertidas hace un desastre natural aún peor yacen por doquier. La condición de la educación pública es un ejemplo especialmente claro.

Durante las semanas previas a la apertura de las escuelas, el 13 de agosto, los tribunales tuvieron la oportunidad de decidir a favor de los niños puertorriqueños y contra el capitalismo del desastre, pero fallaron en hacerlo, una y otra vez.

Students and teachers march against school closures in Puerto Rico

Con la huelga, los maestros, apoyados por los estudiantes, los apoderados y la comunidad, intentaron hacer lo que el gobierno y los intereses corporativos se niegan.


LA SITUACIÓN es desgarradora. Escuelas en pleno funcionamiento, con facilidades intactas y personal escolar capacitado y afectuoso, fueron cerradas, y sus estudiantes fueron reasignados a escuelas que, por causas ajenas a su voluntad, simplemente no tienen el espacio, la capacidad, los suministros y las herramientas necesarias para educarlos.

En Mayagüez, la escuela Manuel A. Barreto, abrió sus puertas con una parte del edificio aún sin techo, escombros y basura en los pasillos, las aulas sin sillas, y los maestros sin materiales de enseñanza. Esta escuela recibió estudiantes de tres escuelas cerradas, todas en condiciones óptimas y con personal docente calificado.

En muchos lugares, el año escolar no comenzó del todo. En otros, el Departamento de Educación ha planeado media jornada de instrucción para acomodar al gran número de estudiantes en dos turnos.

En lugares donde las clases pudieron comenzar, los alumnos de las ahora superpobladas escuelas receptoras tratan de aprenden hacinados, a menudo con diferentes grados compartiendo un a sala, o al aire libre, en medio de un calor abrasador. Los niños de una clase de cuarto grado, en Aguadilla, fueron apilados en una pequeña palapa para su primer día de clases.

A pesar del hacinamiento, unos 2.700 maestros quedaron sin posición al comenzar el año escolar. Cientos de maestros reasignados no tenían espacio en que trabajar con los niños.

La semana previa a la apertura de las escuelas, miles de maestros sin titularidad fueron humillados, forzados a esperar horas bajo el calor para someterse a una prueba de detección de drogas. Esencialmente, un docente sin titularidad, sin importar el nivel de experiencia que tenga, debe ser recontratado cada año. Muchos todavía no han sido asignados, a pesar de los puestos vacantes en cientos de escuelas.


EL DEPARTAMENTO de Educación fue sometido a un intenso escrutinio después de anunciar la compra de vagones de FEMA para usarlos como aulas temporales.

Según un documento obtenido por la Federación de Maestros de Puerto Rico, cada vagón le cuesta al departamento $42.050 y las autoridades anunciaron que necesitarían unos 200 vagones.

La irracionalidad es obvia: Una de las principales razones esgrimidas para el cierre de las escuelas fue la baja matriculación, pero ahora el Departamento de Educación está gastando millones en vagones mientras mantiene escuelas en excelentes condiciones cerradas.

El caos causado por la Secretaria de Educación Julia Keleher y su departamento ha impactado a todos los estudiantes en las escuelas públicas. Pero ha sido particularmente difícil para los estudiantes en programas de educación especial.

Los niños con necesidades especiales han sido abandonados, sin haber sido reasignados a una escuela, o sin transporte escolar si ya fueron reasignados.

Los educadores y los padres de una de las escuelas cuya clausura está programada, la prestigiosa escuela Lorencita Ramírez, están furiosos por el hecho de que los estudiantes en programas especiales no tienen la ayuda que necesitan en su nueva escuela.

En una entrevista con Radio Isla, Jasmine Berríos, madre de un niño con necesidades especiales que asistió a Lorencita Ramírez, habló sobre el impacto del cierre:

En primer lugar, la escuela Lorencita significó que mi hija aprendió a hablar. Trabajé durante cinco meses para conseguir que mi hija entrara en esa escuela, y ahora quieren cerrarla... No hay manera de que pudiera haber imaginado que cerrarían esta excelente escuela, y que yo estaría en esta lucha. Pero cuando algo va mal, y afecta a tu hijo...Bueno, aquí estoy, en la lucha.


TODO ESTO es parte del odiado plan de la Secretaria de Educación Keleher para desmantelar la educación pública en Puerto Rico.

El día antes de comenzar el año escolar, Keleher apareció en una conferencia de prensa con el Gobernador Ricardo Rosselló mientras anunciaba la primera escuela chárter de la isla, conocida como Alliance School (las escuelas chárteres en Puerto Rico están siendo promovidas como una “alianza” entre el sector público y el privado).

