Año de rebelión

El 2011 será recordado como el año en que la resistencia explotó en un país tras otro.

The year of revolt: clockwise from top right, Egypt, Wisconsin, Occupy Wall Street and Greece

"UNA REBELIÓN global del oprimido contra el opresor, del explotado contra el explotador." Así fue cómo el revolucionario afroamericano Malcolm X caracterizó la escena internacional poco antes de que fuera asesinado en 1965--pero esta descripción es aún más apta hoy.

Del Medio Oriente y África del Norte a Europa, América latina, Asia y EE.UU., una resistencia mundial ha tomado forma. Enfrentados con un mundo arruinado por crisis económicas, sociales, políticas y ambientales, el pueblo obrero y activistas salieron a las calles a demandar justicia, igualdad y a un alto a la guerra.

Durante el día internacional de acción del 15 de octubre del que Ocupa Wall Street tomó parte, hubo demostraciones en casi 1.000 ciudades, en 82 diferentes países--esta es una concreta evidencia de que un nuevo movimiento internacional ha entrado en escena.

El año comenzó con espectaculares revoluciones democráticas que barrieron con los dictadores que regían sobre Túnez y Egipto, y está terminando con el resurgimiento de la lucha en las calles de El Cairo. En el medio, la Primavera Árabe vio emerger luchas revolucionarias en Libia, Yemen, Bahréin y Siria.

Estos abrumadores cambios traen a la mente la observación que el revolucionario ruso Vladimir Lenin hiciera: "hay las décadas en que nada ocurre; y hay semanas en que décadas transcurren".

Confrontados con esta marea revolucionaria, Washington y sus socios europeos no escatimaron recursos para descarrilar la revolución. Dieron luz verde al monarca bahreiní para aplastar la rebelión en su contra, y ayudaron a Alí Abdulá Saleh de Yemen para arreglar un cambio cosmético.

Estados Unidos ha mostrado sus "simpatías" con el movimiento democrático en África del Norte liderando la intervención militar para sacar al dictador Muammar Gadafi de Libia, y más recientemente en el Medio Oriente amenazando al régimen sirio de Bashar al-Assad con sanciones.

Pero cualquier que crea que EE.UU. repentinamente encontró su vena democrática no debe olvidar que inicialmente guardó silencio ante el intento de Gadafi de ahogar la rebelión en sangre, e ignoró la asesina represión de Assad en Siria. Fue sólo la amenaza de una guerra civil lo que lo llevó a revertir curso, e ir a la guerra en Libia--sobornando y forcejeando a la oposición libia para moldearla a su gusto.

Mientras tanto, en Egipto, Estados Unidos apoyó la élite militar que fue la espina dorsal del régimen de Hosni Mubarak, en un esfuerzo de limitar la revolución. La estrategia parecía estar trabajando--hasta que más de un millón de personas salió a las calles de Egipto en noviembre, furiosas por la insistencia de los militares de permanecer fuera del control democrático y por el miserable fracaso de sus políticas económicas.

La revolución árabe enfrenta retos reales en cada país donde se desarrolla--incluso donde ha hecho sus más importantes avances--pero permanece viva, a pesar de todos los esfuerzos en su contra por parte del imperialismo occidental y de los tiranos locales.

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LA PRIMAVERA Árabe por si sola habría hecho de este año uno de los más revolucionarios de todos los tiempos, pues hizo tambalear y derrocó dictaduras que parecían imperecederas. Pero el año también vio emerger rebeliones allí donde la "democracia" florece--si merecen ese nombre los sistemas políticos, en Europa y Estados Unidos, en la nómina de las corporaciones.

En Grecia, los trabajadores, en lucha contra más de dos años de austeridad dictada por los banqueros y burócratas, realizaron repetidas protestas y huelgas generales, extrayendo nueva energía de la juventud que acampó en la plaza fuera del parlamento en Atenas. Lo mismo ocurrió por todo el país.

Este movimiento recibió su inspiración de los "indignados" de España--jóvenes que ocuparon las plazas de ciudades, grandes y pequeñas, para protestar por el desempleo y los recortes al gasto social.

A su vez, la juventud española modeló su protesta a la ocupación de la plaza Tahrir en Egipto--una acción que también animó a jóvenes manifestantes en Wisconsin a ocupar el capitolio del estado durante tres semanas, como parte de las masivas protestas obreras contra una ley anti-sindical.