A diferencia de EE. UU., donde ya forman parte del panorama educativo, las escuelas chárteres habían sido mantenidas a raya en la isla, gracias a las huelgas docentes contra la privatización.

Sin embargo, en este momento, el gobierno de Puerto Rico y la dictatorial Junta de Control Fiscal, establecida por la administración demócrata de Barack Obama para administrar las finanzas de la isla, están utilizando la destrucción producida por el huracán María para impulsar la difusión de las escuelas chárteres.

En una entrevista con CBS a finales de julio, Keleher reiteró su posición de que el desastre del huracán abría una “oportunidad” para romper el sistema de escuelas públicas en la isla. Hablando de los más de 500 millones de dólares en fondos para avanzar el plan privatizador, Keleher dijo:

Nadie quería la tormenta. Pero no voy a desaprovechar la oportunidad...que tengo para redirigir estas cosas que nunca habrían estado disponibles para Puerto Rico. Sin la tormenta, me habrían faltado $300 millones. No sería capaz de hacer las cosas que voy a hacer por los maestros y por los niños.

Pero si ahora hay millones para el Departamento de Educación que antes no estaban disponibles, cabe preguntar por qué cientos de escuelas han sido cerradas y miles de maestros expulsados de su profesión.

Una de las respuestas favoritas de Keleher es que 42.000 niños y niñas han abandonado la isla con sus familias, dejando cientos de escuelas con baja matrícula.

El éxodo de familias con hijos podría haberse evitado si más recursos hubieran sido dedicados para los servicios públicos, como la educación, la electricidad y los servicios médicos, durante las semanas y meses después del huracán María. Las familias no se fueron porque quisieron, sino porque sintieron que no tenían otra opción.

Pero la realidad es que Keleher está cerrando escuelas que son pilares de sus comunidades, y muchas de ellas en absoluto no tenían bajas matrículas.


ESO FUE lo que vi cuando visité la escuela primaria Luis Muñoz Rivera, en Dorado, que cerró este año a pesar de tener una matrícula de casi 229 niños, y esperaba al menos 250 para el año escolar 2018-19. La proporción de alumnos por maestro era de aproximadamente 12 a 1, ideal para una escuela con un alto número de niños con necesidades especiales.

El campus Muñoz Rivera está en excelente estado. El huracán María causó pocos daños y, ubicado a menos de media milla del océano Atlántico, fue certificado como preparado para tsunamis.

Muñoz Rivera no apareció en la lista inicial de escuelas que Keleher había programado cerrar, cuando ésta fue publicada en la primavera. Pero los maestros dicen que después de una visita de aproximadamente cuatro minutos, un domingo, acompañada con el alcalde de Dorado, Keleher la cambió por la otra escuela en Dorado que estaba a punto de cerrar.

En su visita, dicen los maestros, Keleher nunca habló con ningún educador o familiar de los estudiantes y ni siquiera puso un pie dentro del campus. Se bajó de su VUD negra con vidrios polarizados para echar un vistazo a la escuela desde la reja, y rápido se fue.

Luego, el 22 de junio, después de que el año escolar finalizara, un representante del Departamento de Educación vino a Muñoz Rivera para decirle al director que no abriría sus puertas en septiembre. No hubo anuncio formal, ni audiencia, ni proceso. Hasta el día de hoy, la comunidad de Dorado no ha recibido ninguna explicación por el cierre de su querida escuela, y ninguna de sus muchas cartas o peticiones ha recibido respuesta.

Sin otro recurso, el 28 de junio, los padres comenzaron a ocupar el campus Muñoz Rivera. En una entrevista con Wapa TV, la trabajadora social de la escuela Priscilla Hernández, con lágrimas en los ojos, resumió los sentimientos de su comunidad:

Estamos cansados del abuso. Nuestros corazones están rotos. No por nosotros, sino por nuestros hijos. Vienen aquí [al campamento de ocupación], y sufren, porque quieren que su escuela reabra. Ni siquiera han tenido vacaciones porque han estado aquí en la lucha con nosotros.

Mientras tanto, su cuerpo docente fue reasignado a escuelas remotas en la isla. A una maestra de kindergarten, Juanita Maymi, que enseñó durante 29 años en la misma aula en Dorado, le ofrecieron, en primera instancia, una posición a dos horas de su casa.


EL IMPACTO del cierre de la escuela Muñoz Rivera se siente profundamente en Dorado.

Una maestra me relató de un estudiante con severa ansiedad y tendencias depresivas que había venido al campamento. Abrazaba a sus maestras y no quería dejar de aferrarse a ellas. Después, la maestra me dijo que el estudiante había estado perdiendo su pelo y el sueño por la posibilidad de tener que ir a otra escuela. Otro estudiante estaba vomitando por el estrés del cierre.

Madre tras madre y maestro tras maestro me decían lo mismo en el campamento, sintetizado así por uno de ellos:

No somos objetos. No somos muebles que se puedan mover de un lugar a otro. No somos cajas para ser consolidadas. Somos seres humanos que no pueden ser desarraigados sin consecuencias. Nuestros niños ya han sido traumatizados por el huracán, y ahora la Secretaria Keleher los está traumatizando otra vez.

Hablando en el campamento frente a la escuela, el 1° de agosto, Johanna Morales, una maestra de educación especial, dijo:

Estamos aquí hoy para exigir que la Secretaría de Educación reabra nuestra escuela. Esta escuela es única. Todos los educadores de esta escuela tratan a los niños con cuidado y amor, y los tratan como familia. Los padres dejan a sus hijos en esta escuela con la mente tranquila porque saben que amamos a sus hijos como si fueran nuestros.

Al día siguiente, sin haber recibido una respuesta acerca del cierre de su escuela, un grupo de madres llegó a la oficina de Keleher para intentar hablar con ella en persona. En lugar de hablar con las familias y los niños que salieron en el calor de agosto, la Secretaria de Educación apenas les echó un vistazo mientras entraba a su oficina con aire acondicionado, protegida por guardias.

Mientras Keleher se ocupaba de sus asuntos, la comunidad de Luis Muñoz Rivera hacía piquetes afuera, coreando eslóganes de resistencia y desafío.

En la semana previa al primer día de clases, los maestros, padres y alumnos de Luis Muñoz Rivera ganaron una victoria parcial.

En lugar de tener el personal docente repartido a través del país, todo el personal fue reasignado a la escuela que recibieron a sus estudiantes. Aunque ellos continúan luchando por la completa recuperación de su escuela, esta pequeña victoria es importante por su habilidad de apoyar a los estudiantes y mantener intacta la columna vertebral de la escuela.


COMO MUESTRA la experiencia de la escuela Luis Muñoz Rivera, las comunidades educativas de Puerto Rico no están aceptando esta nueva ola de asaltos sin resistencia.

La Federación de Maestros de Puerto Rico (FMPR) convocó a una huelga de un día el 15 de agosto, y está trabajando en coalición con otras fuerzas que quieren detener los ataques frontales a la educación pública.

Desde que María golpeó a Puerto Rico, y de hecho durante años antes, la FMPR ha estado involucrada en una lucha tras otra para detener los cierres y han convertido las escuelas en un sitio de resistencia contra los privatizadores. En los días posteriores al huracán, el sindicato ya estaba en contacto con educadores en Nueva Orleans para saber cómo los capitalistas del desastre explotarían la tragedia en Puerto Rico.

La mejor financiada Asociación de Maestros, que es la afiliada local de la Federación Americana de Maestros (AFT), ha hecho muy poco por oponerse a la privatización del sistema de escuelas públicas. Esto no sorprenderá a los maestros estadounidenses que han visto a la AFT sentarse a la mesa con los privatizadores de la educación durante años, con desastrosos resultados en las condiciones de trabajo y las escuelas en ruinas.

Ahora, en Puerto Rico, el esfuerzo privatizador está en plena marcha con el anuncio de la primera escuela chárter en el aburguesado barrio universitario de Río Piedras, San Juan.

Cuando los maestros se declararon en huelga, los medios de comunicación los culparon por interrumpir la educación de los niños. Pero no hay nada que los maestros de Puerto Rico puedan hacer que sea más perturbador para los estudiantes que lo que la Secretaria de Educación y su jefe, el Gobernador Roselló, ya han hecho y seguirán haciendo.

La huelga docente, y el apoyo de sus comunidades, es por la dignidad y el respeto, y para que la educación siga siendo pública en Puerto Rico. Los maestros exigen que los más de $500 millones en dólares federales prometidos para la educación en Puerto Rico sean usados para construir las escuelas que los niños merecen, no para sobrecargar los salarios de los administradores y pagar por vagones de FEMA.

Además, demandaron que el aumento salarial prometido por Roselló sea adjudicado y el restablecimiento de los maestros no asignados. Exigieron que el departamento respete los derechos de antigüedad de los maestros al hacer las reasignaciones, reducir el cierre de las escuelas y el número de alumnos por clase, con una proporción máxima de 20 alumnos por profesor, y demandaron un alto a la privatización del sistema escolar y la destitución de Julia Keleher como Secretario de Educación.

La huelga de los maestros de Puerto Rico nos enseña una de las lecciones más importantes de la vida: Aunque no sepamos lo que el futuro nos depara, no podemos conformarnos con el presente. Cuando nos levantamos y luchamos, podemos ganar el futuro y las escuelas que merecemos.

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