La rebelión juvenil fue también el tema dominante en Gran Bretaña, cuando la violencia racista de la policía gatilló una colosal revuelta callejera en agosto. Luego, el 30 de noviembre, millones de trabajadores británicos del sector público se fueron a la huelga para defender sus pensiones--la mayor acción laboral en ese país en 30 años.

Los jóvenes también estuvieron movilizados en Chile--el país modelo de las políticas económicas neoliberales empujadas por EE.UU. durante las últimas tres décadas. Apenas hace una década Chile emergió de un brutal régimen militar, y ahora vio a cientos de miles de estudiantes sostener durante meses una lucha por una educación democrática y al alcance de todos. La rebelión estudiantil se extendió a Colombia, donde los sindicalistas e izquierdistas son rutinariamente motejados de "terroristas" y asesinados.

Y en EE.UU., la juventud se convirtió en el corazón de Ocupa Wall Street, y de las ocupaciones similares en ciudades por todo el país. Finalmente, a tres años del colapso económico y de una debilucha recuperación, con desempleo de largo plazo, disminución de los salarios y recortes al gasto social, la gente salió a las calles de las ciudades norteamericanas a decir: ¡Basta!

El movimiento sindical, que fue desorientado por el incumplimiento de las promesas electorales de Obama y por la ferocidad de la ofensiva patronal, hizo causa común con el movimiento Ocupa, montando algunas de sus mayores movilizaciones en décadas.

Los entusiastas comentaristas en los medios y los apologistas corporativos despreciaron el movimiento Ocupa por supuestamente carecer de demandas, pero ignoraron un punto obvio: aunque poco articulada en su comienzo, el movimiento se trató de un rechazo al sistema entero. Por eso es qué Ocupa se hizo global--y por eso es que la lucha continuará.

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BAJO LA rebelión global yace una crisis multifacética.

El desplome económico del 2008 puso de relieve la creciente desigualdad y la polarización de clases, incluso en países donde la economía había estado expandiéndose. La crisis social resultante--el desempleo, la pobreza y la austeridad en casi todo el mundo--ha también traído consigo una crisis internacional de legitimidad política.

Mientras los políticos en Europa y EE.UU. han evitado la suerte de sus compinches en el Medio Oriente, la crisis los ha tocado con la caída en picada de sus niveles de aprobación pública y con crisis y caídas gubernamentales en Islandia, Irlanda, Italia, España y Grecia. Y ahora la crisis de la deuda en Europa amenaza al mundo con otra espiral recesiva global que sólo intensificará la crisis política.

La respuesta de la clase dirigente mundial ha sido restringir aún más el ya estrecho espacio político.

Grecia e Italia ahora son regidas por gobiernos tecnócratas que responden a los banqueros y a los burócratas de la Unión Europea más que a sus electorados. Estados Unidos tiene su propia versión de esta tendencia. El estado de Michigan está usando una nueva legislación para instalar gerentes financieros de emergencia en municipalidades con problemas presupuestarios, empujando a la acera a los funcionarios electos, para deshacerse contratos colectivos.

Y en Washington, los políticos intentaron imponer la austeridad tratando de circunvalar la Constitución al autorizar un "súper-comité" para diseñar recortes presupuestarios que no podían ser enmendados.

Y si no te gusta--dicen los de arriba--garrote en las costillas o una ráfaga de gas pimienta a quemarropa. La represión a los campamentos Ocupa a través de EE.UU.--ordenada casi en cada caso por alcaldes Demócratas--ha hecho que esas escenas con policías anti-motines atacando a trabajadores en las calles de El Cairo y de Atenas no parecen tan lejanas.

Cuando todo esto es considerado, la pregunta que viene a la mente no es por qué el 2011 fue un año de rebelión, sino por qué no ocurrió antes. Hay un par de razones que explican esto para en EE.UU.: la izquierda apenas está comenzando a reaparecer después de décadas de retirada y derrota, y los sindicatos representan sólo alrededor del 12 por ciento de los trabajadores. Pero debe ser recordado que al comienzo de la Gran Depresión de los años 30, las luchas fueron aisladas y a menudo derrotadas antes del gran alzamiento laboral de 1936 y 1937.

Lo mismo es verdad hoy. La sacudida está recién siendo asimilada, y la realidad se está sentando: Las corporaciones americanas y del mundo están determinadas a imponer profundas y permanentes rebajas a la calidad de vida de la clase obrera.

Pero en el 2011, dimos una respuesta fuerte y clara: No vamos a aceptarlo--y vamos a resistir.

Traducido por Orlando Sepúlveda